Ya se desvanece.
La otra noche desperté muy de prisa, me di cuenta.
No podía ya reproducir su rostro ni aún en sueños.
Ni saber de sus caricias en mi fantasía.
Tampoco pude sentir el roce de sus labios en los míos.
Reconociéndolo, repetí en voz alta: Ya lo olvido.
No sabía si reír o llorar, no entendía bien si tenía que festejarlo
O sumida en lágrimas, velarlo.
No tenía claro con qué continuar ahora.
Pero regresé a mi sueño y de algo estoy segura,
Estaba sola y feliz, sonreía.
V.C.




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