Lo mío se transformó en obsesiva investigación.
Durante la empresa, hallé a más que lo conocieron y también desean encontrarlo.
Algunos dicen que es leyenda, que nunca existió. Otros mencionan con detalle las horas y días que pasaron juntos. Muchos, ni quieren decir. Juran que es cuento.
Recorriendo las calles de su tierra, esa que entre mar y montañas se yergue airosa,
angosta y fértil, pude conocer más de esta leyenda cuento historia de vida, relato
mentira o verdad verdadera.
Lo cierto es cierto, aunque crean pocos o nadie.
Lo que es, Es.
Hombre común, alto delgado, gesto austero.
Serio, apenas mínima sonrisa. Las manos quietas al hablar. Sin grandilocuencia.
Sereno. De andar lento. Por momentos, Niño. Otras como un Hombre, joven, adulto, anciano. Muta. Voz profunda, ahuecada al oído como proveniente de un tubo de madera.
Para todos tiene un nombre diferente, cuestión que aún no damos con el suyo.
Pero para distinguirlo en el cuento -si es que es cuento- lo llamaré “Rafael”
Vive en un barrio alejado. O dos o tres, porque nunca va para el mismo lado al irse.
Sale temprano con ropa sencilla, limpia y humilde. Huele a lavanda.
Algunas veces lampiña la cara, otras, barbado de semanas. En su mano derecha, una carpeta. En la izquierda, nada. Balanceando ambos brazos, camina sin exagerar la marcha. Parece que ése es su trabajo, caminar.
Aunque seguro sabe siempre adonde va.
Esa mañana, las calles concurridas por todos los que realmente llevan apuro.
Por dormidos, preocupados, por rutina por ansiosos, por nerviosos, interesados o apáticos. Mendigos sentados en las veredas. Mujeres fregando otras veredas.
Agentes para ordenar tránsito que en todas partes desordenan. Semáforos, autos, transportes, bocinas, bicicletas, plazas. Niños a la escuela, madres amorosas. Madres golpeadoras por nada, pero en público. De todo había. Como en cualquier ciudad.
Los negocios recién abrían sus puertas, y los comerciantes con idéntica maniobra, acomodaban la mercancía.
Y por allí pasaba yo.
Buscaba un café. Iba por mi desayuno.
Lindo lugar encontré. Tomé un periódico del revistero, ubiqué una mesa cerca del ventanal. No leí el diario, había mucho para ver afuera.
El hombre se detuvo, cambió la carpeta de mano y miró. Me miró.
Yo respondí. Grandes ojos almendra, luces.
Levantó la derecha, palma extendida. Saludo tribal.
No sabía de quien se trataba. Al gesto gracioso, respondí con mi diestra.
Entró, se sentó sin que lo invitara. Osado.
En ningún momento dijo su nombre –Rafael-
Preguntó por el mío, -“Completo”- dijo. Pregunté por el suyo, algo me distrajo, no escuché o no lo mencionó –Rafael-
-Por qué me habrá elegido- me dije, pero no hice la pregunta.
-Estoy trabajando. Por eso te elegí- Respondió.
-Ah…¿Así trabajas? ¿Cómo? ¿Anotas? Veo muchos nombres en la lista en la que me agregaste.
-Mis pacientes. Son pacientes porque esperan ser curados.
-¡Yo no estoy enferma!, respondí en tono más alto, bien derecho el torso.
-Eso crees. Pero sanarás. Luego vendrá el pago.
-¿Qué te pagaré? ¡No creerás que soy adinerada! Estás poniéndome nerviosa, aclara esto.
-Te elegí porque tienes Fe y algo más. Sólo por eso. ¡Los incrédulos son tan difíciles! Todo lo cuestionan, no dejan hacer. Debes ser dócil Mujer.
-No soy dócil, dije.
-Lo serás- firme fue su respuesta.
Desde esa última frase, no hablé más. Él lo hacía mientras tomaba agua mineral. Mi café con leche se enfrió. Bien sé que estuve atenta. No perdí una palabra de Rafael, aunque no puedo recordarlas.
-¿Te volveré a ver? Dije con tono aniñado, casi un “Quédate”.
-Puede ser, Gracias.
-Gracias ¿por qué?
- Por permitirme entrar- Se puso de pié, se acercó a mí y dejó tres besos. Uno en cada mejilla. El tercero en la frente.
Se perdió entre la multitud, pero no pudo hacerlo de mi vista.
Frente a un joven disfrazado de malo se detuvo. Negro el atuendo, aros tatuajes y pulseras con pinches de acero, morral y manos libres que con un gesto negó, le palmeó el brazo y siguió caminando.
Rafael también, para el lado contrario.
Enfermé como él anunció. Me curé como predijo.
Estoy buscándolo desde el día que me dieron de alta.
No me gusta quedar endeudada, deseo saber en qué consiste el pago y el Algo más, que al pasar mencionara.
Si alguno sabe de él, recompensaré cualquier dato que pudiera brindar.
Para contactarse conmigo, por favor deje su comentario al pie.
Eternamente agradecida.
VC

Tu fe te hace ver que el ángel está a tu lado vaticinandote que es lo que te depara el destino, y volverá para que le pagues con tu fe eterna en Dios y en El.
Tu cuñado HECTOR que te quiere mucho.
Héctor! ¡bienvenido!
Un placer tenerte de visita por mis cuentos, gracias por el cariño que bien sabes cuánto valoro y retribuyo. Abrazo sostenido con dos besos -mejor tres-
Vivi
Bello Vivi…Un beso enorme….Una alegría encontrarte y conocerte.
Compartida.
Otro, pero más grande (porque soy más grande)
Vivi
Viviana. Me gustó mucho este cuento. También leí el del dragon enjaulado y me parece que voy a seguir leyéndote, ya que los cuentos son algo que me gusta mucho.
“-Te elegí porque tienes Fe y algo más. Sólo por eso. ¡Los incrédulos son tan difíciles! Todo lo cuestionan, no dejan hacer.”
Los incrédulos son tan insensibles, confían solamente en lo que pueden percibir sus sentidos más expuestos, aquellos que no son necesarios desarrollar. En cambio la gente que tiene otros sentidos, que tiene recuerdos del futuro y comunicación con la vida, es la gente que muchas veces no necesita un porque en palabras sino en sentimientos y con eso basta.
Un abrazo.
Lautaro Schmidt
Bienvenido Lautaro,
Todo es posible si le damos lugar.
La Verdad es necesaria, no hay que desecharla.
Pero creo que sin el Bien, hiere… ninguna sanación es posible.
Otro abrazo,
Viviana
Yo creo que has pagado contándolo, los ángeles (los magos) están visibles solo cuando los necesitamos realmente, algunas veces aparecen cuando vamos a buscarlos y ellos lo saben, lo intuyen. Otras veces vienen a nosotros sin necesidad de buscarlos. Nunca dejan pruebas de su presencia, eso sí, dejan constancia, al menos en nosotros.
Podés estar segura que volverá, con otro nombre quizá, con otra cara y por supuesto, en otro momento, uno en el cuál lo necesités.
Dejó constancia, te aseguro.
Yo dejé testimonio.
Gracias por tus buenas palabras,
Un beso,
Viviana
Evidentemente uno llega a la vida para aprender las cosas de Dios, para comprenderlas y dominarlas, y solo cuando tu espiritu llega a “entenderlas”, y nos despojamos de todo lo que es elemental y meramente físico, como el frio o el calor, el dolor o el placer….. (que es importante, forma parte de uno pero no es lo unico, hay más…mucho más); se te es otorgada la posibilidad de entrar en contacto con seres de luz que te muestran un camino que con los ojos no podrias ver, y te llegas a dar cuenta que en ese plano nada es imposible, solo lo es si nos quedamos con lo chiquito, con lo elemental que un triste mortal podria llegar a entender.
De ahi la importancia de la Fé, te abre las puertas del Cielo.
Por eso Vivi, no la pierdas nunca, ten la absoluta seguridad que están y estarán a tu lado, como todos lo que te queremos bien. UN ABRAZASO . TU HERMANA
Los siento.
TE siento.
Un Amor en beso para vos,
Vivi
Gracias Viviana, la luz de la consistencia aparece reflejada tras tus palabras, tu búsqueda verdadera del Mundo de Aziluth constituye la gota que alimenta el palpitar divino de tu naturaleza. No temas ser grande, no temas a la luz, a ver si un día ese mago aparece para dar testimonio de tu inmensa fe.
Muchos Cariños
Carlos tras las montañas
Cruzaron las montañas. Bellas palabras, Amén.
Vivi, cerca.
Lo agrandaste! Super igual.
Quedo redondo, un comienzo, un final, un comienzo. A ver si te aventuras a escribir la parte del despacho, esa de la capa…
Sonrió en complicidad.
Felicitaciones Amiga
Hola mi cómplice)
Ya estoy en plena aventura…Debo acortarle el texto, parece Novela, y no es la idea.
Ya voy… espera, no seas impaciente (que conmigo sobra)
“Beso saltacordilleras” (no cualquiera tira uno de estos eh)
nos volveremos a ver, te lo aseguro