Regreso

22 06 2007

El tránsito estaba desordenado, caótico.

El tipo igual siguió con el trapito, un gesto de cansancio instalado en el rostro y cada tanto, llevaba su mano al estómago.
Tenía un balde de agua sucia en la vereda y una gamuza también percudida en el bolsillo del rotoso pantalón. Nadie le dejó limpiar el parabrisa, yo tampoco.
La avenida se congestionaba cada vez más, el calor agobiante se intensificaba mientras avanzábamos. Ningún viento movía las hojas de los árboles. Todo inmóvil bajo el abrazo insostenible del verano. Las ventanillas altas guardaban el aire fresco en el interior de algunos autos. Otros, se guardaban de los de afuera y al calor, también lo dejaban adentro.
Unos hombres hacían ritmo en el volante, otras mujeres entraditas en años, bailaban en el asiento.
El Señor del auto rojo discutía con su mujer y el señor del trapito le golpeaba la ventana al de la camioneta azul, que ni lo miró de ocupado que estaba vociferando al muchacho joven a su izquierda, callado.
El de atrás discutía con el celular, mientras prendía un cigarrillo y roncando la primera, salió con rojo. El del kiosco de diarios y revistas con varios vespertinos bajo el brazo, señalaba con el índice extendido y el anciano agradecía. Una mujer levantaba del piso volantes de colores y los metía en una bolsa, un niño descalzo tironeaba su vestido, y ella, nada.
En el próximo semáforo, quisiera que alguien me ofrezca unas gaseosas bien frías, total qué…se venden todo. Déme dos, le diría.
Pero no, sólo otro con trapito. Este más limpio, mejor vestido…con una botellita de detergente cerca del balde y la gamuza casi nueva en el bolsillo, todos le dejaron limpiar, yo también.
Me quedé repasando el episodio y en esto de como te ven te tratan, la presencia no es todo pero como ayuda ¿O era el dinero?…no sé.
Cómo voy a dormir esta noche, qué día insoportable, un infierno y el del trapito… Tendrá ventilador en su casa, tendrá casa, familia, comida. ¿Tendrá comida?
Me agota todo esto. Y empujo despacito el cd , subo el volumen y escucho
We are de champions…we are de champions…
Doy golpecitos al volante marcando el compás y bailo a Queen en mi butaca,  pongo primera y sigo.

Viviana Comerón





Los espectadores

22 06 2007

Con tanto conocimiento enloqueció a tal punto que esa noche,  llegó a golpear su cuerpo mientras gritaba,
-¡Sáquenme esto de adentro, sáquenlo por favor!
Una y otra vez en desesperada súplica, el hombre daba con la cabeza en las paredes del estudio, provocando que varios libros se desplomaran de las bibliotecas laterales.
El vecindario despertó y levantando las persianas, puso las narices contra los vidrios.
Miraban para la misma casa. La del jardín florido, la de los gigantes portones de hierro. La que tenía una glorieta en medio del parque y esa pajarera inmensa de hierro también a un lado, cerca de la fuente de mármol blanco.
Los doberman ladraban como mordiendo el aire, gruñían y llorisqueaban desconcertados.
Se encendieron todas las luces de la casa y pronto una sirena anunció la ambulancia.
Vieron como se abrían los portones. Cuatro hombres de blanco descendieron, uno arrastraba la camilla otro llevaba bajo el brazo algo blanco, un rollo del que asomaban cinturones que se balanceaban a su paso. Los dos restantes con apuro, los precedieron.
No tardaron en salir todos de la casa.
Avanzó la camilla y sobre ella tapado con una sábana, llevaban al hombre.
La mujer en pantuflas y un tapado gris, iba detrás.
En un instante recorrieron toda la calle empedrada hasta perderse en la esquina.

Solo el ulular de la sirena permaneció en el ambiente un momento más.
Los que siguieron la escena desde las ventanas se arroparon con mantas, hacía frío pero ninguno quería acostarse. Otros, anudaron el lazo de sus batas para ir a la cocina por un café bien caliente.
-Qué hora es?
-Las cuatro, ¿estás bien?
-No, qué va… ¿la verdad? Quedé temblando ¿y vos?
-Estoy desvelada. Quiero que me abraces, regresemos a la cama.
-Cierto, hace falta un abrazo, vamos. Intentemos dormir.

Viviana Comerón





Indiscreciones

22 06 2007

-Quiero que hablemos, dije cerrando la puerta.
-Y él ¿qué dijo?
-Nada, me miró muy serio. Se acomodó en el respaldo del sillón, encendió un cigarrillo y con un gesto me invintó a sentar.
-Y vos, ¿qué hiciste?
-Nada, me senté. No sé si te queda claro -dije mirándolo con ojos aguzados como en vertical, como de gata…enojada- Hizo una mueca que acompañó con el hombro, y más me molestó aún.
-Y ¿qué dijo?
-Nada, aguardó a que yo hablara.  Y le dije todo lo que pensaba de él, de sus amigos, de sus hijos, de la mujer, de su trabajo…De la casa y el auto que compró. Le dije todo lo que sabía y más, lo que pasaría si no dejaba de perseguirme…Eso hice, eso le dije. Que mi vida es mía y que no voy a permitir que interfiera. Espiando para ver con quién salgo y si salgo o entro porque soy una mujer libre, eso le dije.
-Y él… ¿qué…
-Bueno, basta che con tanta pregunta.  No hizo nada, siguió mirándome y yo esperando algo que me diera pie para seguir enojada, pero no me dio -antes que preguntes, respondo-

No me dio pie para seguir enojada. Y ya ves…Aquí estoy más enamorada que antes, más metida con este hombre tonto que no sabe qué quiere ni a quién quiere y yo…Tan idiota otra vez en sus brazos.
-Y… ¿Pasó algo?
-Mira, lo que yo no entiendo es cómo diablos estoy hablando con vos estas cosas que son tan mías, eso es lo que no entiendo. Además, ¿estás tonta? cómo si pasó algo…Claro que pasó o ¿no viste cómo dejamos el escritorio? , ¿no te diste cuenta que hoy no podemos comenzar a trabajar porque no encontramos ni un papel en su lugar? ¿no ves nada vos querida?
-Sí, lo que yo veo es que no hay nada mejor que aclarar las cosas, parece. También creo que la próxima vez que te den ganas de cantarle las cuarenta, podrías avisarme, así guardo todo antes de irme ¿No te parece?

Viviana Comerón





Gracias, Hardanger

22 06 2007

Y por causa del retraso se me ocurrió que podía ser él,

“¿Qué pasa que no tocan el timbre? No está nada mal, ojos verdes, cabello castaño, le va bien a la cara esa nariz prominente y tiene tan buena voz, se ríe poco pero suena linda su carcajada y es tan estudioso. Sabe de todo, siempre sabe todo, para lo que pregunten tiene respuesta. No entiendo por qué no es el abanderado. Sí, es éste, ningún otro me gusta tanto”
Entonces escribo su nombre muchas veces, luego lo tacho y escribo de nuevo y tacho otra vez, lleno la hoja mientras el de Geografía sigue con el discurso, embalado como si recién empezara su hora y ya van como dos años que habla, que las llanuras, los estuarios y el famoso fiordo de Hardanger que se extiende 183 kilómetros, cuya profundidad de 830 metros lo convierte en….blablablabla. Y me cansé del apunte y empecé con los dibujitos en el borde de la hoja que la casita con árbol, que un corazón para nadie, “No sea que me descubra. Y dale con el mapa el tipo ¿y ahora? ¿qué me mira?”
-A ver… pase señorita, señale Bergen-
Y miro para atrás haciendo la que no soy yo la señalada y justo él, de nuevo viéndome y me pongo colorada me hierve la cara y el profe que repite,
-¿No me escuchó?, a Ud le digo…señale Bergen, pase.
-¿Quién? ¿Yo? – digo con cara de estúpida, dándome en el pecho con el pulgar.
-Sí, Ud. Pase-
Y me paro y camino golpeándome las rodillas contra el banco, acomodando la pollerita gris que se mete en mi cola por las dos horas sentada en la silla dura y “El pelo…éste que se me cae de la hebilla, le dije a mi mamá que no me agarra bien, le dije”
Todos me miran y me explota la cara de caliente, de vergüenza y bronca, “Seguro que me está mirando”.
Me subo la media, me bajo la pollera, acomodo el buzo, y el mapa que también me mira y yo a él sin decirnos nada…mudo ni una palabra tiene para orientar, entonces apunto Africa con el índice y escucho el coro de los otros,
-Naaaaa…frio…frio.
Y saco el dedo apurada y ya no sé qué cosa miro, todo es agua, “¿Más al Este….? ¿o será al Norte?” Mi dedo señala arriba pero yo miro abajo.
-Sí, sí…al Norte, ¿Donde piensa señalar los fiordos, dónde…dígame? ¡Pero cómo Norte de Asia querida! ¡Mire bien! ¡Noreste! ¡Señorita!
Y yo miraba, pero ¿qué mira uno cuando no sabe dónde está lo que busca? “También las costas parecen de puntilla, ¿no serán otros fiordos y este idiota me confunde? ¿qué me dijo? ¿Bargen? ¡y qué se yo qué es Bargen! ¿será el puerto, la montaña, una península?”
Mis ojos inundados confunden las líneas blancas, ni ven el fondo negro del mapa, las lágrimas se me escapan ¡ay! ya se me salieron y ruedan por mi cara como catarata. “Qué vergüenza, seguro que está mirando y no tengo pañuelo, nunca tengo, no sé porque no me acuerdo de los pañuelos de papel, si hasta vienen con flores”
El cruel dibujo de continentes seguía allí sin decir nada y yo, parece que debía saberlo todo y no sabía. “Encontré el Mar Negro ¡lo reconocí! ah no…Es el Caspio ¿o es el Mediterráneo? ¿y dónde quedaba el Mar Negro?” Ahora lo buscaba como si le tocara el turno, pero no, eso era de la otra lección.
-Siéntese González, ¿se da cuenta? No es cuestión de acertar pero nunca acierta además, porque nunca estudia, ¿Qué le pasa a Ud? ¿Se pasea por Titán?- “¿De qué me habla? ahora si empezamos con mitología ¡me revienta!”

-Ya sabe que está aplazada éste trimestre ¿Qué piensa hacer de su vida? ¿Quiere protagonismo? Pues lo tendrá, pero lamentable el suyo. Siéntese.
Y regresé al banco justo cuando sonaba el timbre, abochornada, vencida…pura vergüenza y él mirándome como suponía.
Mis compañeros parados, rodearon el mapa alardeando delante del profesor, señalaban Bargen ¡chupamedias!
Me quedé sentada como bolsa abandonada, jugaba con el lápiz sin punta, hubiese querido clavárselo, “Viejo de mier…basura, sos viejo y jo dido”
Mordía mi labio y pasaba la manga del buzo por la cara, cuando vi un pañuelo extendido delante de mí.
-Secate, no seas tonta…soná esos mocos, no des bola. ¿Querés que nos juntemos para los fiordos? Dale…tontita, es fácil, yo te explico ¿querés? -“Me dijo Tontita…me muero”
Lo guardé con la excusa de lavarlo. Dormía todas las noches agarrada a su pañuelo bordó. Hoy se lo doy, dicen que hay que devolver los pañuelos porque si no, uno se pelea con el dueño y por nada del mundo quiero pelearme, llevamos cinco meses ¡un montón estamos durando! ¿Cierto?
Eso sí, Geografía me la llevo a marzo…Bueno, algo tenía que salir mal.

Viviana Comerón





Mendigando

22 06 2007

Caminaba por Boedo cuando de pronto, la vi.
El sol impiadoso clavado en su espalda me hizo pensar a cuánta indignidad y esfuerzo vano nos lleva la pobreza. Esta mujer inmóvil vestida de gris y sentada sobre un podio, miraba la entrada imponente de un Banco de la Ciudad.
Su mano extendida imploraba limosna. Para diferenciarse aún más del resto de la humanidad, la protegía un cerco improvisado de tablones atados con alambres.
Busqué apurada en mi cartera unas monedas que pagaran la culpa que sentía y la vergüenza que siempre me genera la miseria.
Ella, hierática, fría y suspendida en un punto la mirada, no dijo nada. No pestañeó, ni un guiño agradecido. Nada.
Claro, pienso, así estamos, como lo merecemos. Soberbios, demandantes, exigentes y desconsiderados.
Así la vida.
Así el Mundo.
Aun sin entender semejante indiferencia, me planté firme frente a ella, la miré a los ojos y en un cruel impulso, pretendí quitar de su palma extendida la mísera moneda de cincuenta que acababa de entregar.
Entonces, me di cuenta.
La estatua no era viviente, el cemento aún estaba fresco.

Carla Dulfano -Viviana Comeron