Se cortó la luz cuando estábamos reunidos en casa, luego de la misa.
Nos juntamos los amigos de toda la vida, los hijos de mis amigos, nuestros hijos y yo.
Improvisamos luz con los restos de las velas de Navidad y Años Viejos, las rojas, verdes y doradas que por suerte, no había tirado.
Varias mujeres, en minutos, armamos la picada que organizamos con anterioridad. Rodeamos la mesa, algunos sentados en los sillones otros cerca del balcón.
No sé quién hizo el primer comentario en relación a él. Logró que estalláramos en carcajadas.
Es que era tan gracioso. Sin esbozar la más mínima sonrisa, hacía acotaciones desopilantes que sacaba de la galera para entrar en contexto como preparado.
Era muy ingenioso, inteligente, de un extraño y fino humor. Reíamos con él aún en los momentos más severos. Durante, buscando el lado gracioso, decía Todo drama lo tiene. O después que todo se había solucionado, o no, pero ya no se podía hacer más por remediarlo.
A partir de ese momento, se sucedieron varias situaciones jocosas, risas, comentarios de los chicos de Cuando papá dijo o hizo, En aquél viaje, No fue en el otro ¿Y cuando le dijo a? ¿Y cuando se enojó con? ¡Y la vez que!
Miré la escena desde afuera. Todos reían, comían y bebían a la luz de varias velas gastadas. Sombras proyectadas en los cortinados daban continuidad a los cuerpos. El ambiente de algarabía se logró con el aporte que cada uno hizo de sus anécdotas geniales, las mejores contadas por mis hijos que a cada una agregaban
-Fue así ¿no mami? , buscando mi aprobación o que fuera quien relatara el episodio.
También reí y formé parte alegre de la alegría. Comí y bebí compartiendo con la familia elegida, mis amigos, la situación más triste de mi vida entre la risa sana que cura el alma, que cierra heridas.
Cuando volvió la luz, los chicos apagaron las velas. Los más chiquitos cantaron un feliz cumpleaños. Una de ellas no se apagó, los soplidos fueron insistentes, pero nada. La llama resistía haciéndose más larga y amarilla. El mayor de mis varones dijo entonces,
-Seguro es papá, dejémosla encendida. No se quiere ir.
Reir con vos
Junio 15, 2008 por sentires

Momentos llenos de alegría fueron aquellos que, ante la falta de luz eléctrica y la improvisación para alumbrarnos, se volvieron inolvidables; tu relato, Viviana, actualiza esas risas de niños y sus juegos con las sombras.
No creas que no noté la insistencia de esa llama.
Un beso alegre cruza la cordillera, la luna lo acompaña.
Sabía que lo notarías.
Bienvenidos beso y luna. Y ya sabes, cuando no la encuentres en el cielo, ni preguntes, la tengo yo-
¡Estoy segura que era el padre esa llamita rebelde! Era otra broma más. Un relato precioso, precioso.
Un gran beso
Alicia
Sublime la descripción de ese momento en armonía. Es curioso, pero en ocasiones la imprescindible luz eléctrica nos priva de ese toque de romanticismo y calidez que todo ser humano necesita. Hace no mucho estuve en un hotel en el que a partir de las 9 de la noche cortaban el suministro eléctrico y puedo asegurar que eso me regaló momentos mágicos.
Hola GA! lindo verte por aquí. Es cierto esto, copn un mínimo cambio en la rutina podemos llegar a recuperar momentos grandiosos.
Cariños para vos.
Qué gusto verte tantas veces Alicia! ¡me alegraste la tarde! Mirá lo que puede hacer un gesto cordial: comentar los post de un amigo. Tendrás que pasar más seguido me parece.
Otro gran beso
Y yo, a veces presumo de venir a dejar luz!!!
Esa es la luz que nunca se apaga, la que viene de un alma engrandecida, esa que estará por siempre con nosotros.
Es inevitable pensar que estaba entre ustedes, también riedno ¿no?.
Además, qué mejor legado que la risa. Me gustó muchísimo; es así como quiero ser recordado también.
¡un beso de pescáu!
Haz, siempre queda en mi casa tu luz -nunca la vi presumir sí, brillar diferente. Cada una hace su parte, por suerte.
Un abrazo amoroso.
Otro beso enorme para Pescáu, Paz y Amor.
qué hermoso Vivi, me has hecho llorar, instalada ahí en tu reunión!
muchos abrazos
Como que estuviste Diana, no lo olvidé.
Otros muchos abrazos.