De alguna manera se lo diría. De esa noche no podía pasar porque ella ya estaba sospechando, lo notaba en su mirada penetrante. Ese brillo particular con el que se culpa al otro como con el índice. No quería más guerra silenciosa. Se lo diría.
Julia era una mujer aguerrida, fuerte, inquebrantable como el acero. A veces pensaba que no era una mujer en realidad, se le ocurría una suerte de especie robotizada, alienígena.
Odiaba estos pensamientos pero no los podía evitar. A continuación esbozaba involuntariamente, una media sonrisa. Se imaginaba a la suya como una mujer gris. Gris metalizado con ojos de vidrio. No la quería. Nunca la quiso. Tenía buen culo, buenas tetas. Nada más. Y era inteligente, eso sí. Hablaba tres idiomas, muy culta, abordaba cualquier tema y lo seguía con acierto. Buena madre. Limpiaba bien y cocinaba riquísimo. De lo demás nada.
Durante las vacaciones hacían bien el amor, no. En realidad no hacían el amor. Cogían, fornicaban como perros. Pero solo en vacaciones. Luego siempre tenía un ataque de prolijidad. Que en el baño no, que nos escuchan los chicos, que cuidado las sábanas que son de cien hilos, que por ahí no. Que eso ni sueñes.
Ma’sí ¡no hagamos nada che!
Por momentos creyó que estaba gozando de las circunstancias, disfrutaba en cierto modo del peligro de ser visto por la calle con la otra, en un cine, entrando al hotel, caminando por la costanera, recorriendo el puerto, deteniéndose en un semáforo con un beso que duraba hasta el próximo rojo y todos atrás tocando bocina y ellos, como si nada.
Alguien podría estar mirándolos, Y a él, ¿le importaba?
No. Ah bueno, entonces seguimos, no importa nada.
Y entonces ¿Por qué debía decirle? ¿Qué apuro tenía? ¿No podía esperar unos días más?
Sí, eso haría, esperar.
Pero mientras tanto le hablaba por décima vez en la tarde.
-Hola ¿todo bien?
-Si ¿a qué hora regresas?
-En un rato.
-¿Te pasa algo?
-No. ¿por?
-Pregunto.
-¿Qué cenamos hoy?
-Pastas.
-¿Los chicos?
-Deben estar por llegar ¿estás manejando?
-Si ¿por?
-Porque no deberías hacerlo, por eso.
-Bueno, corto. ¿Un beso?
-Un beso pero ¿qué te pasa?
-Nada mujer. Hasta luego.
Plancha bien sus camisas, por otro lado es buena en la economía. Sus amigos la quieren mucho pero eso qué importa, si al momento de quedarse solos estaba sólo con ella. Y con esa mujer no quería pasar el resto de sus días. ¿Qué resto tenía? ¿Alguien lo sabe? No era importante cuántos días, sino cómo pasaría esos días, con qué ganas de vivirlos. Y así desde hacían ya veintitrés años y cinco meses, doce días y ocho horas…Sí se lo diría, esa misma noche. No iba a esperar ni medio segundo más.
-Mirá Julia, me enamoré de otra mujer y pienso irme a vivir con ella en cuanto salga de esta casa y te pido por favor no me hagas escenas, no me llores ni me preguntes nada porque estoy decidido y no daré marcha atrás.
Y ella ¿qué dirá?
Nada. Tal vez llore. No! ¡Qué va a llorar! Sí, puede ser que llore.
-Así es la vida, le diré, mientras unos ríen a otros les toca llorar. ¡No! Cómo le voy a decir semejante barbaridad. Eso no, pero sí le diré que podría ser peor. A otras mujeres les va muy mal en estas cosas, sufren porque se dan cuenta de todo durante mucho tiempo y no pueden decir nada porque nada es tan evidente, claro, eso mismo. Así.
-¿Te parece que es la mejor manera? Responderá con tono suspicaz –si la conoceré-
-¡No la hagas más difícil! No sé de otra forma.
-Pobre. Bueno, juntá todo lo tuyo y te podés ir, mañana veo a mi abogado para iniciar los trámites de divorcio. Tranquilo, todo está bien.
-¡Cómo a tú abogado! ¿Desde cuándo tenés abogado vos y yo ni enterado?
-Querido (silencio, suspira, respira profundo mira para otro lado)
-¡Te hice una pregunta! (Ya me estoy enfureciendo)
-Desde que pienso decirte lo mismo que hoy dijiste vos, me ganaste de mano amor.
-¿Qué? ¿Tenés un amante? (ahora grito con tono entre suplicante y amenazador)
-Sí, lo tengo.
-¡Cómo podés decirme semejante barbaridad con esa cara! ¡Infeliz!
-No creas, soy muy feliz con él. Pero por favor querido, no perdamos más tiempo en detalles intrascendentes. Prepará tus cosas, yo te ayudo.
-¡No necesito tu ayuda! Te aviso que los chicos se quedan conmigo.
-Pensaba pedírtelo, nos vamos el mes próximo a España con mi pareja. Es un alivio que ya lo tuvieras decidido esto de quedarte con los niños. Bueno amor, salgo. Llegaré para el desayuno de mañana. Besitos (dice tirándome uno de lejos)
Yo me muero si pasa esto, me muero, la mato, me mato yo. La extrangulo, la corto en pedazos y los meto en una bolsa la tiro al río. La mato la mato. La odio.
De ninguna manera permitiré esto. Yo no le digo nada.
¿Le voy a dar yo a la oportunidad? De ninguna manera ¿Creerá que soy estúpido?
Nada, ni una palabra diré.
-Hola, llegué. ¡Julia Amor ¿dónde estás?
-Hola, aquí estoy ¿Qué te pasa que estás tan demandante querido?
-Nada, te extrañé, sólo eso (Y la abrazo hasta dejarla asfixiada de amor)
Sí, eso haré.
¡Qué alivio! Resuelto el conflicto, me tenía mal.
Mañana termino con Laura. La relación se está gastando. No va más.
V.M.C.
Comentarios recientes