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Puertas -IV-

Posteado en Amores perdidos sobre Mayo 15, 2008 por sentires

Y empiezan los cambios cuando se abre la que da a esa cama que nos espera lisa y llana. Y en la cama, él.
No siempre viene bien. A veces, muchas, muy mal.
Nos quedamos, porque no queremos que se nos confunda. Porque no queremos confundirnos. Porque es mucho cambiar de cara de nombre de hombre, de espacio despacio o rápido, de amor pasado a próximo desamor.
Nos aguantamos hasta que aparece el que nos demuestra que ya no soportábamos más.
Que mejor nos vamos, que salgamos corriendo con valijas o sin ellas, con el auto o con el perro o Ni gato me llevo, pero me voy. Hasta luego o hasta nunca. Si te he visto ni registro.

¿Muy mal? Sí, lo sé.
Pero así pasa. Y nada dejó el otro que queda detrás de la puerta. Una se pregunta cómo fue que, ¿Nada?
¿Nada me pasa por dentro si hago el repaso de las horas, de los tiempos?
Y luego viene la Puerta V -la que pega en la cara-

V.C

In Decisiones

Posteado en Amores perdidos sobre Abril 29, 2008 por sentires

De alguna manera se lo diría. De esa noche no podía pasar porque ella ya estaba sospechando, lo notaba en su mirada penetrante. Ese brillo particular con el que se culpa al otro como con el índice. No quería más guerra silenciosa. Se lo diría.
Julia era una mujer aguerrida, fuerte, inquebrantable como el acero. A veces pensaba que no era una mujer en realidad, se le ocurría una suerte de especie robotizada, alienígena.
Odiaba estos pensamientos pero no los podía evitar.  A continuación esbozaba involuntariamente, una media sonrisa. Se imaginaba a la suya como una mujer gris. Gris metalizado con ojos de vidrio. No la quería. Nunca la quiso. Tenía buen culo, buenas tetas. Nada más. Y era inteligente, eso sí. Hablaba tres idiomas, muy culta, abordaba cualquier tema y lo seguía con acierto. Buena madre. Limpiaba bien y cocinaba riquísimo. De lo demás nada.
Durante las vacaciones hacían bien el amor, no. En realidad no hacían el amor. Cogían, fornicaban como perros. Pero solo en vacaciones. Luego siempre tenía un ataque de prolijidad. Que en el baño no, que nos escuchan los chicos, que cuidado las sábanas que son de cien hilos, que por ahí no. Que eso ni sueñes.
Ma’sí ¡no hagamos nada che!
Por momentos creyó que estaba gozando de las circunstancias, disfrutaba en cierto modo del peligro de ser visto por la calle con la otra, en un cine, entrando al hotel, caminando por la costanera, recorriendo el puerto, deteniéndose en un semáforo con un beso que duraba hasta el próximo rojo y todos atrás tocando bocina y ellos, como si nada.
Alguien podría estar mirándolos, Y a él, ¿le importaba?
No. Ah bueno, entonces seguimos, no importa nada.
Y entonces ¿Por qué debía decirle? ¿Qué apuro tenía? ¿No podía esperar unos días más?
Sí, eso haría, esperar.
Pero mientras tanto le hablaba por décima vez en la tarde.
-Hola ¿todo bien?
-Si ¿a qué hora regresas?
-En un rato.
-¿Te pasa algo?
-No. ¿por?
-Pregunto.
-¿Qué cenamos hoy?
-Pastas.
-¿Los chicos?
-Deben estar por llegar ¿estás manejando?
-Si ¿por?
-Porque no deberías hacerlo, por eso.
-Bueno, corto. ¿Un beso?
-Un beso pero ¿qué te pasa?
-Nada mujer. Hasta luego.
Plancha bien sus camisas, por otro lado es buena en la economía. Sus amigos la quieren mucho pero eso qué importa, si al momento de quedarse solos estaba sólo con ella. Y con esa mujer no quería pasar el resto de sus días.  ¿Qué resto tenía? ¿Alguien lo sabe? No era importante cuántos días, sino cómo pasaría esos días, con qué ganas de vivirlos. Y así desde hacían ya veintitrés años y cinco meses, doce días y ocho horas…Sí se lo diría, esa misma noche. No iba a esperar ni medio segundo más.
-Mirá Julia, me enamoré de otra mujer y pienso irme a vivir con ella en cuanto salga de esta casa y te pido por favor no me hagas escenas, no me llores ni me preguntes nada porque estoy decidido y no daré marcha atrás.
Y ella ¿qué dirá?
Nada. Tal vez llore. No! ¡Qué va a llorar! Sí, puede ser que llore.
-Así es la vida, le diré, mientras unos ríen a otros les toca llorar. ¡No! Cómo le voy a decir semejante barbaridad. Eso no, pero sí le diré que podría ser peor. A otras mujeres les va muy mal en estas cosas, sufren porque se dan cuenta de todo durante mucho tiempo y no pueden decir nada porque nada es tan evidente, claro, eso mismo. Así.
-¿Te parece que es la mejor manera? Responderá con tono suspicaz –si la conoceré-
-¡No la hagas más difícil! No sé de otra forma.
-Pobre. Bueno, juntá todo lo tuyo y te podés ir, mañana veo a mi abogado para iniciar los trámites de divorcio. Tranquilo, todo está bien.
-¡Cómo a tú abogado! ¿Desde cuándo tenés abogado vos y yo ni enterado?
-Querido (silencio, suspira, respira profundo mira para otro lado)
-¡Te hice una pregunta! (Ya me estoy enfureciendo)
-Desde que pienso decirte lo mismo que hoy dijiste vos, me ganaste de mano amor.
-¿Qué? ¿Tenés un amante? (ahora grito con tono entre suplicante y amenazador)
-Sí, lo tengo.
-¡Cómo podés decirme semejante barbaridad con esa cara! ¡Infeliz!
-No creas, soy muy feliz con él. Pero por favor querido, no perdamos más tiempo en detalles intrascendentes. Prepará tus cosas, yo te ayudo.
-¡No necesito tu ayuda! Te aviso que los chicos se quedan conmigo.
-Pensaba pedírtelo, nos vamos el mes próximo a España con mi pareja. Es un alivio que ya lo tuvieras decidido esto de quedarte con los niños. Bueno amor, salgo. Llegaré para el desayuno de mañana. Besitos (dice tirándome uno de lejos)

Yo me muero si pasa esto, me muero, la mato, me mato yo. La extrangulo, la corto en pedazos y los meto en una bolsa la tiro al río. La mato la mato. La odio.
De ninguna manera permitiré esto. Yo no le digo nada.
¿Le voy a dar yo a la oportunidad? De ninguna manera ¿Creerá que soy estúpido?
Nada, ni una palabra diré.

-Hola, llegué. ¡Julia Amor ¿dónde estás?
-Hola, aquí estoy ¿Qué te pasa que estás tan demandante querido?
-Nada, te extrañé, sólo eso (Y la abrazo hasta dejarla asfixiada de amor)

Sí, eso haré.
¡Qué alivio! Resuelto el conflicto, me tenía mal.
Mañana termino con Laura.  La relación se está gastando. No va más.

V.M.C.

De mentes

Posteado en Amores perdidos sobre Enero 25, 2008 por sentires

Los asientos estaban ocupados, menos uno frente a ella.
Era tímido a tal punto que sentarse mirando a una mujer, lo obligaba a viajar parado.

Y este era el caso. Entonces, antes que las rodillas se rozaran, prefería soportar el cansancio que ya traía y sumarle el mantener el equilibrio por lo que durase el viaje.  Calculó que con sus 182 cm no podría encoger las piernas y por lo que pudo ver, sin mirar demasiado, esa mujer medía aproximadamente 170 cm.
Pensó la posibilidad de pedir a la persona que viajaba al lado de la ventanilla, le permitiese ocupar su espacio y a su vez, ella, ocuparía el asiento desocupado.
“No, mejor no digo nada, es un enroque disparatado.”
El tren tomaba velocidad y se balanceaba de un lado a otro con el compás que marca la marcha sobre las vías, el tatan tatan se paseaba de oído a oído de uno a otro pasajero hasta que probablemente todos lo tarareaban.
Mientras avanzaban los carteles de estaciones, avenidas, puentes pasa nivel…árboles postes…Perdió su mirada en el perfil, perfecto perfil de la mujer a la que hubiese rozado las rodillas durante el trayecto.
Imaginó lo bien que sentiría esa caricia y tal vez, lo bien que a ella le vendría una mirada profunda dentro de esos ojos tan abiertos. Se esforzaba para no quedar dormida, para no perder el control, ni la compostura del rictus perfecto de su boca carnosa, lista para el beso que le daría. Por momentos parecía más alta, era cuando se erguía en el asiento para despabilarse. La imaginó desperezándose en la cama, contorneándose como gata ronroneando…La imaginó recién despierta en la mañana, en la tarde. Se vio despertándola en la madrugada. Imaginó taparla y envolverla al mismo tiempo con su cuerpo…acariciándola.
La bautizó con varios nombres, pero ninguno iba con ese perfil. Y los bucles se hamacaban al compás del tren. Cabello castaño enrojecido, como el atardecer que veía entre líneas por la ventanilla…Atardecer de primavera.
Atardecer el día, de… “¡Clara! seguramente se llama “Clara” ¡claro! Cómo no me di cuenta antes, Clara le va perfecto”
-Clara, te conozco, estoy seguro, te conozco…tu nombre es Clara, ¿Verdad?
-No. Agustina. Estás confundido.
-Ah perdón Agustina, bueno era la otra posibilidad, pudo ser Agustina…No me falló la memoria. Agustina ¡al fin! ¿Cómo estás tanto tiempo? ¿Me recordás? ¡Claro que sí! ¡Cómo no recordarme! ¿Verdad?
-Claro que no, ni idea tengo de quien sos, ahora si me permitís, bajo en la que viene. Adios.
-Adios. Clara ¿Puedo besarte?
- ¡Ni se te ocurra! Pero… ¿Qué te pasa estúpido?
-Me miraste todo el viaje y ¿ahora me preguntás qué me pasa?
-¿Yo te miré a vos? Pero, arrogante maloliente….Ubicate, ¡Guarda! ¡Guarda! ¡Alguien que llame a la policía! ¿Quiere soltarme señor? ¡Señora! ¡Ayúdeme! ¡Alguien que me ayude por favor!
Y en medio del griterío, quitando esas manos que delicadamente lo empujan…pasa las suyas tan toscas por los senos que sin invitación lo seducen y tomándola por la cintura la acerca a él mientras ella forcejea para apartarlo de sí, pero su fuerza es mayor y la somete en medio de toda la gente que como siempre mira para otro lado.
Nadie ve nada, no escuchan…No saben de qué radio proviene esa voz pidiendo por ayuda ¿Una novela? ¿Otra vez se puso de moda la radionovela? ¡Qué bien! Ya era hora de volver a lo mejor de los tiempos perdidos….
-¡Socorro! Grita la mujer en el piso de madera que como el hombre que tiene encima, se bambolea al mismo ritmo de todas las tardes, meciéndola para uno y otro costado, para atrás para adelante despertándola.
Y junta los paquetes como siempre, se pone de pie, pasa delante de él.
La ve irse hasta las puertas abiertas. La gente a su lado espera que se detenga, como ella espera distraida sin mirar, sin mirarlo.
Observa que para no clavar los tacos, se pone de puntillas sobre los escalones y esos músculos marcando las pantorrillas y ella baja al andén y camina con apuro, perdiéndose entre la multitud como el resto.

Y él y su propio resto, siguen de pie junto al asiento vacío.
El tren marcha otra vez. La mente hace silencio, un momento.

Viviana, en Enero

La Hoguera

Posteado en Amores perdidos sobre Enero 11, 2008 por sentires

Sentado frente a la estufa de piedra el abuelo se acomodó la camisa de felpa, esa azul gastado que sacó del fondo del cajón con olor a naftalina. Hizo coincidir ojales con botones y abrochó lento de arriba para abajo. Mucho no le gustaba, pero ahora que era viudo, como todos los viudos, comenzaba a ver con ternura las cosas que siempre le molestaron de la mujer,
“Vieja tonta que siempre hace lo que me desagrada como si no escuchara mis rezongos” pensaba cuando podía decírselo. Ahora, en voz alta y sonrisa enamorada,  lo decía para que lo escuche cualquiera, mientras recorría la casa.
Y la veía poniendo naftalina hasta en la sopa cuando llegaba el verano
“Qué costumbre, como si el olor matara las polillas, nunca mató una, ni con la mano” Volvió a sonreir.
Eso sí, la ropa de invierno estaba bien protegida, encerrada, doblada cada cosa en su bolsa, bien lejos del sol y de la mano del hombre que de pronto tuvo frio y no encontró qué ponerse,
“Pero si estamos en verano”, decía ella negándose a entregarle un abrigo,
“Y que me importa, tengo frío igual” repetía él enojado.
“Luego te quejás del olor a naftalina” insistía la mujer,
“Pero tengo frío igual” cerraba la respuesta en tono indignado y enojadímo al final de sus dos o tres reclamos.
Encontró hoy su camisa de felpa azul gastada oliendo a naftalina, no le pareció tan desagradable, casi le gustó.
Cosas que hace la muerte.

El sillón lo abrazaba, tenía roto el tapizado de gobelino pero en la casa no había otro más cómodo que este sofá viejo y chillón frente a la hoguera.
Porque más que hogar a leños, mucho más que estufa de piedra…ésa era su hoguera. La de los tiempos sostenidos en el tiempo, la de los recuerdos avivados como el fuego.
El abuelo lo llamaba, mi túnel del tiempo, porque cuando lo encendía, el primer día de otoño “Sólo para festejar el nacimiento del mejor mes del año”, decía, le daba como una cosa adentro en el pecho que lo estremecía por largo rato.
Y todo en su mente era un desfile de pensamientos, de imágenes coloridas como el mismo fuego que danzaba crepitando en el hueco de la estufa.
Afuera, el viento del sur traía el frío primero recién estrenado, agradable.
A pocos metros de su ventanal, el mar, dejaba oír el romper de olas que yendo y viniendo, marcaban un ritmo acompasado.
“Me iría hasta la orilla, si no fuera porque es tan tarde, casi las once. Es tarde”
Y apareció. La imagen volvió a su mente. Esa noche, especialmente, recordó a otra mujer.
También fue un 21, pero de enero.
Estaba fresco, menos que hoy claro. Sí fue un verano caluroso, sofocante. Y el único café que tomaron duró como dos horas, mientras ella le decía que no sabía por qué estaba allí y él respondía que tampoco sabía. Pero ahí estaban, de madrugada. Hablaron y rieron y no recordaron nunca de qué hablaron, mucho menos, de qué rieron. También caminaron, pocas cuadras casi desiertas y a los pocos que pasaron, daban más ganas de esquivarlos que de mirarles.
Cuando vió que su auto doblaba en esa esquina de Callao para Corrientes pensó,
“Y ahora, ¿Por cuanto tiempo más la volveré a perder?”
Ella siempre se perdía.
Pero esa vez, al menos esa, la encontró. O ella lo encontró a él.
Todo terminó rápido, pero fue fantástico y lo más maravilloso: Nunca supieron qué fue lo que les resultó tan especialmente bueno esa noche.
Estaba añorando hoy, después de tanto tiempo y pensaba si alguna vez también a ella le pasaría esto de…de parar un momento, de reconstruir escenas compartidas…
“Vaya uno a saber…Tal vez, también ella recuerde” escuchó decirse en voz alta, mientras parpadeaba como el fuego…Mientras el cuerpo relajado se dormía y su mente aún despierta, soñaba.

Nada de cuento

Posteado en Amores perdidos, reedición sobre Enero 5, 2008 por sentires

Revisaron toda la juguetería. Ni una sin ropita. Ni una rubia…Hasta que apareció la negra y luego de varios Que sí que no, con mi papá, la compraron. Costó centavos. La ropa se la hizo durante la madrugada. Rápido, antes que me despierte la ansiedad, mami terminó con los vestidos de mi regalo.

Queridos Reyes Magos:
Como bien saben, dice mi mamá, tengo cuatro años.
Me llamo María y quiero para este día que viene, una muñeca alta, de ojos celestes. Que hable cuando camina y se deje cambiar la ropa. Que se le muevan las piernas para caminar y que al acostarla diga mamá o algo así.
Yo me porté bien todo el año que por eso pido bien porque me porté muy bien. No hice renegar mucho ni le pegué a mi vecina Anita, la hija de Doña Pola y Don Jaime. Mamá dice que la mordí, pero fue solo una vez y además eso no es pegar. En la pierna la mordí, porque ella quería un reloj. Le dejé uno bien marcado. La mamá Pola dijo que sangró, pero esa señora es una exagerada. Además lo hice una vez sola porque Ana me pidió, mordeme acá, dijo.
Bueno, también les agradezco no tener hermano ni nada ni quiero que me traigan uno. Por ahora. Eso no pido. Solo quiero la muñeca alta.
Que tenga cabello, no importa el color. Negro no.
Gracias. Perdón porque la letra no es mía, no escribo más que mi nombre y mal dice mi abuela que para ella todo siempre es mal.
Escribe mi mamá que sabe y se llama Nelly, yo le dicto.

Ella se ríe… le digo Esto también escribí, que sepan los Reyes que te reís de mí mami, te castiguen y no te traigan regalo.

Al lado de mis zapatos estaba la muñeca.
Negra. Tenía pelo mota, negro también.
No era alta. Tenía ropita, dos vestidos y un calzón (ni otro para cambiarse)
Mami dijo,
-Los Reyes hacen lo que pueden hijita, a veces se les acaban los juguetes que traen o pueden confundirse…muñeca trajeron ¿ves? No es alta ni rubia, es cierto.
Pero seguro no había en la juguetería…No llores nena, me ponés triste. Además no hay que ser desagradecido con los Reyes, son Magos. Pero no siempre pueden hacer magia, tenemos que entenderlos. ¡Mirá si no! A mí no me trajeron nada….¿ves?
Le dije que eso fue por reírse de la hija.
Me conformé, la muñeca tenía linda carita y olor a nuevo.
La tela de la ropa tenía parecido con la de un vestido mío que no veía hacía tiempo.
Lo que más me gustaba era llevarla a la plaza, esta muñequita negra parecía que siempre estaba limpia…Yo me ensuciaba, ella no.
Jugamos muchos meses, muchas horas. No sabía hablar nada pero yo le entendía todo y ella a mí. A la noche dormía a mi ladito bien tapada. Mami la dejaba porque era muy chiquita, había que cuidarla, decía.
Al tiempo, pasó lo que tenía que pasar.
Estaba demasiado sucia le dije a mamá a los gritos, llorando. Mamá repetía una y otra vez Te lo dije, te lo dije, te lo dije…te lo…dije nena!
Yo seguía llorando, no había nada que hacer. Le di un buen baño de agua caliente, quedó negra el agua, pero no de mugre. Ella se fue desarmando porque era de cartón.

Cuando mi papá consiguió ese buen trabajo, tuve otra.
Alta, de ojos celestes y cabello rubio largo y sedoso. Era inglesa creo y casi de mi altura, no entrábamos las dos en la cama. Nunca fue mi amiga, era una muñeca que hablaba muchas palabras pero no sabía jugar, nunca se ensució en la plaza.
Mis amigas decían, Te la envidio te la envidio ¡quiero una!
No la regalé porque papá dijo que salió un dineral -nunca supe cuantos billetes era un dineral pero parecía muchísimo-
Yo estaba segura que no era de cartón. Igual nunca la bañé, ni ganas.

V.C.

Nada de cuento

Posteado en Amores perdidos, reedición sobre Octubre 22, 2007 por sentires

Revisaron toda la juguetería. Ni una sin ropita. Ni una rubia…Hasta que apareció la negra y luego de varios Que sí que no, con mi papá, la compraron. Costó centavos. La ropa se la hizo durante la madrugada. Rápido, antes que me despierte la ansiedad, mami terminó con los vestidos de mi regalo.

Queridos Reyes Magos:
Como bien saben, dice mi mamá, tengo cuatro años.
Me llamo María y quiero para este día que viene, una muñeca alta, de ojos celestes. Que hable cuando camina y se deje cambiar la ropa. Que se le muevan las piernas para caminar y que al acostarla diga mamá o algo así.
Yo me porté bien todo el año que por eso pido bien porque me porté muy bien. No hice renegar mucho ni le pegué a mi vecina Anita, la hija de Doña Pola y Don Jaime. Mamá dice que la mordí, pero fue solo una vez y además eso no es pegar. En la pierna la mordí, porque ella quería un reloj. Le dejé uno bien marcado. La mamá Pola dijo que sangró, pero esa señora es una exagerada. Además lo hice una vez sola porque Ana me pidió, mordeme acá, dijo.
Bueno, también les agradezco no tener hermano ni nada ni quiero que me traigan uno. Por ahora. Eso no pido. Solo quiero la muñeca alta.
Que tenga cabello, no importa el color. Negro no.
Gracias. Perdón porque la letra no es mía, no escribo más que mi nombre y mal dice mi abuela que para ella todo siempre es mal.
Escribe mi mamá que sabe y se llama Nelly, yo le dicto.
Ella se ríe… le digo Esto también escribí, que sepan los Reyes que te reís de mí mami, te castiguen y no te traigan regalo.

Al lado de mis zapatos estaba la muñeca.
Negra. Tenía pelo mota, negro también.
No era alta. Tenía ropita, dos vestidos y un calzón (ni otro para cambiarse)
Mami dijo,
-Los Reyes hacen lo que pueden hijita, a veces se les acaban los juguetes que traen o pueden confundirse…muñeca trajeron ¿ves? No es alta ni rubia, es cierto.
Pero seguro no había en la juguetería…No llores nena, me ponés triste. Además no hay que ser desagradecido con los Reyes, son Magos. Pero no siempre pueden hacer magia, tenemos que entenderlos. ¡Mirá si no! A mí no me trajeron nada….¿ves?
Le dije que eso fue por reírse de la hija.
Me conformé, la muñeca tenía linda carita y olor a nuevo.
La tela de la ropa tenía parecido con la de un vestido mío que no veía hacía tiempo.
Lo que más me gustaba era llevarla a la plaza, esta muñequita negra parecía que siempre estaba limpia…Yo me ensuciaba, ella no.
Jugamos muchos meses, muchas horas. No sabía hablar nada pero yo le entendía todo y ella a mí. A la noche dormía a mi ladito bien tapada. Mami la dejaba porque era muy chiquita, había que cuidarla, decía.
Al tiempo, pasó lo que tenía que pasar.
Estaba demasiado sucia le dije a mamá a los gritos, llorando. Mamá repetía una y otra vez Te lo dije, te lo dije, te lo dije…te lo…dije nena!
Yo seguía llorando, no había nada que hacer. Le di un buen baño de agua caliente,  quedó negra el agua,  pero no de mugre. Ella se fue desarmando porque era de cartón.

Cuando mi papá consiguió ese buen trabajo, tuve otra.
Alta, de ojos celestes y cabello rubio largo y sedoso. Era inglesa creo y casi de mi altura, no entrábamos las dos en la cama. Nunca fue mi amiga, era una muñeca que hablaba muchas palabras pero no sabía jugar, nunca se ensució en la plaza.
Mis amigas decían, Te la envidio te la envidio ¡quiero una!
No la regalé porque papá dijo que salió un dineral -nunca supe cuantos billetes era un dineral pero parecía muchísimo-
Yo estaba segura que no era de cartón. Igual nunca la bañé, ni ganas.

V.C.

Mi caracol Azul

Posteado en Amores perdidos sobre Julio 10, 2007 por sentires

“Quedó inmóvil, nunca tuvo sensación de final como en este instante. Quería respirar pero era imposible…abrió la boca para que ingresara el aire en un feroz instinto por sobrevivir, sólo el agua salada entró violenta y sin pausa.
Un estado de angustia inenarrable se apoderó de él sumiéndole en pánico. Toda su vida se desplazó en imágenes cuyos colores y formas le  llegaban cargadas de sensaciones…Todos los conocidos, familiares, afectos entrañables parecían estar a su lado. Los momentos felices se dieron cita ante lo inevitable e inesperado para la despedida”

Yo permanecía en la orilla con un baldecito naranja y una palita celeste cerca del montículo de arena húmeda. Unos caracoles esperaban su turno para adornar las paredes del castillo. Me sujetaba el gorro floreado y con la mano enarenada froté mis ojos para ver mejor.
Me puse de pie…ya estaba aburrida de esperarlo. Haciendo visera con la mano miraba hasta el horizonte, nada a la vista. Bueno, nada que se pareciera a mi papá. Mucha gente jugando, él no estaba.
De pronto lo vi. Ese brazo que salía del agua y se agitaba para un lado y otro, ese le pertenecía. Y yo también lo saludé dando de saltitos en el mismo sitio, porque “De aquí no podés moverte”, dijo antes de meterse en el mar.
Mi papá nadaba muy bien, muchas horas sin cansarse. Dijo que cuando fuera más grande o cuando mi mamá dejara de molestarlo con eso de “Cuidado, cuidado, cuidado…” mi papá, seguro me va a enseñar.
Pero, no volvió rápido como otras veces. Al fin me cansé de saludarlo y que me salude y me senté de un golpe junto al castillo casi terminado.

Cuando todos se fueron del agua,  papá quedó tendido en la arena boca abajo. Una mano abierta y el puño de la otra cerrado.
Luego de algún tiempo, mami me regaló un caracol blanco por fuera y por dentro todo azul tornasol. Muchas noches me durmieron las olas que le van y vienen de no sé dónde.

Pasaron algunos años, el caracol ocupa un lugar especial en mi escritorio y cuando viajo lo llevo conmigo.  Aún no sé nadar. Creo que no aprenderé nunca, lástima.

Viviana Comerón

La mejor del barrio

Posteado en Amores perdidos sobre Junio 24, 2007 por sentires

Frente a ese intenso dolor, no pudo menos que arrancar un alarido al alma, y como de lobo salió y duró buen rato flotando para que lo escuchen. Que lo escuchen bien, que lo escuchen todos.
El vecindario entero se asomó, parecía seria la cosa y el mundo circundante se juntó frente a la casa de Don Emilio, la blanquita de la esquina

-Esa, la del pino enorme en el jardincito pequeño….

-¿La que parece que se le caerá el pino encima? Sí, esa misma. Pero hasta ahora no le cayó y mirá que soportó tormentas y vendavales eh…pero nada, la casa y el pino siguen en pie.
La señora de Don Emilio murió de neumonía el mes pasado.
La gente lamentó su partida sobre todo por los sabrosos dulces que cada invierno preparaba y con cordialidad de vecina de antes de las que ya no quedan, distribuía generosa entre todos. Que para el nieto de fulana, para el sobrinito de mengana, que para el hijo de la nueva, que para el…Señor solo de la otra cuadra, ese el de ojitos celestes, el de cabello blanco…

-¡Ese, Viejo!, el que camina derechito y despacio todo trajeado de domingo siempre, ¡pero che! ¿cómo que nunca lo viste?…Se llama Alberto, no le gusta que le digan Don…¡Ah siempre tan despistado vos!
A ese vecino también Doña Eloida le regalaba dulces. Y galletitas para la tarde o para el desayuno…
-¿Lo ayudamos en algo Don Emilio? -dijo con voz grave y firme el marido de la del fondo asomando la cabeza por entre la reja de la cerca.

-A ver, hombre, deje pasar…hay que abrir la puerta, no sea que esté grave…¡Don Emilio! ¿se puede? -avanzó otro decidido pero con cierta cautela, la que otorga el poco de miedito que a uno le da mirar para adentro de algún grito feo. Tomó el picaporte y abrió, estaba sin llave como todas las puertas del vecindario.

Y lo vieron. Rodeado de papeles, ovillos de lana, carreteles de hilo empezados, alfileres con cabecitas de colores y en medio de tanto desorden el Emilio llorando, sentado en el piso con las rodillas recogidas en el mentón y un montón de papeles arrugados en las manos.
Eran como diez los que veían al pobre hombre llorar.
Una de las mujeres se acercó para consolarlo, el hombre que se animó a entrar la detuvo y meneando la cabeza dijo, Dejalo -solo con un gesto, sin hablar…
En el papel arrugado que Emilio tenía en su mano,  se podía leer de una letra enorme, aniñada y temblorosa…Mi amado Alberto:
Entonces todos salieron de a uno, como entraron.

Viviana Comerón

Volver a Ser

Posteado en Amores perdidos sobre Junio 21, 2007 por sentires

Llovía desde la madrugada con esa forma que tiene la lluvia de caer al mismo ritmo, serena, estable sin bombos y platillos ni un trueno, menos un rayo…Solo cae y lo moja todo hasta saturarlo, se da el gusto.
Amaneció sábado. Miré el despertador y ya las siete.
En realidad estuve mirándolo toda la noche hasta que por fin dio la hora en que podía levantarme.
Era el día. Me iba, la tarde del viernes fue peor que ninguna otra ya no daba para esperar nada más.
Bien. Todo listo, valijas, cajas, dos canastos y él sentado en la mecedora del living provocándome otra vez con la mirada, sin hablar pero pendiente de cada movimieto.
En realidad me había perdido para siempre en cada golpe, en cada insulto.
Mi temblor era constante, tenía miedo pero no iba a demostrárselo. Este hombre se había convertido en perro, sabía atacar muy bien cuando me asustaba.
Pensaba en mi, en las cosas que haría de ahora en más…me imaginé feliz un día soleado cerca del mar, en una plaza o recobrando la risa, la esperanza. Y casi lloro de pena por mi misma, pero no lo hice. Ni una lágrima.
Apilé los libros de historia…mis revistas y los cuadros. La música, los dos mapas y el juego de ajedrez. Dejé las cacerolas y la heladera, el microondas, la cafetera dejé las macetas con las plantas y la tortuga. Guardé los perfumes y tres cremas, el termo de acero un mate sin bombilla y una parte de mi vida la dejé, quedó en esas paredes en los rincones y los muebles, en todas las ventanas en los cajones y en la cama.
Cuando por fin el de la mudanza cargó el último canasto, extendí al conductor un papel arrugado con la dirección  “Lo espero allá”, le dije y subí al auto.

El limpiaparabrisas iba y venía sacando agua y hojas, puse segunda y arranqué…cuando doblé la esquina me di cuenta que además, llevaba abierto el baúl pero no me detuve.  Iba apurada. Debía empezar a amarme con cordura y para eso, no hay tiempo que perder.

Viviana Comerón