El impacto en pleno vuelo fue demoledor y como un bólido avanzó con las alas replegadas, la cabeza haciendo punta, los ojos cerrados. Ese caprichoso viento, con el que tantas veces jugó, ahora le destrozaba doliéndole más que la misma herida.
Le pesaba el cuerpo, no podía dominar el vértigo. Imágenes confusas por instantes, otras perfectas, nítidas como destellos. Rojas, en llamas, como el día que incendiaron el bosque….De agua clara y fresca como el arroyo al que llegaba después de tantas horas en el aire, planeando, persiguiendo atento desde lo alto, a ese pequeñín que le serviría de almuerzo…
Todo se acercaba a él tan de prisa… Sorpresiva e inexorablemente estaba llegando.
Abrió los ojos, tal vez para dar una última mirada y pudo ver el llano, entre el bosque y el río… En un clavado perfecto, ya sin vida, el águila yacía como muestra de crueldad sobre la playa. Lo recibió la arena, haciéndole olas de irónica bienvenida.
Viviana Comerón



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