Otras, son esas que uno deja entornadas para que alguien empuje apenas y pase.
Son las que más tardan en cerrarse. Las que abrimos a un amor que justo era el que deseábamos pero no el que nos correspondía. Insistimos una vez, otra más y otra.
No quiere. No es, erramos.
Sufrimos como adolescentes aún siendo adultos hasta que comprendemos. A nadie se puede forzar a entrar, menos a que se quede adentro.
Causas y cosas perdidas, tiempo y energía. Luego descubrimos que el amor no era Amor -por lo que no se pierde, se transforma-
Era necesidad. Y ésa se satisface de varias maneras, entre ellas comiendo.
La puerta se cierra sola, tarda en abrirse nuevamente.
Memoria, no eres nada frágil.
VC
Puertas- III
14 05 2008Comentarios : Deja un Comentario »
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Rutina
14 08 2007…Está por llover, un poco pesada la mañana en niebla.
Hace frío o yo siento, seguro hace.
Puede que salga antes de las diez o que no vaya y duerma hasta las diez….Puede que me de una ducha de tres horas o me vista y vaya. Puede que me acurruque en mi cama y lea. Sí, eso haré.
Y busco una bandeja con el desayuno y me atiendo. Y miro las noticias del día mientras como las tostadas con el dulce de membrillo que hice, un poco duro pero sabroso. Nada nuevo excepto más muertos cada vez, accidentes de tránsito en aumento como las balas durante asalto a mano armada. Y apago el televisor.
Leo otras hojas más de Lo que Yo creo. Se pone un poco denso porque entre líneas lo pienso y dejo de leer. Retomo y pienso, lo saco de la cabeza y vuelve, saco y basta. Y me digo, ni loca lloro por ése ni por ninguno ni por nadie. Entonces respiro profundo. Bueno, un bostezo, dos lágrimas. Permitido.
Me levanto antes que se hagan más y me doy la ducha de diez minutos. Envuelta en la bata busco qué ponerme, no sé. Miro varias cosas que no usaré pero las saco. Me quedo con la pollera y botas, las marrones, polera o mejor abro la ventana y siento qué siento. Abro y saco la mano, no alcanza, saco la cara, no siento, medio cuerpo afuera, hace frío. Polera. Llevo abrigo. Sí, llevo.
Paso por el espejo y miro. Es ella, la innombrable. Le sonrío, pobre, cuánto hace que ni guiño le hago. Le hago uno tiro besos la encremo le pellizco el cachete le aceito los ojos y maquillo, tapo todo.
Seco mi cabello, tengo que ir a la peluquería. Sujeto con hebilla, miro, saco. Suelto. Me miro, mal. Sujeto. Y otra vez vuelvo a los ojos. Tristes. Los hago reír. Nada, no ríen por nada. ¿Cepillé los dientes? No ¿no? Qué olvido. Regreso al dormitorio. Me perfumo. Demoro, huelo, elijo, éste. Me envuelve la fragancia que le encanta detengo la escena antes que avance y busco anillos el reloj y la cartera, ah un abrigo. Bajo.
Dejo la bandeja con los restos del mimo que me hice. Rescato los papeles del día, el sello el maletín analgésicos, ya duele la cabeza.
El perro ladra, sabe que me voy le hablo se calma vuelve a ladrar. Agua, no tiene agua.
Las diez. Puntual. Es cierto, algunos tenemos reloj incorporado. Él también tiene como yo. Nunca se duerme. Nunca llego tarde, él tampoco. Qué importa.
Basta.
Bajo y miro hacia el espejo sobre el descanso de escalera. La luz que entra por el vidrio de la puerta da en medio de mi cara. Hace luces en los ojos, cobran vida. Por un instante, no lo recuerdo. Solo me miro.
No sonrío y abro la puerta.
Viviana Comerón
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Regreso
22 06 2007El tránsito estaba desordenado, caótico.
El tipo igual siguió con el trapito, un gesto de cansancio instalado en el rostro y cada tanto, llevaba su mano al estómago.
Tenía un balde de agua sucia en la vereda y una gamuza también percudida en el bolsillo del rotoso pantalón. Nadie le dejó limpiar el parabrisa, yo tampoco.
La avenida se congestionaba cada vez más, el calor agobiante se intensificaba mientras avanzábamos. Ningún viento movía las hojas de los árboles. Todo inmóvil bajo el abrazo insostenible del verano. Las ventanillas altas guardaban el aire fresco en el interior de algunos autos. Otros, se guardaban de los de afuera y al calor, también lo dejaban adentro.
Unos hombres hacían ritmo en el volante, otras mujeres entraditas en años, bailaban en el asiento.
El Señor del auto rojo discutía con su mujer y el señor del trapito le golpeaba la ventana al de la camioneta azul, que ni lo miró de ocupado que estaba vociferando al muchacho joven a su izquierda, callado.
El de atrás discutía con el celular, mientras prendía un cigarrillo y roncando la primera, salió con rojo. El del kiosco de diarios y revistas con varios vespertinos bajo el brazo, señalaba con el índice extendido y el anciano agradecía. Una mujer levantaba del piso volantes de colores y los metía en una bolsa, un niño descalzo tironeaba su vestido, y ella, nada.
En el próximo semáforo, quisiera que alguien me ofrezca unas gaseosas bien frías, total qué…se venden todo. Déme dos, le diría.
Pero no, sólo otro con trapito. Este más limpio, mejor vestido…con una botellita de detergente cerca del balde y la gamuza casi nueva en el bolsillo, todos le dejaron limpiar, yo también.
Me quedé repasando el episodio y en esto de como te ven te tratan, la presencia no es todo pero como ayuda ¿O era el dinero?…no sé.
Cómo voy a dormir esta noche, qué día insoportable, un infierno y el del trapito… Tendrá ventilador en su casa, tendrá casa, familia, comida. ¿Tendrá comida?
Me agota todo esto. Y empujo despacito el cd , subo el volumen y escucho
We are de champions…we are de champions…
Doy golpecitos al volante marcando el compás y bailo a Queen en mi butaca, pongo primera y sigo.
Viviana Comerón
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