¿Quién lo conoce?
Yo, Yo seño, lo conozco yo.
A ver cuéntanos Pedro ¿cuándo lo viste?
Sopló ayer, pero lo veo siempre aunque no sople.
¡Mentiroso! Cuando no sopla no aparece!
Sí nene! Aparece igual en las noches de luna llena. Vos porque no mirás.
Cierto, la madre no lo deja salir de noche
Mariquita!
¡Seño! Me dicen mariquita!
Bueno Nico, es una broma, basta chicos con decirle mariquita a Nico. Sigamos con el duende. ¿En realidad alguno de Uds. sabe dónde vive?
Yo sé
Yo también
Yo dije primero
Yo lo vi salir de su escondite
Yo nene, lo vi, vos no estabas.
Callate estúpido, el que te contó eso fui yo, ¡mire seño! Me roba ¡Lo vi yo!
¡Orden un poco de orden así no se puede! Eso es, así me gusta, silencio y sentaditos. No puede ser que a cada pregunta se alboroten y griten todos al mismo tiempo, no puedo escuchar. Además todos debemos escuchar al que habla para aprender de su experiencia ¿comprenden queridos?
Si seño.
Pero ellos no tienen experiencia, ninguno conoce al duende del viento, yo lo vi hablé con él Seño, lo juro mire: en cruz sobre el labio ¿ve?
Sí Pedro veo. No es necesario que me jures, te creo. Aunque, puede que alguno sí lo haya visto también, ¿Porqué se mostraría en exclusivo?
Porque es tímido.
¡Ah claro! ¡Ya lo arreglaste! ¿Tímido como vos?
Basta! ¡No se rían de su compañero Nico! si a cada intervención ponen al otro en ridículo, en poco tiempo me quedo hablando sola, y yo del tema no sé nada.
Cierto que la Seño viene de la Ciudad, ella no sabe porque en la Capital no hay.
¿No hay qué?
Duendes Seño.
Ah pensé que hablabas del viento.
¿Y hay viento?
¡Claro, cómo no iba a haber viento! En todas partes hay.
¿Sopla bien?
¡Me hacen reir! Sopla bien pero no tan bien como aquí, allá los edificios lo desvían.
¿Hace zigzag?
Algo así. Volvamos al duende.
Bueno, si quiere se lo mostramos. Para que le quede claro que existe.
No, no. Si yo les creo chicos.
¡Tiene miedo!, ¡tiene miedo!
¿Miedo? ¡Para nada! ¿Cuándo vamos?
El jueves.
¿Por qué el jueves?
Porque sólo puede verse en Luna Llena.
Ah como el lobisón
¿Qué es?
Uno de siete hermanos varones que se convierte en lobo en las noches de luna llena.
¿Eso pasa en Buenos Aires?
Dicen, pero creo que pasa en cualquier lugar. Es una leyenda, nada cierto por supuesto, como la del duen…
¡Ah, no nos cree! ¿No nos cree Seño? ¡Miren chicos! ¡La Seño no nos cree!
¡Sí chicos! Basta Pedro. Les creo, si hasta voy a ir a verlo con Uds.
Bueno, el jueves entonces a las 22hs en la plaza cerca del monumento nos encontramos todos, bueno, todos menos Nico.
No lo hagan llorar, vení Nico, no te pongas mal, te bromean.
Todos contaron a sus padres que llevarían a la maestra nueva a conocer al duende del viento. Aceptaron convencidos que nada les ocurriría,
Este es un pueblo de gente tranquila y confiable.
Sólo después de cenar, nada de andar afuera cuando estamos sentados a la mesa.
Y una horita y a la cama ¿entendido?
Si papá.
Si papá.
Sí papá.
Sí mamá.
Idem
Parecía que un libreto estaba preparado para la circunstancia, todos los padres hicieron idénticas observaciones a los niños.
La Señorita Anaclara y sus veintitrés alumnos menos uno, estuvieron puntuales en el monumento de la fuente, justo en medio de la plaza. Anaclara estaba nerviosa a pesar de creer que los diez años promedio, les otorgaba gran imaginación, fantasías increíbles -y una inocencia que bien querría poseer- Luego recordó cuánto se puede hacer con la Imaginación. Por eso estaba nerviosa.
Caminaron unos pasos hasta quedar frente a una enredadera cuyas flores blancas se veían radiantes bajo la luna llena. Pedro el más alto, levantó unas cuantas ramas de la planta y un pasadizo quedó al descubierto.
Ante los ojos enormes de la Seño, corredores angostos se entrecruzaban a modo de laberinto, los niños pasaron, ella también. Pedro dejó caer la rama que sostenía en alto.
¿Falta mucho chicos?
No, tenemos que llegar al nogal.
¿Un nogal?
Sí, ¿alguna vez vio uno?
En casa de mis abuelos había un nogal, conozco el árbol y me encantan las nueces.
Estas son enormes y riquísimas.
¿El duende vive en el nogal?
No sabemos.
¿Hace frio no? ¿Esto es niebla o me parece a mí?
Ahí está ¿lo ve?
¿El duende?
¡No Seño!
Ese es el nogal, mire qué tronco enorme tiene, entre cuatro no lo abrazamos, vengan chicos, hagámoslo.
Anaclara temblaba. Castañeteaba sus dientes con la boca cerrada. Ni vio el esfuerzo de los chicos intentando rodear el tronco del nogal.
No, no tengo miedo, para nada, es que esto parece una heladera. Debieron decirme que hacía tanto frío aquí. Me parece mejor regresar, me voy a enfermar entre la niebla y el frío ¿no? Regresemos chicos.
No, ahora ya estamos aquí Seño, no sea mariquita.
Ah claro! a falta de Nico, ¡Qué bonito, faltándome el respeto!
¡Una luz!
¡Se aproxima! Siempre trae luz, silencio chicos. Shhh
Se pusieron en cuclillas, Anaclara permanecío de pie como una estaca. No podía cerrar la boca, menos moverse. La respiración se hizo irregular, sus latidos disminuyeron.
Pensó un “¡Socorro!” largo y estridente.
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¿Me buscaban?
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