Fetiche

1 08 2008

Vos crees en estas cosas?
Y…que las hay, las hay.
Bueno ¿Y qué hago?
Ah eso no lo sé, yo solo te pongo sobre aviso, nada más.
Qué harías en mi lugar?
Desaparecer.
¿Para tanto che? ¿No estarás exagerando?
¿Cuánto hace que te comunicaste con él?
Ah….Unos cuatro días.
¿Te sentías tan mal como ahora?
No! Para nada.
Esa es la prueba más contundente.
Contundente ¡qué palabra! Es como muy gorda.
No me cambies el tema, querés.
Dame una idea.
Primero, sacalo de la mente.
¿Luego?
¡Qué! ¿ya lo hiciste? No sé de qué te reís, esto es grave nena.
Bueno, perdón.
¿Crees o no?
Sí.
Entonces Dame BOLA
Te doy, aceptame una mueca graciosa.
¿Cuál es la gracia?
¿La gracia?
Sí ¿cuál?
Que él desconoce que esto es como un bumerang: Regresa al emisor.
¿Y con eso?
Tendría lo suyo.
¿Te conforma?
A la Ley conforma, no a mí.
Por las dudas, tomá.
¿Qué es?
Un frasco de agua bendita. Viajó cientos de kilómetros sólo para que te persignes varias veces al día, y humedezcas tu frente con ella.
Ah. Gracias. Lo haré, Además ¿le puedo dar un sorbo?
No seas tonta.
Estás haciendo que la tarde se apure.
Lo siento, me ocupo, son cosas serias. El tipo se las trae, por eso.
Yo me las llevo, no tengas cuidado. No sabe con quién se mete.
¿Crees que leerá esto?
No lo dudo. Está en cada rincón por donde yo paso.  Un favor ¿me traerías la muñeca de trapo que dejó en la puerta?
¿Para qué?
Vamos a jugar un rato. Pero esta vez, invirtiendo el objetivo.

Haciendo girar la rueda de la silla, Mariana quedó frente al ventanal. La tarde se puso su mejor gris y un viento helado disfrutaba yendo y viniendo.
A la muñequita no le quedan brazos ni piernas. La cabeza, que apenas cuelga del tronco deshilachado, es devorada por el fuego del hogar.
Isabel bebe el té y sonríe a las chispitas.
Mariana entorna los ojos a un Claro de Luna que insiste en repetirse una y otra vez.

VC





Imitación del Sol

30 08 2007

En un principio, todo era tinieblas.
Y Dios dijo…Hágase la Luz.
Creó el Día con una estrella luminosa a la que llamó Sol
Y viendo que era bueno, descansó.
……….

Y él vio que daba calor y luz.
Debía tener uno propio y cerca para cuando la noche ocultara todo y el esconderse la única forma de protección.
Lo quiso para abrigar, para alejar las fieras, para cuidar la vida.
Pretendía un sol pequeño, que no se apague como el del cielo al llegar la noche.
Uno para adorar, dominarlo y dominar.
Lo llamarían Fuego.
Y viendo que era bueno, el hombre no descansó más.

V.C.





El Cuidador

30 08 2007

Tan difícil le resultaba caminar erguido como mirar el cielo.

Sólo cubierto por una pesada piel, arrastraba su pierna para avanzar entre piedras y maleza espinosa. No sentía dolor.
Cuando esa mañana todos los del clan lo señalaron eligiéndolo, no entendió por qué a él, pero aceptó.
Y esa noche fue la primera vez que sintió miedo y dolor, por fin…Conoció a uno y otro.

En la cueva dormían los demás.
Sentado cerca de la hoguera, sujetando ambas piernas con los brazos y apoyada la barbilla en las rodillas, se entretuvo viendo las imágenes que aparecían en su mente…Animales corriendo por el valle, hombres con palos cazándolos. Mujeres en el rio atrapando peces, otras recogiendo frutas y hongos. A lo lejos, la montaña que escupía un fuego parecido al que ahora él cuidaba entre los pies desnudos.

Se preguntó entonces Quién cuidaría de ése.
Inquieto, soltó las rodillas. Conmovido hasta temblar, surgió la pregunta,

-Cuido este pequeño fuego, Y a ése, ¿quién?

Ya de pie…miró hacia ambos lados de la noche, su interrogante tuvo como respuesta tenebrosas imágenes. La fantasía lo hizo pequeño, insignificante e indefenso comparado con el gigante que imaginó.
Mientras se agitaban sombras de locura que siendo ramas, parecían manos, un dolor profundo en medio del pecho, hizo que llevara la suya para aplacarlo.

Intentó escapar. No había lugar dónde esconderse de los pensamientos.

Miró entonces su fuego, que pequeño y débil  se extinguía sin queja, silencioso y lento.
Olvidándose del miedo, el dolor y las preguntas…Recordó su obligación.
Se arrodilló, le hizo hueco con las manos y lo acunó, sopló despacio lo besó casi…lo rozó con la frente, lo aventó tan suave que el Fuego…Se apiadó del hombre.

Su llama creció enérgica y fue tanta la luz, que los pequeños confundieron en la noche el día y entre risas salieron de la cueva. Con las manitos cerca, dejaron que el fuego los quemara un poco.

Era su manera de recibirlos…La ceremonia para adorarlo comenzaba.

V.C.