El Caballero, la Bruja y el Rey

25 10 2007

…El rey moría.
Nadie supo identificar, menos aliviar, el mal que le provocara agonía desde hacía días.
Su fiel caballero permanecía sumido en la mayor tristeza.
Fija su mirada en el anciano. Embebía sus labios, acomodaba el cuerpo enjuto…Sosteniendo la ténue luz de las lámparas encendidas. Cerraba y abría
los pesados cortinados según fuera el sol, según la luna.
Desplomado en un sillón junto a él, con un gesto nostálgico, acariciaba su barba entornando los ojos para recrear los pensamientos que lo  llevaban de una a otra escena, tantos recuerdos que la amistad entrañable fortaleció en esos años compartidos.
No moría el Rey, se iba el Amigo. El hombre que hizo de Padre, quien fue su mayor motivación, su desafío. A su lado creció como guerrero, desde la paz le enseñó los más valiosos tesoros a los que podía aspirar un Caballero. Ninguno tenía precio. No podían ser guardados en cofre alguno. Ya le pertenecían.
Un viejo sirviente se acercó y ofreciendo frutas dijo al joven,

-Ya queda poco tiempo de sufrimiento mi Señor, he visto a otros morir de esta muerte…déjelo partir.
El Caballero se puso de pie enérgico y empujando al hombrecito gritó descontrolado,
-¡Qué dices viejo estúpido! , el Rey no ha muerto aún, si no tienes nada mejor que decir ¡vete de aquí!
Al tiempo que se retiraba girando apenas la cabeza dijo al Caballero,
-Es tarde, lo sé… pero hay sólo una que podría salvarlo, sólo una…
-¿Cómo que sabes de alguien?…¿y no lo has dicho en todo este tiempo? ¡dime quién es!
El sirviente dejó caer la bandeja, comenzó a temblar ante la espada en alto y la ferocidad del hombre que lo había atacado más para matarlo que para escucharlo…
-La única que tal vez pueda hacer algo por él, es la Bruja de la Montaña. Esa, Señor Ud. sabe…No me atreví, perdón, perdóneme.
-Dime, cómo llego a ella, ¡Ya dime!
No había tiempo que perder…El alba anunciaba un día caluroso.
Montado en el caballo negro con el que tantas batallas había librado, enfrentaba ésta, la más insólita porque sin creer, confiar en lo imposible fuera de toda lógica…más cerca de la locura que de la cordura, en busca de un ser despreciado y temido por todos,
recurriendo a quien fuera echada del reino para sacar a la muerte misma, iba ahora…por vida.
Sus talones apuraban el galopar del animal, las rodillas se clavaban buscando equilibrio…Su cuerpo tenso inclinado sobre la inmensa cabeza que se agitaba, siguiendo el ritmo de la carrera. Las riendas ajustadas, desafiaban el instinto salvaje del pura sangre. Parecía comprender la urgencia, volaba sobre un terreno irregular, escarpado,
estéril y por momentos, lúgubre y enmarañado.
Sólo el último intento. Un último intento.

La Montaña Negra…
Ahí estaba. Siniestra, imponente.
Dónde había quedado el sol, dónde el calor. Nada resultaba agradable…Un olor fétido insistía en permanecer acrecentándose mientras avanzaba hacia la entrada de la
cueva.

¿Qué era esto que sentía? ¿Miedo? Miedo sí…su corazón latía descontrolado. Había llegado. La angostura de la cavidad sólo dejaba lugar a cientos de velas que encendían las rocas. Contaba sus pasos como si supiera a cuántos daría con ella.
Un amplísimo espacio circular se abría ante sus ojos y en medio del lugar, una marmita respondía al fuego alimentado por enormes troncos.

De espaldas a él, alguien revolvía el interior con una vara que recta y larga, sobraba de la mano huesuda más del doble de la altura del recipiente.
Entre humos, vapores y olores irreconocibles, una voz lo estremeció.
-Detente, no avances más…retrocede y vete. O si prefieres, te convierto en sapo.
Intentó un “Señora…” que apenas pudo emitir con titubeo infantil pero fue interrumpido por la misma voz ahora más alta y segura dijo,
-Morirá, y yo…no pienso hacer nada por el infame. Morirá ¡Que se pudra, como todos los muertos! ¡Vete ya!
Dió dos pasos hacia ella mientras se sujetaba con fuerza al puño de la espada,
-Haz que viva…por favor. Dijo como implorando por su propia vida. La risa de la bruja fue más desagradable que su imágen. Riendo, giró mirándolo a los ojos con otros, que parecían no pertenecer a su rostro,
-Bien, lo intentaré, pero a cambio… y si logro salvarlo…
-¡Si, lo que tu quieras! ¡Pide lo que quieras! ¿Qué es? ¡Te daré lo que pidas, lo que pidas dime!
Una carcajada estrepitosa, maléfica, burlona antecedió la frase que cargaba con cierta picardía,
-Cásate conmigo.
……………………….

Pensamientos, sentimientos, imágenes, todo desfiló ante él en un instante. Sería la burla de los hombres, el mundo entero hablaría de su estupidez.
¿Qué pesadilla le proponía el destino?  ¿Sería éste un mal sueño del que no podía despertar? Y cientos de recuerdos, en los que el protagonista era su amigo, borraron las consecuencias de lo que diría a continuación,
-Hecho. Si no muere. Pero vamos ya, no queda tiempo.

El caballo se inquietó ante la presencia de la mujer a quien el Caballero sostenía del brazo. La tomó de la cintura para sentarla en las ancas del animal y partieron los tres por el mismo sendero por el que había llegado. Aún así, el tiempo que demoraron, no se ajustaba al que antes había recorrido solo.
“Más de tres noches para llegar, menos de tres horas para retornar. Mejor, no pensar -se dijo- mejor no pensar”

El caballo avanzaba a paso de hombre por las estrechas callejuelas.
Los postigones de las ventanas se cerraban a su paso, las mujeres corrían a sacar los niños de su inocente juego…Varios hombres reunidos enmudecieron para dar lugar
al que avanzaba.

Veían al Caballero más noble del reino, el más valiente soldado del Rey, su casi primogénito, el que sentara a su diestra, el que fuera motivo de celos en los hombres y deseo de las mujeres, al temido y respetado…Trayendo a ese horrible espanto a sus espaldas a sabiendas que bien merecido tuvo el destierro.
Murmuraban, “Enloqueció, la pena lo enloqueció”

-¡Abran!, gritó a la guardia de palacio.
Ayudó a descender a la mujer y tomando la pesada bolsa que llevaba consigo…avanzaron ante las miradas atónitas e inquisidoras de cuantos les dejaban paso.
En los aposentos del Señor eran muchos los que rodeaban su lecho.
Les ordenó salir. Esperó, nadie se movía, contenían la respiración, no supo
si por miedo, asombro o para evitar el olor nauseabundo que emanaba la vieja que ingresaba con él.
-¡Fuera dije!
De a uno salieron a disgusto, mirándolos de reojo meneando la cabeza. Quedaron solos.

La mujer se paró a los pies del moribundo. Se limitó a observar, la dejó hacer.
Tres noches, tres días…Escuchando a la vieja balbucear en extraña lengua, viéndola mezclar líquidos, pasándolos de un frasco a otro, untándolo con aceites, quemando hierbas, aventándolo con las manos descarnadas, elevando la mirada a
un cielo que no podía verse mientras entonaba un cántico sin instrumentos pero con música.
El cansancio, al fin lo venció.
Durmió profundamente, no supo cuánto tiempo.
Para despertarlo hicieron falta varias palmadas de la vieja,
-Ahí lo tienes…ya vive, despierta tú ahora.

Su Señor había regresado. Más vigoroso y malhumorado que nunca, enfurecido como solo lo viera en el campo de batalla, gritaba por comida y pedía le saquen a
esa espantosa y fétida mujer de su presencia…Que quién se la puso delante. Que mataría al imbécil que la hubiese regresado a su palacio, a su reino, que la echen o le daría con su propia espada hasta partirla en dos…o en tres.
En vano el caballero intentaba explicarle la situación, menos aún, el costo que debería pagar por vida.
La vieja no parpadeaba, lentamente juntaba sus frascos y los regresaba a la bolsa, su trabajo había concluido.

La secuencia de escenas que ambos -Rey y Caballero- protagonizaron, no merecen descripción por la obviedad de las circunstancias. Tampoco se registran los diálogos que
acaloradamente sostuvieron. El Rey, pretendiendo detallar un despliegue de razones por las que consideraba disparatado el precio propuesto por su vida, la que hubiese elegido perder de haber sido consultado.
El Caballero, reiterando el valor de la palabra dada, que así se haría y ya.
Bien sabía el Monarca que la palabra, tenía para él tanto peso como su amistad.

Fue el único invitado a la boda.

Las campanas de la capilla real, continuaron repicando hasta entrada la noche. Ningún hombre en las calles, ningún niño.
El carruaje se perdía en el sendero que llevaba a los recién casados hasta la morada del esposo.
-Espera adentro, ya regreso, dijo mientras tendía la mano a la mujer para que descendiera del coche.

“Y ahora…qué”
Se tomó un buen tiempo para entrar, todo el que pudo.
Respiró profundamente, sería peor que tragarse una rata peor que caminar entre los muertos después de una batalla. Peor que todo lo peor y más.

Al abrir la pesada puerta, frente al hogar encendido, vio una mujer que entibiaba sus manos. No era la anciana que trajo hasta la casa…
-¿Quién es Ud. Señora?
-Soy tu esposa, ¿no me reconoces?
Ante él la más hermosa jóven esbelta y dulce mujer que jamás viera, sonreía.

Imposible describir tanta perfección con simples palabras.
Avanzaba lentamente hacia él. Una fragancia suave y sensual emanaba de ese cuerpo. Inmóvil la miraba embelezado. Ella dijo entonces,
-Me has tratado con tanto respeto, fuiste tan gentil conmigo, tan fiel a tus principios…tan valiente y osado querido Señor, que te daré a elegir ahora:
¿Cuándo quieres verme así? ¿de día?, para que todos puedan también verme y borrar con mi imagen la deshonra que ganaste con tu atrevimiento? ¿O de noche? para que seas el único en disfrutarme y gozar de los placeres que tengo para darte.
Demoró en responder el tiempo que le llevó recomponerse e imaginar cada una de las dos propuestas, al fin, dijo mirando los ojos celestes de la mujer
-Se ésta, cuando lo desees.
-Entonces, ya  que me permitiste ser yo misma siempre, y porque tus bondades generaron en mí puros y bellos sentimientos, seré como ahora me ves, día y noche por el tiempo que el Tiempo nos permita…Señor.

Fueron felices muchas veces.
Rieron más de lo que lloraron.

Dicen, que siguen juntos en la geografía mágica de los cuentos. Que algunos hombres pueden verlos. Esos, afirman que Ella continúa sosteniendo una belleza inusual. Cuentan que Él no pierde el vigor ni el valor ni la hombría a la que ahora suma alegre sabiduría.
Otros…perciben su cercanía por un aroma inconfundible a jazmines.
…………………………………..

V.C.

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8 responses

25 10 2007
Jaime Gamerman

NO PUEDE SER. NO PUEDE SER…!!!

Una obra maestra.

Te felicito, amiga sabia.

Beso cósmico.

25 10 2007
sentires

¿De qué cuento viene Don Jaime?
Gracias por el beso, otro al aire.

26 10 2007
karina

NO ME EXPLICO DE DONDE TANTA MAGIA,SERA DEL AMOR,CARIÑOY……Q LE DEMUESTRA A LA GENTE Q QUIERE? ESPERO PODER ….

SIEMPRE,KARINA.

28 10 2007
dianaventurini

hermoso Vivi! lleno de emoción verdadera como la de los niños que aún son capaces de creer estas profundas verdades

te felicito amiga, está maravillosamente narrado y nos ofrece una llave para abrir nuestro verdadero hogar y entrar en él

29 10 2007
Haz de luz

Tuve la sensación de ser el Rey, tuve la sensación de ser el Caballero y hasta tuve la sensación de ser la Bruja incluso; pero sobre todo, tuve la maravillosa oportunidad de estar presente en tu cuento y vivirlo, maravillosa forma de narrar Vivi, te felicito!

Un rayo de luz.

29 10 2007
sentires

Hay un Rey de Luz en vos, innegable Caballero.
Lo de Bruja…dejame a mí, un rato Hada otro poco, ¡rebruja!

1 11 2007
Luis E. Reyes

No tuve que leer esas palabras, entraron directamente desde mis ojos a mí imaginación en blanco, confiada a ti.
Me tome la libertad de ser uno de los que al paso de tan infame pareja, cerraba las ventanas de mi vivienda y atisbaba con horror la escena.

Un relato increíble. Un beso, Viviana.

1 11 2007
sentires

Tu comentario es de excelencia. Gracias por haber confiado…los que no, se pierden el perfume de jazmines, lástima por ellos.
Un beso Luis

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