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La Flecha en el Blanco

Posteado en Dejar la Vida, reeditado sobre Junio 21, 2008 por sentires

El impacto en pleno vuelo fue demoledor y como un bólido avanzó con las alas replegadas, la cabeza haciendo punta, los ojos cerrados. Ese caprichoso viento, con el que tantas veces jugó, ahora le destrozaba doliéndole más que la misma herida.
Le pesaba el cuerpo, no podía dominar el vértigo. Imágenes confusas por instantes, otras perfectas, nítidas como destellos. Rojas, en llamas, como el día que incendiaron el bosque….De agua clara y fresca como el arroyo al que llegaba después de tantas horas en el aire, planeando, persiguiendo atento desde lo alto, a ese pequeñín que le serviría de almuerzo…
Todo se acercaba a él tan de prisa… Sorpresiva e inexorablemente estaba llegando.
Abrió los ojos, tal vez para dar una última mirada y pudo ver el llano, entre el bosque y el río… En un clavado perfecto, ya sin vida,  el águila yacía como muestra de crueldad sobre la playa. Lo recibió la arena, haciéndole olas de irónica bienvenida.

Viviana Comerón

Primer post publicado en Sentires el 21de junio de 2007

La flecha en el blanco

Posteado en Dejar la Vida sobre Octubre 16, 2007 por sentires

viewphoto-aguila.jpegEl impacto en pleno vuelo fue demoledor y como un bólido avanzó con las alas replegadas, la cabeza haciendo punta, los ojos cerrados. Ese caprichoso viento, con el que tantas veces jugó, ahora le destrozaba doliéndole más que la misma herida.
Le pesaba el cuerpo, no podía dominar el vértigo. Imágenes confusas por instantes, otras perfectas, nítidas como destellos. Rojas, en llamas, como el día que incendiaron el bosque….De agua clara y fresca como el arroyo al que llegaba después de tantas horas en el aire, planeando, persiguiendo atento desde lo alto, a ese pequeñín que le serviría de almuerzo…
Todo se acercaba a él tan de prisa… Sorpresiva e inexorablemente estaba llegando.
Abrió los ojos, tal vez para dar una última mirada y pudo ver el llano, entre el bosque y el río… En un clavado perfecto, ya sin vida, el águila yacía como muestra de crueldad sobre la playa. Lo recibió la arena, haciéndole olas de irónica bienvenida.

Viviana Comerón

jun 21st, 2007 by sentires Edit |

El viaje

Posteado en Dejar la Vida sobre Septiembre 27, 2007 por sentires

Muchos días sin agua, los campos sedientos.
Nube de polvo el camino a la mínima brisa. A los lados, cercos de madera y algunos tablones rotos otros tapados por la maleza entre la que asoma se cuelga y desborda una corona de novia florecida, ni una hoja. Planta bonita y perfumada. Nívea aparición que interrumpe la monotonía amarilla de un otoño que ya se va.
El carro avanza lento, un buey tira resignado.
Sosteniendo las cuerdas de tiento áspero Don Gervasio, con pañuelo de barbijo, sombrero negro hasta el tope y guantes de cuero de cordero.

Abrigo no lleva, apenas un chaleco de piel, bombacha de campo que entre mancha y mancha deja asomar el marrón de origen. Botas de caña altas, cerradas con lazo firme a la altura de la rodilla, “Por las dudas se cruce una yarará”, pensaba cada vez que se calzaba.
Difícil caminar con tanto ropaje, “Con picadura de ese bicho, no se camina más…” el viejo entre caña y caña, aconsejaba al que quisiera escuchar y al hijo de Toribio, que lo tenía montado entre ceja y ceja, porque a veces salía a los piques con la moto que le regaló el abuelo, “Un día mata a alguien el chico malcriado y total como es el hijo del Toribio, fue sin querer, ¿Dirán eso? ¡Y sí, seguro!”
“Siempre hay que estarse protegido, aunque vaya en ese caballo suyo que echa ruido. Le dije mientras acomodaba un facón de veinticinco en la rastra”
“Está buena Gervasio, como las de antes. Así tiene mi abuelo”. “Algunas monedas de plata perdió. Reemplacé por esas de ahora, pura chapita ¿Qué valen? Nada, ¿Qué van a valer? Pero a falta de pura plata, vale pura de chapa”
Y se rió otra vez el viejo. Le faltaban cuatro dientes, entre tanta barba ni se notaba.
Salió de sus pensamientos para mirar el horizonte.

Rosa profundo, lila mezclado con algún negro y varias pinceladas amarillas. El carro gira que gira rueda ruidosa, Don Buey no tira, el carro parece andar solo.
-Se me viene la noche. Y este buey viejo, camina más lento que nunca ¡Qué lo tiró!
“Me acercaré a esos arbustos, por ahí no más, entre los matorrales”
Manto de luces el cielo. Don Gervasio se fascina. El viejo tirado en una lona pretendió disfrutar el mejor espectáculo del día, la Noche.

Pero, el Buey acaricia el pasto sin comerlo, y se acostó en el polvo.
-¿Qué le estará pasando a Don Buey? lo noto caliente…A ver, muéstrele la lengua al viejo, ¿No andará empastado? ¿Qué se queja? ¿Duele amigo?
Y el animal emitía un quejido lastimero, suave, ninguna extravagancia.
Para animal, medido el Buey. Sufrido como corresponde a un Buey de pura cepa, de puro castrado…Será eso, nunca un amorío. Debe ser aburrido, vida e’buey.

Le acercó un farol, mojó la testuz como a niño afiebrado.  Tiró de la cola, por el empaste, a ver si se le pasaba. Nada. Igual de mal seguía el pobre. Aparecieron los mosquitos, alguna alimaña, una ardilla y tres cuises. Todos de mirones no aportaron buena idea al Gervasio. Se acercó al camino, miró para acá y para allá,  “Por ahí alguno se viene, justo pasaba…¡Pero no! ¿Quién se viene para estas oscuridades?”.
“Nosotros Don Buey” Y lo miró desde el camino…el animal tirado.

Ahora se lo veía más, las patas levantadas, el farol inclinado cerca del carro.
El viejo corriendo, se le arrodilla al lado.
-¡Se muere este animal! ¡Qué demonios! ¡Vamos amigo! no me deje solo, tantos años de compañero…Vamos qué le pasa, ¡Déjese e’joder che…!
Nada, que no le contestó nada el animal. Resopló. Un ojo le quedó mirando, redondo, negro. Gervasio lloró sentado al lado de Don Buey.
-Cierre el ojo hermano, cierre. Vaya con el Tata.
Escuchó un concierto de grillos mientras se le sacudía el cuerpo de sollozar calladito y triste. El viejo acariciaba a su compañero aún tibio.

En eso…Alerta.
Ruido al caballo del hijo del Toribio ¿O no más le pareció?
Se acercó al camino otra vez casi corriendo con su chuequear de viejo con botas desatadas y sí.
Como saliendo de una garganta negra…La luz blanca se le venía encima metiendo ruido. Agitó los brazos… “¡Gracias, Dios!”
-¿Qué hace acá Don Gervasio? ¿Lo ayudo con algo?

V.C.

Mañana

Posteado en Dejar la Vida sobre Julio 10, 2007 por sentires

El mismo intenso dolor de piernas del otro día le impedía continuar con la caminata que se había propuesto. Encendió un cigarrillo y regresó a paso lento.
Además ya era tarde y los mosquitos comenzaban su ataque. Nada que le molestara más. Por otro lado, alguna razón importante debía tener para protestar y el ataque de los mosquitos lo era.
Ahora en casa se daría una buena ducha, luego la bata y alguna cosa comería…Eso sí, de tomar para nada se olvidaba. De la copa, del vaso, de la jarra, del jarrón, de la canilla, del barril, del sifón, de la taza, de la bota, del mate, del termo y claro está, de la botella y el botellón.
¿Y qué tomaría? Lo que venga… vino, aguardiente, cerveza, sidra, licor, vodka.

Luego un café cortado, el último cigarrillo del día y a la cama. Y en la cama, a pensar en ella.  Nunca pudo pensar más de cinco minutos en María, el sueño lo vencía hasta el otro día, “Que si no….¡ya vería!”- se decía al despertar y sonreía un poco,  nunca demasiado no fuera cosa que perdiera su estilo hombre serio, para nada.

Después de varios bostezos frente al espejo del baño, daba inicio a la rutina. Que la ducha, el desayuno, el periódico y el nudo de la corbata. Que mirar la agenda, que tachar lo hecho, “Y lo hecho, hecho está” -decía- “Y lo por hacer, se verá”
Y así la vida, a José Ernesto se le iba pasando de mes en mes, de año en año. Ya pronto los cuarenta y cinco.
-Aún no los cumplí, soy de Escorpio, así que ojo eh –agregaba cada vez que alguien le preguntaba por su edad. Y si la siguiente pregunta hacía referencia al estado civil, decía muy convencido

-Solterito y sin ningún apuro. ¿Mujeres? ¡Me sobran!- a continuación hacía un recorrido por los nombres de las que habiendo sido algo, ya no eran ni recuerdo.
Los domingos a la casa de la madre. Eso era religioso y como dogma de fe, no se discute ni se posterga.  Luego del almuerzo y del té digestivo entre comentarios intrascendentes, tres horitas de siesta y por despedida la misma frase dicha con el mismo tono entre besos en la frente
-Hasta el domingo mami, sí te llamo.
Ese domingo, regresaba caminando al barrio.  Un poco pesado, algo le había caído mal…”Debo empezar la dieta”, se dijo. Y levantando la vista vio cómo una bandada de golondrinas pasaba en formación hacia su derecha, luego haciendo un círculo gigante regresaron rumbo a la izquierda. Varias veces observó que se repetía el fenómeno mientras su marcha se hacía más lenta hasta que se detuvo.
-¿Qué estará pasando? -pronunció en voz alta la frase ahogada por el dolor de estómago.
En ese instante, la luz cobró intensidad hasta abarcarlo todo, hasta dejarlo en luz absoluta y el silencio se hizo cargo del espacio.
Sintió frío. Nada más.
“Mañana, cuando despierte, voy a decirle a María lo mucho que deseo tenerla entre mis brazos, sí eso haré”
-¡Vengan, vengan! ¡Es José Ernesto el del 5º A!- le pareció escuchar mientras miraba zapatillas de niños que se acercaban, vio rodar una pelota hasta su mano y cerró los ojos.

Viviana Comerón

Pérdidas

Posteado en Dejar la Vida sobre Junio 22, 2007 por sentires

Ya en su cama, la niña se tranquilizó.
La habitación de Mariana estaba en penumbras, un velador en la mesa de noche, alumbraba con el titilar típico de la lumbre que genera el combustible, la pantalla de opalina dibujaba siluetas en la pared con las que todas las noches se domía esta pequeña de ocho años que apenas caminaba con ayuda, no emitía más que sonidos guturales y se babeaba mirando con ojos desorbitados, cuanto la rodeaba.
Reconocía muy bien a su padre, Don Álvarez, boticario muy estimado en la aldea, amigo de todo el pueblo, para todos él era “El Señor Boticario, el Bueno de Don Álvarez”.
Mariana era de apariencia saludable al nacer. Habiendo pesado cuatro kilos, parecía de tres meses a los pocos días de vida. Rosada su piel y gordos los cachetes, “Daban ganas de morderle la pancita y ese culito tan redondo”, decía enternecida Ernestina, la negra nodriza que también la amaba.
La madre, mujer obesa y mal arriada, no la quiso ni cuando parecía perfecta. Lo demostraba en cada gesto, nunca una caricia, menos una sonrisa.
A todos disgustaba esta mujer extraña, severa y enojada daba imagen de quien todo lo exige a cambio de nada. Cada vez que hablaba era para protesta. Muy desagradable, ninguna virtud fue puesta en ella, fea como la maldad, decían las viejas “¿Qué le habrá visto el pobre de Álvarez”
La mujer nunca reía, hablaba poco y cuando lo hacía, era para decir No.
Por eso, mejor no darle más trato que “Buenos días Señora del Don Álvarez, Lindo día ¿vio?” -comentario al que seguro agregaba, “No, se ven nubes en el horizonte”-

Esa noche, estaba más malhumorada que de costumbre, la niña logró sacarlos del Teatro y no pudieron ver el final de la comedia. Caminaba con la mocosa a la rastra, de no haber sido por Álvarez que la alzó, flor de cachetazo le ponía.
-Niña endemoniada, mire que gritar como borrico en medio de la función, nunca dice palabra la tonta, pero hoy justo se le dio por el escándalo, el pueblo reunido para ver el espectáculo y terminó siendo ella quien lo diera.
-Basta mujer, ya bastante has dicho, calla ya por favor. Deja, yo la llevo, deja, deja te digo. Y continuaba a paso lento, mientras pasaba la mano por su cabeza…
-Ya legamos Mariana, calma querida, ya llegamos.
-Debimos traer el coche en lugar de esta borrega, te lo dije, no es hora para andar arrastrando el crío. Si no entiende nada, a qué llevarla.Ni una bien haces Álvarez, ni una.
-Tienes razón Alcira, ni una bien hago, lo has dicho mil veces, ya te escuché.
Cuando la arropó y le dio un beso en la frente, el hombre se detuvo atento al sonido de campanas… Provenían de la Iglesia y el Cabildo, según lo acordado, indicaba incendio…
Tomó su abrigo y salió apurado. Debía ayudar, de pasada por el cobertizo, sacó dos baldes. Por la ventana del dormitorio se veían claros destellos de fuego, Alcira buscaba de dónde provenía –“El Teatro, se quema el Teatro” – murmuró-
Mariana lloraba otra vez, se contorneaba en vano intento por bajar.
Con actitud maternal, caminó a su lado, sonrió a la niña y al gotero de cristal.
Puso doble dosis de láudano pero le pareció poco, así fue que volcó algo más.
Esa noche, en Buenos Aires, corriendo agosto de 1792 y a merced de una bengala, se incendiaba un galpón de techos de paja, el Teatro de la Ranchería. El primer Teatro de Buenos Aires se perdía entre las cenizas…No hubo agua suficiente para salvarlo.
Mariana…se perdió entre las sábanas, sin enterarse. Ni falta que hizo.

Viviana Comeron

Morir al sol

Posteado en Dejar la Vida sobre Junio 21, 2007 por sentires

Decidió vivir. Entonces la lucha fue encarnizada, todo su cuerpo se dispuso a batallar. Por primera vez, luego de librar tantas guerras ajenas, ésta…era suya.
Su enmigo, más joven y  fuerte, alto, engreído y altanero, bravucón y pendenciero.
Él apenas más bajo,  valiente y noble pero más viejo, sano pero herido.
El dolor es agudo, punzante, quema hasta adentro del hueso… lastima mientras avanza. Pero no mata.
El otro sacó su pequeña daga y atravesó su cuerpo nuevamente en el brazo esta vez, a la altura del codo. Cambió la espada de mano. No sentía dolor,  ocupado en no morir.
Sobre el tablón gastado de la mesa, trepó como un gato y desde allí en un santiamén afirmando su peso en la pierna sana, arrojó al otro un golpe demoledor con la que estaba herida, el impacto le dio en medio del pecho.
Se desplomó golpeando el cuerpo inerte en el suelo polvoriento levantando una nube que lo rodeó un buen rato.
Agitado, jadeante, paralizado sobre la tabla esperaba que el otro se levantara pero tendido con los brazos en cruz, no se movía,  ya no respiraba.
Lentamente, bajó del tablón que lo sostuvo y le ayudara a lograr tan rápida victoria.
Con un gesto acomodó hacia atrás la gruesa trenza que con cuero sujetaba por su punta, se rascó la barba roja y arrastrando casi, la pierna ensangrentada, empujó con dificultad el pesado portal y salió de ahí.
El sol tibio… sol de otoño, estaba como esperando.
Se atrevió a mirarlo frunciendo los ojos que de tan claros, enceguecieron.
Respiró profundo el aire frío una vez, dos…Sentado en una roca, miro las piernas sucias de tierra y sangre. Se imaginó sumergido en un arroyo fresco de aguas claras donde limpiarse el cuerpo, donde limpiar la espada y limpiar la memoria…no recordar nada.
Entonces fue, cuando sintió un agudísimo dolor en medio de la espalda tan intenso que le quitó el aire, tan profundo que le dejó sin habla.
Y arrodillado, mirando el sol…Dejó al fin que la muerte lo llevara.  Mientras el otro, ofrecía el grotesco espectáculo de una suerte de danza,  celebrando cruelmente su victoria.

Viviana Comeron

La flecha en el blanco

Posteado en Dejar la Vida sobre Junio 21, 2007 por sentires

El impacto en pleno vuelo fue demoledor y como un bólido avanzó con las alas replegadas, la cabeza haciendo punta, los ojos cerrados. Ese caprichoso viento, con el que tantas veces jugó, ahora le destrozaba doliéndole más que la misma herida.
Le pesaba el cuerpo, no podía dominar el vértigo. Imágenes confusas por instantes, otras perfectas, nítidas como destellos. Rojas, en llamas, como el día que incendiaron el bosque….De agua clara y fresca como el arroyo al que llegaba después de tantas horas en el aire, planeando, persiguiendo atento desde lo alto, a ese pequeñín que le serviría de almuerzo…
Todo se acercaba a él tan de prisa… Sorpresiva e inexorablemente estaba llegando.
Abrió los ojos, tal vez para dar una última mirada y pudo ver el llano, entre el bosque y el río… En un clavado perfecto, ya sin vida,  el águila yacía como muestra de crueldad sobre la playa. Lo recibió la arena, haciéndole olas de irónica bienvenida.

Viviana Comerón

Primer post publicado en Sentires el 21de junio de 2007