Convidados de Piedra

21 06 2007

Esperaba verla entrar con emoción de madre en casamiento de su única hija mujer, la Nena.
Desde el altar olía a jazmines, no pudo ser otro el perfume es mi preferido y el casamiento en diciembre…y diciembre, siempre huele a jazmines.
Un coro de sopranos hacía honor al Ave María y todos los presentes, engalanados…ataviados con exquisito gusto, fragantes y conmovidos miraban hacia las puertas enormes de madera que permanecían cerradas.
Dos pequeños tomaron sendos picaportes y frente a nosotros, estaba Ella inmóvil…apenas respiraba, la frente alta y la sonrisa temblando en los labios.
Tan hermosa, radiante, nívea como hada de cuento. Su piel fresca y el rostro feliz, fueron el centro de todas las miradas. Nadie miró el vestido, ni el tocado, ni el ramo magnífico. Nadie vio que el padre la llevaba como quien muestra su mejor obra terminada…Las figuras eclipsaron los ojos humedecidos de los que,  envueltos en la misma nube de gracia, apenas llevábamos la mano hacia la cara para secar esa lágrima que rodaba.
Todos coincidieron luego de la ceremonia, que esta niña mía caminó hacia el altar con cientos más de compañía. Se dieron cita elevados Arcángeles del cielo, sin que fueran intencionalmente invitados por los novios (fue la mayor descortesía de la que tengo memoria) Dicen que sólo ellos son capaces de generar ínfimas luciérnagas destellantes, las usan en contadas ocasiones…Lo pude comprobar. Esta que les cuento, fue una de ellas.

Viviana Comerón





La ciudad del gran corazón

21 06 2007

Cruzamos en fila, de a dos.
Los guías controlaban que ninguno de nosotros cayera del puente al vacío. Era peligroso este paso, fue el momento más tenebroso la más dura de las pruebas. Abajo del puente corrían aguas negras, densas e inmóviles como las de un pantano.

No supe hasta más tarde qué extraño fenómeno las hacía tan atrayentes, invitaban a entrar. Algo en mí deseaba introducirse en ellas.
Uno de los Guías se acercó y dijo a mi oído,
“No mires abajo continúa caminando.  Mira hacia adelante.”
Luego una voz repetía “Avancen, no se detengan avancen”. Alertaba tal vez porque muchos de los nuestros ya habían caído, en realidad creo que se arrojaron intencionalmente y al hacerlo, las aguas -¿o era barro?- se agitaban en grandes olas provocando un horrible hedor.
A poco de andar pudimos ver qué había del otro lado del puente.

Una ciudad iluminada se distinguía desde donde yo estaba.

Decenas de torres semejantes la conformaban. Entre ellas, algunas construcciones más bajas separadas por calles angostas la recorrían uniéndola en bloque. Parecía flotar en el espacio…No pude distinguir en qué se apoyaba, no tenía base -¿O es que yo estaba tan cansado que apenas podía ver donde pisaba?-
Frente a la construcción fantástica, casi de cuento oriental,  quedamos detenidos. Dos portones se abrieron para darnos paso. Los Guías se ubicaron a los lados y entramos a la Ciudad.
-¿Dónde estamos? -pregunté a uno de ellos,
-En la Ciudad del Gran Corazón, aquí permanecerán un tiempo más- me dijo y sonrió amablemente. Estoy seguro que vi su sonrisa pero también estoy seguro que no tenía rostro. Entendí que Caronte era cada uno de los Guías.
No vi a Cerbero pero escuché su aullido.
Él quedó afuera vigilante cuidando que ninguno de nosotros intentara salir de allí.

Viviana Comerón





Despertar

21 06 2007

- ¿Dónde vamos cuando soñamos ma?
- Y…de paseo, por otros momentos, a veces vamos a ver cosas que ya vivimos, otras veces recorremos lugares desconocidos, llevamos gente querida, gente nueva, gente que pasó por la calle y creímos no ver pero la memoria la guardó en un rincón y la saca para el sueño…¿por qué preguntás?
- Tuve un sueño.
- ¿Ah si? Contame ¿qué soñaste?
- Con un perro grande, enorme, negro…iba conmigo caminando lento por una calle de piedras que no conozco, ni una persona más que yo y el perro. Era de día pero estaba nublado. Y el perro…
- ¿Estabas contento?
- No, preocupado…
- ¿Cómo es eso?
- Y sí, me sentí como cuando la maestra va a tomar exámen y no sé nada…
- Tenías miedo ent..
- No. Te dije, estaba preocupado, no es igual…el miedo asusta y yo no tenía susto, estaba serio
- ¿Cómo perro en bote?
- ¿Cómo es?
- Y…preocupado por…
- No, eso es ocupado ma, para no caerse el perro va serio.
- Ah, claro…bueno seguí, ¿entonces?
- Entonces, un grito hizo que nos detuviéramos, el perro también…paró de caminar y me miró, se hizo lobo y levantando la cabeza al cielo lanzó un aullido así…ahhhhhhu.
- ¿Te asustaste? Digo por…
- No mamá, ya te dije…no me asusté. Apareció un pozo que no estaba antes, era de ladrillos un…
- ¿Aljibe?
- ¿Qué es eso? Bueno, dejá no me cuentes. El grito venía del aljibe y me asomaba, el perro lobo se paraba en dos patas para mirar también y los dos vimos un chico adentro que levantaba las manos…así para que lo ayudáramos y enton
- ¿Tuviste miedo? No, perdón….¿te preocupaste?
- -No, tuve miedo. El pozo era oscuro pero yo veía que había adentro.
- ¿Y…?
- No sé de dónde, apareció una soga… por eso me gustan los sueños…¿viste ma?
- ¿Y fue cuando te olvidaste del miedo?
- No, tuve más…porque entré a dudar, si bajar yo y sacar al chico o tirarle la soga y que él subiera solo…el perro…
- ¿No era lobo?
- No, ya era perro de nuevo. El perro ladraba y no me dejaba pensar…até la soga a un palo y se la tiré al chico, pero no la alcanzaba, entonces, no sé cómo salté y volé para arriba con el nene en brazos, era chiquito, no pesaba nada, suerte…
- ¡Qué bien! Le salvaste la vida, ¿te das cuenta?
- No, era un sueño ma.
- ¡Venga mi amor, dele un beso a su mamá!…mi héroe.
- No….soltá ma, te dije que era un sueño…basta, basta de besos mami.

Viviana Comerón





Hagamos algo

21 06 2007

Hubo de todos los días, hasta de los insoportables.
Nos quisimos a veces más de lo posible.
Otras, parecía que también queríamos odiarnos.
No resistimos tanta presión…La casa tan antigua como su madre. Mi madre más joven, siempre compitiendo llevándolo todo al borde del conflicto.
Sus malcriados hijos, la ex, el perro, el vecino, las cuentas, mi estudio, su auto, mi auto…la empresa (¿qué empresa? de eso ni hablemos)
Todo sumaba y al final, restaba.
Esa tarde, recuerdo que llovía, que él se iba, y yo estaba lista para dejarlo partir.
Más que enojo era resignación, el final aunque provocado, siempre duele.
Qué fue…tanta gente, el hastío, la rutina, el tiempo, ¿el amor se gasta? ¿se pierde? ¿se olvida? ¿Y si hacemos algo? Pensaba.
Pero yo no hablaba. Él me miraba, sereno.
No imaginé llorar pero, maldición, estaba llorando.
Hagamos algo, dijiste, Que no se pierda.
Desconsiderada la lluvia cayó durante horas.
Nada es casual. Murmuraste mientas me besabas y luego tu mano buscó mi mano para dormir, como antes.
Será que hoy llueve tanto, debe ser…ayuda.
Entonces veo con claridad tu cara y la mía haciendo morisquetas frente al espejo, como dos adolescentes y brindamos por las buenas decisiones y empezamos a contar con las benditas opciones… ese día, le hicimos pito catalán al fracaso y nos dimos el gusto de escribir esta historia, otra historia.
-Celebremos amor, festejemos.
-Mirá, sale el sol. Hagamos algo.
-¿Bailamos?

Viviana Comerón





Morir al sol

21 06 2007

Decidió vivir. Entonces la lucha fue encarnizada, todo su cuerpo se dispuso a batallar. Por primera vez, luego de librar tantas guerras ajenas, ésta…era suya.
Su enmigo, más joven y  fuerte, alto, engreído y altanero, bravucón y pendenciero.
Él apenas más bajo,  valiente y noble pero más viejo, sano pero herido.
El dolor es agudo, punzante, quema hasta adentro del hueso… lastima mientras avanza. Pero no mata.
El otro sacó su pequeña daga y atravesó su cuerpo nuevamente en el brazo esta vez, a la altura del codo. Cambió la espada de mano. No sentía dolor,  ocupado en no morir.
Sobre el tablón gastado de la mesa, trepó como un gato y desde allí en un santiamén afirmando su peso en la pierna sana, arrojó al otro un golpe demoledor con la que estaba herida, el impacto le dio en medio del pecho.
Se desplomó golpeando el cuerpo inerte en el suelo polvoriento levantando una nube que lo rodeó un buen rato.
Agitado, jadeante, paralizado sobre la tabla esperaba que el otro se levantara pero tendido con los brazos en cruz, no se movía,  ya no respiraba.
Lentamente, bajó del tablón que lo sostuvo y le ayudara a lograr tan rápida victoria.
Con un gesto acomodó hacia atrás la gruesa trenza que con cuero sujetaba por su punta, se rascó la barba roja y arrastrando casi, la pierna ensangrentada, empujó con dificultad el pesado portal y salió de ahí.
El sol tibio… sol de otoño, estaba como esperando.
Se atrevió a mirarlo frunciendo los ojos que de tan claros, enceguecieron.
Respiró profundo el aire frío una vez, dos…Sentado en una roca, miro las piernas sucias de tierra y sangre. Se imaginó sumergido en un arroyo fresco de aguas claras donde limpiarse el cuerpo, donde limpiar la espada y limpiar la memoria…no recordar nada.
Entonces fue, cuando sintió un agudísimo dolor en medio de la espalda tan intenso que le quitó el aire, tan profundo que le dejó sin habla.
Y arrodillado, mirando el sol…Dejó al fin que la muerte lo llevara.  Mientras el otro, ofrecía el grotesco espectáculo de una suerte de danza,  celebrando cruelmente su victoria.

Viviana Comeron