El mismo intenso dolor de piernas del otro día le impedía continuar con la caminata que se había propuesto. Encendió un cigarrillo y regresó a paso lento.
Además ya era tarde y los mosquitos comenzaban su ataque. Nada que le molestara más. Por otro lado, alguna razón importante debía tener para protestar y el ataque de los mosquitos lo era.
Ahora en casa se daría una buena ducha, luego la bata y alguna cosa comería…Eso sí, de tomar para nada se olvidaba. De la copa, del vaso, de la jarra, del jarrón, de la canilla, del barril, del sifón, de la taza, de la bota, del mate, del termo y claro está, de la botella y el botellón.
¿Y qué tomaría? Lo que venga… vino, aguardiente, cerveza, sidra, licor, vodka.
Luego un café cortado, el último cigarrillo del día y a la cama. Y en la cama, a pensar en ella. Nunca pudo pensar más de cinco minutos en María, el sueño lo vencía hasta el otro día, “Que si no….¡ya vería!”- se decía al despertar y sonreía un poco, nunca demasiado no fuera cosa que perdiera su estilo hombre serio, para nada.
Después de varios bostezos frente al espejo del baño, daba inicio a la rutina. Que la ducha, el desayuno, el periódico y el nudo de la corbata. Que mirar la agenda, que tachar lo hecho, “Y lo hecho, hecho está” -decía- “Y lo por hacer, se verá”
Y así la vida, a José Ernesto se le iba pasando de mes en mes, de año en año. Ya pronto los cuarenta y cinco.
-Aún no los cumplí, soy de Escorpio, así que ojo eh –agregaba cada vez que alguien le preguntaba por su edad. Y si la siguiente pregunta hacía referencia al estado civil, decía muy convencido
-Solterito y sin ningún apuro. ¿Mujeres? ¡Me sobran!- a continuación hacía un recorrido por los nombres de las que habiendo sido algo, ya no eran ni recuerdo.
Los domingos a la casa de la madre. Eso era religioso y como dogma de fe, no se discute ni se posterga. Luego del almuerzo y del té digestivo entre comentarios intrascendentes, tres horitas de siesta y por despedida la misma frase dicha con el mismo tono entre besos en la frente
-Hasta el domingo mami, sí te llamo.
Ese domingo, regresaba caminando al barrio. Un poco pesado, algo le había caído mal…”Debo empezar la dieta”, se dijo. Y levantando la vista vio cómo una bandada de golondrinas pasaba en formación hacia su derecha, luego haciendo un círculo gigante regresaron rumbo a la izquierda. Varias veces observó que se repetía el fenómeno mientras su marcha se hacía más lenta hasta que se detuvo.
-¿Qué estará pasando? -pronunció en voz alta la frase ahogada por el dolor de estómago.
En ese instante, la luz cobró intensidad hasta abarcarlo todo, hasta dejarlo en luz absoluta y el silencio se hizo cargo del espacio.
Sintió frío. Nada más.
“Mañana, cuando despierte, voy a decirle a María lo mucho que deseo tenerla entre mis brazos, sí eso haré”
-¡Vengan, vengan! ¡Es José Ernesto el del 5º A!- le pareció escuchar y mientras miraba zapatillas de niños que se acercaban, vio rodar una pelota hasta su mano. Cerró los ojos.
V C
Reeditado en Octubre, domingo 12 de 2008



Frase hecha, “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Saber lo sabemos todos que la permanencia no existe, pero aún asi jugamos a ser Dios.
Buena historia.
Muy buena!!! Es verdad el comentario de Adriana…no dejar para mañana…uy cuántas deudas voy a dejar, porque son tantas que ni me acuerdo…y bueno, iremos de a poco…
un beso grande
Será cuestión de “ponerse al día” paso a paso. Si nos apuramos tropezamos, con la misma piedra.
Beso, otro
Vivi
Muy buen relato, cargado de sentimiento, pensamiento e incluso, fíjate, un buen consejo en forma de letras. Y leyéndote, me pregunto, dulce Manoa:
¿de dónde salen esas historias?
Exquisita mente en el interior de tu cabeza.
Besos.
El mañana destella oportunidades, claro… ;)
Saludos & Afectos,
Aquileana :)
Gracias Abel, siempre me alegra encontrarte entre mis lectores. Tus comentarios son de gran estímulo, me obligas a mejores entregas ¡y justo ahora que tengo las Musas de vacaciones! (veré que hago)
Cariños
Amalia!
Beso que también destella (afecto)
SIEMPRE TE RECUERDO CON CARIÑO,AUNQUE HAYA SIDO SÓLO UN MOMENTO EL QUE COMPARTIMOS…PERO SUFICIENTE PARA RECORDARTE.
Hola Graciela! Un gusto leerte.
Beso grande y regresa, bienvenida a mi espacio.
Tu cuento parece un cuadro en movimiento, (frase vilmente plagiada a Adela, pero que me gusta usar cuando un relato “me puede”). Un abrazo gigante
Alicia
Gracias Alicia por tus gratos y edificantes comentarios.
Disculpas por la demora en responder, “problemas técnicos”.
Un abrazo,
Vivi
primera vez que te leo, vengo de lo de Narrador y ha sido un placer realmente.
será que el desorden es casi una característica en mi que se me hace tan dificil pensar en rutinas tan bien armaditas como las del personaje de historia? debe ser nomás. Muy buen relato
me tendrás leyendote, te dejo un beso