Desperté saludable, estaba viva. Siempre agradezco este detalle al abrir los ojos, costumbres. Hice lo de todas las mañanas al levantarme. El desayuno es una de las comidas que más disfruto, le dedico hora y media, a veces dos, por eso amanezco tan temprano. Desde la pantalla leí todas las noticias del día, rutinas. Mi café con leche en el tazón exagerado seguía humeante. De las tostadas, ni una.
Dejé correr el agua de la ducha y entré al dormitorio. Elegí la ropa que vestiría y la encontré. Estaba caída entre los zapatos
-¿Una corbata? ¿De dónde? ¿Cómo llegó al placard?
Con la corbata en la mano, luego de olerla y revisar cada costura cada pliegue, estaba segura de no haberla visto antes, ni en el cuello de un hombre, ni en una vidriera. Menos en mi placard.
Escuché el agua de la ducha y ya el vapor se metía en la habitación cuando reaccioné. La corbata seguía en mi mano. Tontamente detenida ante mis ojos sin hacer otra cosa más que estar allí y yo del otro lado, mirándola.
Mientras me enjabonaba muchos pensamientos locos cruzaron por mi mente. Entre tantos, uno coherente “Llegó hasta aquí con algún paquete desde la casa de mis padres”
Eso es. Era esa la opción más acertada. “Esta corbata es de papá”
Luego de terminar conmigo, salí del departamento con el bolso colgado.
Mientras esperaba el ascensor, miré para cerciorarme que la llevaba.
El día transcurrió sin mayores novedades. A las seis de la tarde entraba al departamento de mis padres.
-Hola ¿Quién hay? Llegó la nena. ¿Mamá? Hola ¿Alguien en casa?
- Aquí estoy hija en el escritorio – la voz inconfundible, invitaba al encuentro con muchos besos y abrazos, “A nuestro modo”, terminábamos alterando la canción de Sinatra, pero con igual tono teatralizado. Luego, estallábamos en risas.
Sin dejarlo hablar, antes del cantito de rutina, saqué la corbata.
Como serpentina salió del bolso desenrollándose al tiempo que yo decía,
-¿Es tuya pa?- pasó los ojos de la corbata a los míos y de ahí otra vez a la corbata, la tomó en las manos como palpando su textura.
-Es de seda y azul. Nunca tuve de seda y menos azul. Sabés que no me gusta este color. No es mía ¿De dónde salió?
-No sé, pensé que era tuya y en un descuido terminó en mi casa. No sé de dónde salió pero estaba entre mis zapatos.
-¡Qué misterio hija!
Papá rió con picardía. Siempre le contaba mis cosas. Él sabía que no había Un Señor aún en mi vida, menos uno que pasara por mi dormitorio tirando corbatas azules entre los tacones.
-Bueno, a esto vine. Me voy peor de lo que entré, todo el día pensando de quién sería esta corbata. La tiro por el incinerador. ¿Y mami?
-Salió, ya vuelve, no te vayas aún. No la tires, es bonita y parece nueva.
-No es nueva papi, ¿no ves que tiene arrugas a la altura del nudo?
-Casi nueva. No voy a usarla de igual modo. Pero ahora el preocupado soy yo, ¿Cómo se explica esto de la corbata? ¿Alguien pudo haber entrado a tu departamento sin que lo supieras? ¿O llamaste algún técnico o plomero o…?
-No papá, no llamé a nadie. Nadie entró a mi casa, la corbata es de nadie y ya la estoy tirando, no quiero hablar más del tema. Me voy papá, tengo inglés no quiero llegar tarde, besos a mami.
Papá me acompañó hasta el ascensor. De camino tiré la corbata misteriosa por el hueco del incinerador, cuando trabé la puerta de aluminio respiré diferente.
“Me tuvo el día entero tensionada la tonta corbata ¿Sería del dueño anterior? No. La hubiese visto antes, limpié todos los rincones antes de mudarme. No…nunca la vi. ¡Maldita sea, otra vez estos pensamientos!”
Antes de acostarme revisé el correo,
“Noticias de Eugenia, se arreglo con Juan –qué suerte- Mónica está mejor y viene a pasar unos días conmigo -buenísimo- Respuesta de empresa -por ahora nada- Propaganda de taller de idiomas -no especifica arancel- Taller literario -éste ya lo mandaron- La última moda en corbatas Tenga una en su….”
-¡Cómo! –Grité, mi corazón se aceleró, retomé el anuncio: “¿Corbatas de seda azul, en su placard?, ¡No la tire por el incinerador!”
Luego una muestra de varios modelos, todos azules pero de diferente diseño ocuparon la pantalla sin otro texto más que la palabra ”Corbata” en varios idiomas. Un escalofrío recorrió mi espalda.
La imagen ridícula me llenó de miedos. Mi fantasía ya no tuvo límites.
Entré al baño presentí que él estaba detrás de la mampara de la bañera. Sentí miedo. Pero miré. Sólo la gota de agua de siempre, caía monótona.
-¿Quién es Él?- dije con cierto enojo en voz alta, bien alta, de paso me hacía a la idea que éramos más.
-¿Cómo Él? ¿Estoy dando lugar a un personaje en esta historia de la corbata? ¿Un hombre de verdad? ¡No ya debo ver a mi analista! ¡Esto se pone denso!
Y pasé al dormitorio. Abrí el placard,
-¿Estás? ¡Contéstame corbata estúpida!
Y la vi. Asomando la punta del lazo más angosto por detrás de mis sandalias marrones.
Tiré de ella con fuerza, era la misma. Hasta la misma arruga en idéntico lugar.
-Tengo testigos.
-No tiene valor, es su padre.
-Yo arrojé esta corbata por el incinerador de su edificio. No puede ahora estar entre mis zapatos a diez minutos de micro del placard…
-¿Cómo dijo? Repita esa parte…
-¿Cuál parte? ¿Cuál de todas?
-La de los diez minutos.
-Ah…¿Cómo puede estar ahora a diez minutos del incinerador de la casa de mi padre? ¿Entiende?
-No, para nada. O sea que Ud. quiere decirme que a los diez minutos de haberla arrojado por el incinerador apareció en su placard.
-No, yo no dije eso, ni fue mi intención. ¡Hablar con Ud. es peor que hablar con la corbata misma!
-Bueno, siendo así, la dejo con mi o su corbata. Que disfruten.
- ¡No me deje sola por favor!
-¿En qué quedamos?
-Yo estoy tratando de explicarle pero si Ud. no pone buena voluntad, nunca nos vamos a entender.
-Yo pongo señora, ¿Ud pone? Porque en realidad Ud. dice ser muy clara pero yo no entiendo, ¿Entiende lo que le digo? ¿Señora? ¡Eh Señora! ¿Se durmió?
-Hola, ¿se durmió? Parece que sí. ¡Ah…encantado! ¿Ud es el papá de la niña?
-¡Qué le hizo Ud. a mi hija!
…………………..
En medio de dos sábanas húmedas y enroscada en el cobertor… Los pies al aire congelados. Enganchada en los cables de la lámpara y los del celular que estaba en carga. Asustada, temblorosa, horrible. Desperté al fin.
Me di una ducha tibia.
Preparé café y miré la hora, ya las siete.
Me vestí con la misma ropa que llevaba el día anterior.
Tome mi bolso, las carpetas y cerré la puerta.
Por el placard no pasé.
V.C.
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