Más alto

2 10 2007

onthe_upswing.jpeg Los dos comenzaron a columpiarse al mismo tiempo, la diferencia de posición daba ventaja a Juan, como siempre. Pedro detrás, en silencio, se esforzaba por llevar la hamaca más alto, más.  Mientras escuchaba el arengar de Juan,
-A que te gano, siempre te gano, ¡Perdedor! Vamos…¡Arre hamaca, Arre! ¡No me alcanzas!- Reía Juan atrevido desalineado y maloliente. Su madre no se ocupaba de él, trabajaba en casa de familia, limpiaba la mugre de otros pero no la propia.

El chico estaba siempre en la calle, con amigos que se iba haciendo porque era simpático, al final de cuentas, se hacía querer. No pedía nada, si le convidaban bien. Si no, igual. Menos comida, aunque le diera un concierto de hambre la panza, a la hora de sentarse a la mesa, con cualquier excusa él se retiraba. Y pateando piedras latas corchos tapas, rompiendo ramas, cortando flores para dejar tiradas, tonterías, llegaba a su casa de barrio sin clase. El suyo, quedaba del otro lado del barrio de clase alta, en el que jugaba el día entero.
Siempre un poco rezagado en las contiendas, Pedro.
Era tímido, vergonzoso. Hijo del Juez y la Profesora, lleno de todo y de nada. Sonrojado ante cualquier gesto, no hacía sin pedir permiso o perdón -por las dudas-
Juan era el mejor amigo de Pedro.
Pedro lo quería más que a nadie en el mundo. Nunca jamás se lo dijo. Ese día, le dieron ganas, pero no le dijo. Se acordó que sus padres vivían retándole por ser amigo de Juan, para qué generar más lazos si alguna vez los cortarían. Juan también tuvo como un arranque amoroso cuando lo encontró en la vereda. Le volcó el corazón en el pecho, pero tampoco dijo nada.
-¿Otra vez sin zapatillas vos?
- Me molestan, ya sabés.
-Te vas a clavar un vidrio o algo.
- ¡Andá, mariquita! Te juego una carrera. El último es cara de perro.
Y los dos corrieron hacia la plazoleta del centro del barrio.

En medio de la columpiada, el golpe.
Un estruendo, ruido a metales, vidrios.
Todos salieron de sus casas alarmados por el sonido del choque.
Se escuchó a las mujeres, los hombres se les sumaron…algunos niños lloraban y sus padres los sacaban de un brazo, para que no miren, horrible accidente. Descontrolada una camioneta se subió a la plaza.
-¿Qué le pasó? Esto es terrible, ¡los padres del chico de viaje! ¡qué horror!
- ¿No es el hijo del Juez?
-Creo que sí, no sé. No quise mirar, me impresiona. El otro chico es el que anda siempre por las calles, el que a veces va solo,
-¿Al que lo siguen los perros?
-Sí, ese.
-Pobrecitos, Dios se apiade de sus almitas.

Y las hamacas comenzaron a subir, cada impulso, más.
Juan feliz reía como nunca, la boca abierta mirando el suelo que se alejaba,
-¡Mirá estamos tan alto!…Mirá cuánta gente en la plaza Pedro…¿Ves?
-Sí ya miré, sigamos columpiando dale que llegamos, ¡Vamos Juan!
-¿Son los vecinos? Regresemos y esa camioneta Pedro ¡Mirá!
-No quiero mirar nada, sigamos Juan…
-Se hizo un mar el jardín de mi casa, ¿lo viste?
-Sí, lo vi. Más alto se ven paisajes mejores, dale Juan ¡Empujá que llegamos!
-¿Y dónde vamos Pedro? ¿No deberíamos pedir permiso?
-¡Vamos Juan!, sin mirar abajo…¡Eso! ¡Arriba, arriba!
-¿Más alto?
-Más, mucho más.

V.C.