Yo creo

30 08 2007

Que algunos se pierden de vista en el hasta luego o sin saludo, hasta nunca.

De la memoria, no se van. Excepto que no haya dejado nada. Los hay de quienes ni el roce percibimos, ni el vientito que provoca el cuerpo cuando pasan cerca, nada.

Otros, impregnan. Sellan, firman, marcan, imprimen y apenas en un segundo ocurre un encuentro y el milagro se hace eterno.

Algunos pasan una vida juntos. Como nada, ni llegan ni se van porque nunca se entendieron. Como babeles, hablaron en diferente idioma.

El Alma se guarda los mejores momentos. Su ‘memoria’ es infalible.
Instantes en los que amó y le amaron. En los que la risa se hizo música.
Gente querida con rostro. Unos queridos fantasmas, a los que ponemos facciones que adivinamos jugando. Se puede acertar o no ¡Qué importa!
Queremos su letra, sus expresiones, el decir bien o mal. Nos inquietan sus silencios, nos alegra reconocerles en la caligrafía. Los conforma y cada palabra arma el retrato.
Y al fin, que como Somos Uno…En algún lugar, en un momento, no sabemos cuál…Nos hemos visto y nos vemos, nos besamos y abrazamos nos llenamos de uno en otro, nos fundimos. Seguimos dándonos.

V.C.





Imitación del Sol

30 08 2007

En un principio, todo era tinieblas.
Y Dios dijo…Hágase la Luz.
Creó el Día con una estrella luminosa a la que llamó Sol
Y viendo que era bueno, descansó.
……….

Y él vio que daba calor y luz.
Debía tener uno propio y cerca para cuando la noche ocultara todo y el esconderse la única forma de protección.
Lo quiso para abrigar, para alejar las fieras, para cuidar la vida.
Pretendía un sol pequeño, que no se apague como el del cielo al llegar la noche.
Uno para adorar, dominarlo y dominar.
Lo llamarían Fuego.
Y viendo que era bueno, el hombre no descansó más.

V.C.





El Cuidador

30 08 2007

Tan difícil le resultaba caminar erguido como mirar el cielo.

Sólo cubierto por una pesada piel, arrastraba su pierna para avanzar entre piedras y maleza espinosa. No sentía dolor.
Cuando esa mañana todos los del clan lo señalaron eligiéndolo, no entendió por qué a él, pero aceptó.
Y esa noche fue la primera vez que sintió miedo y dolor, por fin…Conoció a uno y otro.

En la cueva dormían los demás.
Sentado cerca de la hoguera, sujetando ambas piernas con los brazos y apoyada la barbilla en las rodillas, se entretuvo viendo las imágenes que aparecían en su mente…Animales corriendo por el valle, hombres con palos cazándolos. Mujeres en el rio atrapando peces, otras recogiendo frutas y hongos. A lo lejos, la montaña que escupía un fuego parecido al que ahora él cuidaba entre los pies desnudos.

Se preguntó entonces Quién cuidaría de ése.
Inquieto, soltó las rodillas. Conmovido hasta temblar, surgió la pregunta,

-Cuido este pequeño fuego, Y a ése, ¿quién?

Ya de pie…miró hacia ambos lados de la noche, su interrogante tuvo como respuesta tenebrosas imágenes. La fantasía lo hizo pequeño, insignificante e indefenso comparado con el gigante que imaginó.
Mientras se agitaban sombras de locura que siendo ramas, parecían manos, un dolor profundo en medio del pecho, hizo que llevara la suya para aplacarlo.

Intentó escapar. No había lugar dónde esconderse de los pensamientos.

Miró entonces su fuego, que pequeño y débil  se extinguía sin queja, silencioso y lento.
Olvidándose del miedo, el dolor y las preguntas…Recordó su obligación.
Se arrodilló, le hizo hueco con las manos y lo acunó, sopló despacio lo besó casi…lo rozó con la frente, lo aventó tan suave que el Fuego…Se apiadó del hombre.

Su llama creció enérgica y fue tanta la luz, que los pequeños confundieron en la noche el día y entre risas salieron de la cueva. Con las manitos cerca, dejaron que el fuego los quemara un poco.

Era su manera de recibirlos…La ceremonia para adorarlo comenzaba.

V.C.





El Mago Blanco

26 08 2007

Lo mío se transformó en obsesiva investigación.
Durante la empresa, hallé a más que lo conocieron y también desean encontrarlo.
Algunos dicen que es leyenda, que nunca existió. Otros mencionan con detalle las horas y días que pasaron juntos. Muchos, ni quieren decir. Juran que es cuento.
Recorriendo las calles de su tierra, esa que entre mar y montañas se yergue airosa,
angosta y fértil, pude conocer más de esta leyenda cuento historia de vida, relato
mentira o verdad verdadera.
Lo cierto es cierto, aunque crean pocos o nadie.
Lo que es, Es.

Hombre común, alto delgado, gesto austero.
Serio, apenas mínima sonrisa. Las manos quietas al hablar. Sin grandilocuencia.
Sereno. De andar lento. Por momentos, Niño. Otras como un Hombre, joven, adulto, anciano. Muta. Voz profunda, ahuecada al oído como proveniente de un tubo de madera.
Para todos tiene un nombre diferente, cuestión que aún no damos con el suyo.
Pero para distinguirlo en el cuento -si es que es cuento- lo llamaré “Rafael”

Vive en un barrio alejado. O dos o tres, porque nunca va para el mismo lado al irse.
Sale temprano con ropa sencilla, limpia y humilde. Huele a lavanda.
Algunas veces lampiña la cara, otras, barbado de semanas. En su mano derecha, una carpeta. En la izquierda, nada. Balanceando ambos brazos, camina sin exagerar la marcha. Parece que ése es su trabajo, caminar.

Aunque seguro sabe siempre adonde va.

Esa mañana, las calles concurridas por todos los que realmente llevan apuro.
Por dormidos, preocupados, por rutina por ansiosos, por nerviosos, interesados o apáticos. Mendigos sentados en las veredas. Mujeres fregando otras veredas.
Agentes para ordenar tránsito que en todas partes desordenan. Semáforos, autos, transportes, bocinas, bicicletas, plazas. Niños a la escuela, madres amorosas. Madres golpeadoras por nada, pero en público. De todo había. Como en cualquier ciudad.
Los negocios recién abrían sus puertas, y los comerciantes con idéntica maniobra, acomodaban la mercancía.
Y por allí pasaba yo.
Buscaba un café. Iba por mi desayuno.
Lindo lugar encontré. Tomé un periódico del revistero, ubiqué una mesa cerca del ventanal. No leí el diario, había mucho para ver afuera.
El hombre se detuvo, cambió la carpeta de mano y miró. Me miró.
Yo respondí. Grandes ojos almendra, luces.
Levantó la derecha, palma extendida. Saludo tribal.
No sabía de quien se trataba. Al gesto gracioso, respondí con mi diestra.
Entró, se sentó sin que lo invitara. Osado.
En ningún momento dijo su nombre –Rafael-
Preguntó por el mío, -“Completo”- dijo. Pregunté por el suyo, algo me distrajo, no escuché o no lo mencionó –Rafael-
-Por qué me habrá elegido- me dije, pero no hice la pregunta.
-Estoy trabajando. Por eso te elegí- Respondió.
-Ah…¿Así trabajas? ¿Cómo? ¿Anotas? Veo muchos nombres en la lista en la que me agregaste.
-Mis pacientes. Son pacientes porque esperan ser curados.
-¡Yo no estoy enferma!, respondí en tono más alto, bien derecho el torso.
-Eso crees. Pero sanarás. Luego vendrá el pago.
-¿Qué te pagaré? ¡No creerás que soy adinerada! Estás poniéndome nerviosa, aclara esto.
-Te elegí porque tienes Fe y algo más. Sólo por eso. ¡Los incrédulos son tan difíciles! Todo lo cuestionan, no dejan hacer. Debes ser dócil Mujer.
-No soy dócil, dije.
-Lo serás- firme fue su respuesta.
Desde esa última frase, no hablé más. Él lo hacía mientras tomaba agua mineral. Mi café con leche se enfrió.  Bien sé que estuve atenta. No perdí una palabra de Rafael, aunque no puedo recordarlas.
-¿Te volveré a ver? Dije con tono aniñado, casi un “Quédate”.
-Puede ser, Gracias.
-Gracias ¿por qué?
- Por permitirme entrar- Se puso de pié, se acercó a mí y dejó tres besos. Uno en cada mejilla. El tercero en la frente.
Se perdió entre la multitud, pero no pudo hacerlo de mi vista.
Frente a un joven disfrazado de malo se detuvo. Negro el atuendo, aros tatuajes y pulseras con pinches de acero, morral y manos libres que con un gesto negó,  le palmeó el brazo y siguió caminando.
Rafael también, para el lado contrario.

Enfermé como él anunció. Me curé como predijo.
Estoy buscándolo desde el día que me dieron de alta.
No me gusta quedar endeudada, deseo saber en qué consiste el pago y el Algo más, que al pasar mencionara.
Si alguno sabe de él, recompensaré cualquier dato que pudiera brindar.
Para contactarse conmigo, por favor deje su comentario al pie.
Eternamente agradecida.
VC





El Dragón enjaulado

25 08 2007

“Sra. Mamá:
Dirigimos a Ud. la presente a fin de convocarla a un encuentro con el Equipo Mínimo Escolar. La razón del mismo obedece a conductas de su hijo Lautaro que ameritan un diálogo con sus padres.
Esperamos contar con su grata presencia. Miércoles, 15:30 hs”

Dispuesta a escuchar, asistí media hora antes. Esperé en la puerta.
-Adelante Sra encantada de saludarla, tome asiento.
-Mire, la cosa con Lautaro pasa por sus manifestaciones. Es un niño de imaginación en extremo desarrollada. No sólo en sus dichos, lo traduce en las producciones. Si bien tiene ocho años y estas características son comunes para la edad, son sus comentarios reiterados lo que nos preocupa.
-¿Por ejemplo? , pregunté con tono entre irónico e intrigado.
-Por ejemplo, el asunto del Dragón señora. ¿Ud. sabe que vive hablando de “su Dragón”?
-¿El Dragón? ¡Ahhh, el dragón!, dije graciosamente dando golpecitos con el índice derecho que se movía solo sobre el escritorio. La Social me miraba fijo mientras jugaba con el lápiz.
-¿Sabe de lo que habla?, dijo la del lápiz más como afirmación que interrogando.
-Sí, que lo menciona, claro. También dibuja dragones. Mira series de dragones, las japonesas…tiene libros de dragones, pero yo considero señoras que no es para alarmarse, son cosas de chicos.
-No tanto. Debemos reparar en la salud psíquica de los pequeños, es tema recurrente y no sea que….
En ese momento, entró al gabinete la Sra. Directora. Mujer elegante y perfumada, cara severa y anteojos de collar que sin sacar las manos de los bolsillos se acercó a mi cara para poner un beso a modo de saludo. Se disculpó por la demora y una vez sentada dijo mirando a las del Equipo,
-¿Ya le contaron del último episodio?- Respondieron con un gesto, No. Entonces habló la Señora Directora.
-Mire Señora, Lautaro el día lunes dio de puños en el recreo a un niño buenísimo que no mata ni moscas. El pequeño parece que le dijo “Mentiroso” varias veces, unas diez digamos. Su hijo sostenía que era cierto, “Es cierto, es cierto” gritaba. Lo llevaron a dirección, debimos llamar a emergencias médicas, por el corte en el ojo que le hiciera al compañero. Él ni un rasguño.
Las tres mujeres la dejamos continuar con su exposición sin interrumpir. La directora continuó,
-Cuando me quedé sola con Lautaro, le pregunté la razón de su agresión. Me dijo que él nunca miente, que si dice tener un Dragón, lo tiene.“¿Dónde lo tienes hijo?” “En el fondo de mi casa” “¿Anda suelto?” “Nooooo, en jaula” “ Y ¿qué le das de comer?” “Huevos, algún gatito de nadie, poca cosa”. Como Ud. imaginará mi querida señora, no le creí.
No podía reirme,  porque era notorio que había dudado. Respiré profundo, me erguí en la silla y agregué,
-Son cosas de niños, sí me preocupa que haya lastimado a un compañero, y además…que sostenga su fantasía con tal firmeza. Nos haremos cargo.
-Bien- Continuó la directora- Esperamos muy atentas su intervención y la de su esposo. Consulten con un especialista, no deje de hacerlo, es por su bien. Ud. sabe que “El bienestar de nuestros alumnos es el único objetivo que persigue la escuela” “Queremos niños sanos, coherentes, criteriosos. Seres pensantes y constructores de un Mundo Mejor. Autónomos y Libres”
No agregué más a palabras tantas elocuentes. El doble discurso me apabulló. Firmé el acta administrativa labrada y salí de la escuela.
Subí al auto y sin ponerlo en marcha, encendí un cigarrillo.
Me sequé las lágrimas y en voz alta, discutí con el asiento vacío del acompañante…

“-¡Te dije, te lo dije mil veces! No debimos quedarnos con él. Te dije que nos traería problemas….¿Cuántas veces te mostré que el bicho crecía por día, que ya era un delirio tenerlo en casa? ¡Pero vos, nada! Seguiste alentándonos con la mascota. Cuando vi el huevo que traías del Sur abrigado en una manta, supe que nada bueno nacería de él. Encima para colmo de males, prende fuego a todas mis plantas ¡Mi jardín es un desastre! Los vecinos nos acosan a preguntas…”¿De dónde sale ese intenso olor a azufre Señora? ¿Tanto humo para un asado?” Y a vos, qué te importa ¿no? Si total siempre de viaje ¡Y la jaula! Ya debiste agrandarla tres veces ¡y apenas tiene cinco meses de nacido!…¿Qué hacemos ahora? ¡Me querés decir! ¿Viste que no alcanzaba con recomendarle a Lautaro, “No digas nada”?
¡Pobre hijo mío! Nunca me perdonaré haberlo hecho pasar por mentiroso.
Pero esto se acabó.

Mañana mismo llamo al zoológico.

Cuando regreses, el Dragón ya no estará en casa y con los medios, hablás vos.

Te harás cargo. Lo prometo.

V.C.