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El Mago Blanco

Posteado en Magia, reedición sobre Junio 28, 2008 por sentires


Posteado en Magia sobre Agosto 26, 2007 por sentires

Lo mío se transformó en obsesiva investigación.
Durante la empresa, hallé a más que lo conocieron y también desean encontrarlo.
Algunos dicen que es leyenda, que nunca existió. Otros mencionan con detalle las horas y días que pasaron juntos. Muchos, ni quieren decir. Juran que es cuento.
Recorriendo las calles de su tierra, esa que entre mar y montañas se yergue airosa,
angosta y fértil, pude conocer más de esta leyenda cuento historia de vida, relato
mentira o verdad verdadera.
Lo cierto es cierto, aunque crean pocos o nadie.
Lo que es, Es.

Hombre común, alto delgado, gesto austero.
Serio, apenas mínima sonrisa. Las manos quietas al hablar. Sin grandilocuencia.
Sereno. De andar lento. Por momentos, Niño. Otras como un Hombre, joven, adulto, anciano. Muta. Voz profunda, ahuecada al oído como proveniente de un tubo de madera.
Para todos tiene un nombre diferente, cuestión que aún no damos con el suyo.
Pero para distinguirlo en el cuento -si es que es cuento- lo llamaré “Rafael”

Vive en un barrio alejado. O dos o tres, porque nunca va para el mismo lado al irse.
Sale temprano con ropa sencilla, limpia y humilde. Huele a lavanda.
Algunas veces lampiña la cara, otras, barbado de semanas. En su mano derecha, una carpeta. En la izquierda, nada. Balanceando ambos brazos, camina sin exagerar la marcha. Parece que ése es su trabajo, caminar.

Aunque seguro sabe siempre adonde va.

Esa mañana, las calles concurridas por todos los que realmente llevan apuro.
Por dormidos, preocupados, por rutina por ansiosos, por nerviosos, interesados o apáticos. Mendigos sentados en las veredas. Mujeres fregando otras veredas.
Agentes para ordenar tránsito que en todas partes desordenan. Semáforos, autos, transportes, bocinas, bicicletas, plazas. Niños a la escuela, madres amorosas. Madres golpeadoras por nada, pero en público. De todo había. Como en cualquier ciudad.
Los negocios recién abrían sus puertas, y los comerciantes con idéntica maniobra, acomodaban la mercancía.
Y por allí pasaba yo.
Buscaba un café. Iba por mi desayuno.
Lindo lugar encontré. Tomé un periódico del revistero, ubiqué una mesa cerca del ventanal. No leí el diario, había mucho para ver afuera.
El hombre se detuvo, cambió la carpeta de mano y miró. Me miró.
Yo respondí. Grandes ojos almendra, luces.
Levantó la derecha, palma extendida. Saludo tribal.
No sabía de quien se trataba. Al gesto gracioso, respondí con mi diestra.
Entró, se sentó sin que lo invitara. Osado.
En ningún momento dijo su nombre –Rafael-
Preguntó por el mío, -“Completo”- dijo. Pregunté por el suyo, algo me distrajo, no escuché o no lo mencionó –Rafael-
-Por qué me habrá elegido- me dije, pero no hice la pregunta.
-Estoy trabajando. Por eso te elegí- Respondió.
-Ah…¿Así trabajas? ¿Cómo? ¿Anotas? Veo muchos nombres en la lista en la que me agregaste.
-Mis pacientes. Son pacientes porque esperan ser curados.
-¡Yo no estoy enferma!, respondí en tono más alto, bien derecho el torso.
-Eso crees. Pero sanarás. Luego vendrá el pago.
-¿Qué te pagaré? ¡No creerás que soy adinerada! Estás poniéndome nerviosa, aclara esto.
-Te elegí porque tienes Fe y algo más. Sólo por eso. ¡Los incrédulos son tan difíciles! Todo lo cuestionan, no dejan hacer. Debes ser dócil Mujer.
-No soy dócil, dije.
-Lo serás- firme fue su respuesta.
Desde esa última frase, no hablé más. Él lo hacía mientras tomaba agua mineral. Mi café con leche se enfrió. Bien sé que estuve atenta. No perdí una palabra de Rafael, aunque no puedo recordarlas.
-¿Te volveré a ver? Dije con tono aniñado, casi un “Quédate”.
-Puede ser, Gracias.
-Gracias ¿por qué?
- Por permitirme entrar- Se puso de pié, se acercó a mí y dejó tres besos. Uno en cada mejilla. El tercero en la frente.
Se perdió entre la multitud, pero no pudo hacerlo de mi vista.
Frente a un joven disfrazado de malo se detuvo. Negro el atuendo, aros tatuajes y pulseras con pinches de acero, morral y manos libres que con un gesto negó, le palmeó el brazo y siguió caminando.
Rafael también, para el lado contrario.

Enfermé como él anunció. Me curé como predijo.
Estoy buscándolo desde el día que me dieron de alta.
No me gusta quedar endeudada, deseo saber en qué consiste el pago y el Algo más, que al pasar mencionara.
Si alguno sabe de él, recompensaré cualquier dato que pudiera brindar.
Para contactarse conmigo, por favor deje su comentario al pie.
Eternamente agradecida.
VC

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Puertas-II

Posteado en Magia sobre Mayo 14, 2008 por sentires

Algunas veces, alguien las abre y trae consigo una maravilla que nos deslumbra para toda la vida. Viene con algo divino lleno de magia y sol.
Como cuando nació mi primer hijo. Una niña pequeñita y delgada, con la que entró a la habitación una enfermera rubia y regordeta empujando la cunita de metal. Adentro, el bollo de personita apenas nacida, boca abajo, dormida serena y plácidamente.
Rosada y sana olía a bebé, mientras emitía pequeños suspiritos luego de succionar al aire una teta invisible con la que muy bien se alimentaba, porque durmió más de tres horas sin reclamo.
Luego demandó hasta hoy en un permanente ir y venir de retribuciones que crecen con ella.
Agradezco el habernos reencontrado luego de tantas vidas, tantos otros caminos recorridos en igual actitud amorosa, de camaradería y lealtad infinita.
VC

Embrujo

Posteado en Magia sobre Marzo 28, 2008 por sentires

ojospanteramarco.jpgNo pude resistir. Demasiado para mi asombro, estremecedor aún para lo inesperado.

Quise acariciarla y lo hice, se dejó querer. Me perdí en sus ojos de miel, en la oscura suavidad de su piel. Ella ronroneaba. También yo creí hacerlo. Fue el mejor hechizo que logré en mi vida.

Lamento mi querida no poder como antes, pasar las noches amándonos.
Sé que comprendes amor, siempre estimulas mis posibilidades.
Mis noches le pertencen. Las tuyas sabrás a quien las dedicas.
No siento celos. Creo amarte también.  Ahora disculpa, ya está anocheciendo.

V.C

Las Damas del Lago

Posteado en Magia sobre Febrero 1, 2008 por sentires

ladies_lake.jpeg“La primera lleva lámpara de aceite, las otras no. Siguen la estela de luz que va dejando. Unas miran el agua, las piedras, tierra y arena sobre las que pisan. Otras, atentas a los talones de aquella que le muestra la espalda. Para andar seguro sobre seguro, de noche hay que poner el pie donde ya lo puso otro y salió airoso.

La que toma la delantera, es quien guía porque ella conoce dónde está lo que busca. Las de atrás, más jóvenes, saben que un día serán portadoras de la luz y así por los siglos de los siglos, harán posta de la lámpara”

Teo y Juan, pegados sus cuerpos al suelo, cubiertas las cabezas con pasto seco detrás de altos juncos, miraban atónitos el fantasmagórico espectáculo.
-¿Cuánto hace que estas damas salen del Lago?, preguntó Juan sin quitar la vista del objetivo.
-Desde que tengo memoria mis abuelos contaron que, desde que tuvieron memoria sus abuelos y los abuelos de los otros abuelos dijeron unos a otros, que son Las Damas del Lago.  Como verás, etereas, casi idénticas…Las hay en todos los lagos.

En éste se dejan ver un poco más o será que estamos atentos, o que nuestros ancestros fueron precavidos y supieron guardar el misterio a buen recaudo.
-¿Qué misterio? ¡Las estamos viendo! ¿Qué hacen? ¿Salen y entran? ¿o sólo salen?
- Salen en luna llena. Cuando es tiempo de grillos y luciérnagas. Cuando de los pinos caen piñas cuando saltan liebres en el bosque…Ellas llevan luz.
- ¿Luz? ¿A quién le llevan?
-Estás pidiendo que te cuente el secreto amigo…y no lo haré. En cuanto a si salen y entran, se las ve saliendo. Nunca pudimos verlas regresar al lago.
-¡Dime qué hacen por favor! ¡Prometo, no divulgar el secreto!

Entusiasmado Juan levantaba la voz y de queda casi muda pasó a gritar la súplica, pudiendo delatar con ello el lugar desde donde observaban escondidos.
-No voy a decírtelo, sólo te hago una pregunta ¿Cuántos pájaros crees que habrá en el Mundo?  Teo miraba a su amigo severamente mientras hablaba. Juan tropezando con las palabras agregó,
-¿Pájaros?
-Sí, pájaros. Y baja el tono o no hablemos más.
-No tengo idea exacta por supuesto, pero debe haber ¿millones? ¿trillones? ¿Qué tiene esto que ver con mi pregunta?
-Todo. Dime, ¿Te parece que mueren alguna vez los pájaros?
-Por supuesto! Como todo ser vivo…
-Entonces sería lógico andar pisando, pateando cadáveres de pájaros ¿no crees?
-Y…sí, seguro. Deberíamos.
-Yo en toda mi vida, con mucha suerte debo haber visto dos.
-Yo, ninguno…
Y apenas respirando para no hacer ruido, agitados de ese hablar en secreto…
Miraban como una interminable hilera de Damas de Blanco, ingresaban ahora al bosque.

Viviana Comeron

(Texto inspirado en pintura de Rob Gonsalves)

Esta entrada fue publicada en Septiembre 21, 2007 a las 8:38 pm y archivada bajo Magia. Reedición .

El Mago

Posteado en Magia sobre Octubre 31, 2007 por sentires

“…Desde el principio he sido adorada y temida.
Todas las religiones crecieron conmigo y gracias a mí.
Mi nombre es Magia, y estoy en todas partes.”

Abraham B.Hurwitz

-No puedo entender que creas en esas cosas, ¡me extraña Francisco! un hombre de letras, todo un profesional, metido en esta paparruchada…no me cierra qué querés que te diga, no me cierra.
-Voy a rescatarte de tu escepticismo.
-Ah sí, claro ¿y cómo podrías hacerlo? tus truquitos no van a resultar soy un hueso duro de roer, con otros podrás esos crédulos, necesitados, los que se aferran a cualquier cosa conmigo…decime ¿cómo harías?
-Así.
Y con un chasquido lo hizo desaparecer. Se vio obligado, nunca pudo resistir los desafíos.
Durante dos horas lo dejó deambular por un mundo diferente, entre bosques, castillos, gnomos, caballeros y doncellas que por morder manzanas o pincharse con la aguja de una rueca duermen serenas a la espera del beso amoroso del príncipe valiente.
Asegurándose que todas las imágenes estaban a buen recaudo en su memoria chasqueó los dedos por segunda vez.
Alberto regresó un poco maltrecho. Enmohecido, ojeroso, desencajado y despeinado estaba nuevamente en el mismo sillón del que había partido.
Tardó en hablar tanto como duró el viaje.
Francisco le sirvió un coñac y extendiendo la copa preguntó como afirmando,
-Estás bien.
-Nunca voy a perdonarte -respondió dando un sorbo a la bebida al tiempo que metía la mano en el bolsillo izquierdo de su chaqueta para sacar con cierta dificultad algo que parecía una escama. Con evidente enojo la puso en la mano de Francisco quien sin vestigio alguno de asombro dijo sonriendo,
-Ah…de dragón, gracias.
V.C.

jun 21st, 2007 by sentires

El Caballero, la Bruja y el Rey

Posteado en Magia sobre Octubre 25, 2007 por sentires

…El rey moría.
Nadie supo identificar, menos aliviar, el mal que le provocara agonía desde hacía días.
Su fiel caballero permanecía sumido en la mayor tristeza.
Fija su mirada en el anciano. Embebía sus labios, acomodaba el cuerpo enjuto…Sosteniendo la ténue luz de las lámparas encendidas. Cerraba y abría
los pesados cortinados según fuera el sol, según la luna.
Desplomado en un sillón junto a él, con un gesto nostálgico, acariciaba su barba entornando los ojos para recrear los pensamientos que lo  llevaban de una a otra escena, tantos recuerdos que la amistad entrañable fortaleció en esos años compartidos.
No moría el Rey, se iba el Amigo. El hombre que hizo de Padre, quien fue su mayor motivación, su desafío. A su lado creció como guerrero, desde la paz le enseñó los más valiosos tesoros a los que podía aspirar un Caballero. Ninguno tenía precio. No podían ser guardados en cofre alguno. Ya le pertenecían.
Un viejo sirviente se acercó y ofreciendo frutas dijo al joven,

-Ya queda poco tiempo de sufrimiento mi Señor, he visto a otros morir de esta muerte…déjelo partir.
El Caballero se puso de pie enérgico y empujando al hombrecito gritó descontrolado,
-¡Qué dices viejo estúpido! , el Rey no ha muerto aún, si no tienes nada mejor que decir ¡vete de aquí!
Al tiempo que se retiraba girando apenas la cabeza dijo al Caballero,
-Es tarde, lo sé… pero hay sólo una que podría salvarlo, sólo una…
-¿Cómo que sabes de alguien?…¿y no lo has dicho en todo este tiempo? ¡dime quién es!
El sirviente dejó caer la bandeja, comenzó a temblar ante la espada en alto y la ferocidad del hombre que lo había atacado más para matarlo que para escucharlo…
-La única que tal vez pueda hacer algo por él, es la Bruja de la Montaña. Esa, Señor Ud. sabe…No me atreví, perdón, perdóneme.
-Dime, cómo llego a ella, ¡Ya dime!
No había tiempo que perder…El alba anunciaba un día caluroso.
Montado en el caballo negro con el que tantas batallas había librado, enfrentaba ésta, la más insólita porque sin creer, confiar en lo imposible fuera de toda lógica…más cerca de la locura que de la cordura, en busca de un ser despreciado y temido por todos,
recurriendo a quien fuera echada del reino para sacar a la muerte misma, iba ahora…por vida.
Sus talones apuraban el galopar del animal, las rodillas se clavaban buscando equilibrio…Su cuerpo tenso inclinado sobre la inmensa cabeza que se agitaba, siguiendo el ritmo de la carrera. Las riendas ajustadas, desafiaban el instinto salvaje del pura sangre. Parecía comprender la urgencia, volaba sobre un terreno irregular, escarpado,
estéril y por momentos, lúgubre y enmarañado.
Sólo el último intento. Un último intento.

La Montaña Negra…
Ahí estaba. Siniestra, imponente.
Dónde había quedado el sol, dónde el calor. Nada resultaba agradable…Un olor fétido insistía en permanecer acrecentándose mientras avanzaba hacia la entrada de la
cueva.

¿Qué era esto que sentía? ¿Miedo? Miedo sí…su corazón latía descontrolado. Había llegado. La angostura de la cavidad sólo dejaba lugar a cientos de velas que encendían las rocas. Contaba sus pasos como si supiera a cuántos daría con ella.
Un amplísimo espacio circular se abría ante sus ojos y en medio del lugar, una marmita respondía al fuego alimentado por enormes troncos.

De espaldas a él, alguien revolvía el interior con una vara que recta y larga, sobraba de la mano huesuda más del doble de la altura del recipiente.
Entre humos, vapores y olores irreconocibles, una voz lo estremeció.
-Detente, no avances más…retrocede y vete. O si prefieres, te convierto en sapo.
Intentó un “Señora…” que apenas pudo emitir con titubeo infantil pero fue interrumpido por la misma voz ahora más alta y segura dijo,
-Morirá, y yo…no pienso hacer nada por el infame. Morirá ¡Que se pudra, como todos los muertos! ¡Vete ya!
Dió dos pasos hacia ella mientras se sujetaba con fuerza al puño de la espada,
-Haz que viva…por favor. Dijo como implorando por su propia vida. La risa de la bruja fue más desagradable que su imágen. Riendo, giró mirándolo a los ojos con otros, que parecían no pertenecer a su rostro,
-Bien, lo intentaré, pero a cambio… y si logro salvarlo…
-¡Si, lo que tu quieras! ¡Pide lo que quieras! ¿Qué es? ¡Te daré lo que pidas, lo que pidas dime!
Una carcajada estrepitosa, maléfica, burlona antecedió la frase que cargaba con cierta picardía,
-Cásate conmigo.
……………………….

Pensamientos, sentimientos, imágenes, todo desfiló ante él en un instante. Sería la burla de los hombres, el mundo entero hablaría de su estupidez.
¿Qué pesadilla le proponía el destino?  ¿Sería éste un mal sueño del que no podía despertar? Y cientos de recuerdos, en los que el protagonista era su amigo, borraron las consecuencias de lo que diría a continuación,
-Hecho. Si no muere. Pero vamos ya, no queda tiempo.

El caballo se inquietó ante la presencia de la mujer a quien el Caballero sostenía del brazo. La tomó de la cintura para sentarla en las ancas del animal y partieron los tres por el mismo sendero por el que había llegado. Aún así, el tiempo que demoraron, no se ajustaba al que antes había recorrido solo.
“Más de tres noches para llegar, menos de tres horas para retornar. Mejor, no pensar -se dijo- mejor no pensar”

El caballo avanzaba a paso de hombre por las estrechas callejuelas.
Los postigones de las ventanas se cerraban a su paso, las mujeres corrían a sacar los niños de su inocente juego…Varios hombres reunidos enmudecieron para dar lugar
al que avanzaba.

Veían al Caballero más noble del reino, el más valiente soldado del Rey, su casi primogénito, el que sentara a su diestra, el que fuera motivo de celos en los hombres y deseo de las mujeres, al temido y respetado…Trayendo a ese horrible espanto a sus espaldas a sabiendas que bien merecido tuvo el destierro.
Murmuraban, “Enloqueció, la pena lo enloqueció”

-¡Abran!, gritó a la guardia de palacio.
Ayudó a descender a la mujer y tomando la pesada bolsa que llevaba consigo…avanzaron ante las miradas atónitas e inquisidoras de cuantos les dejaban paso.
En los aposentos del Señor eran muchos los que rodeaban su lecho.
Les ordenó salir. Esperó, nadie se movía, contenían la respiración, no supo
si por miedo, asombro o para evitar el olor nauseabundo que emanaba la vieja que ingresaba con él.
-¡Fuera dije!
De a uno salieron a disgusto, mirándolos de reojo meneando la cabeza. Quedaron solos.

La mujer se paró a los pies del moribundo. Se limitó a observar, la dejó hacer.
Tres noches, tres días…Escuchando a la vieja balbucear en extraña lengua, viéndola mezclar líquidos, pasándolos de un frasco a otro, untándolo con aceites, quemando hierbas, aventándolo con las manos descarnadas, elevando la mirada a
un cielo que no podía verse mientras entonaba un cántico sin instrumentos pero con música.
El cansancio, al fin lo venció.
Durmió profundamente, no supo cuánto tiempo.
Para despertarlo hicieron falta varias palmadas de la vieja,
-Ahí lo tienes…ya vive, despierta tú ahora.

Su Señor había regresado. Más vigoroso y malhumorado que nunca, enfurecido como solo lo viera en el campo de batalla, gritaba por comida y pedía le saquen a
esa espantosa y fétida mujer de su presencia…Que quién se la puso delante. Que mataría al imbécil que la hubiese regresado a su palacio, a su reino, que la echen o le daría con su propia espada hasta partirla en dos…o en tres.
En vano el caballero intentaba explicarle la situación, menos aún, el costo que debería pagar por vida.
La vieja no parpadeaba, lentamente juntaba sus frascos y los regresaba a la bolsa, su trabajo había concluido.

La secuencia de escenas que ambos -Rey y Caballero- protagonizaron, no merecen descripción por la obviedad de las circunstancias. Tampoco se registran los diálogos que
acaloradamente sostuvieron. El Rey, pretendiendo detallar un despliegue de razones por las que consideraba disparatado el precio propuesto por su vida, la que hubiese elegido perder de haber sido consultado.
El Caballero, reiterando el valor de la palabra dada, que así se haría y ya.
Bien sabía el Monarca que la palabra, tenía para él tanto peso como su amistad.

Fue el único invitado a la boda.

Las campanas de la capilla real, continuaron repicando hasta entrada la noche. Ningún hombre en las calles, ningún niño.
El carruaje se perdía en el sendero que llevaba a los recién casados hasta la morada del esposo.
-Espera adentro, ya regreso, dijo mientras tendía la mano a la mujer para que descendiera del coche.

“Y ahora…qué”
Se tomó un buen tiempo para entrar, todo el que pudo.
Respiró profundamente, sería peor que tragarse una rata peor que caminar entre los muertos después de una batalla. Peor que todo lo peor y más.

Al abrir la pesada puerta, frente al hogar encendido, vio una mujer que entibiaba sus manos. No era la anciana que trajo hasta la casa…
-¿Quién es Ud. Señora?
-Soy tu esposa, ¿no me reconoces?
Ante él la más hermosa jóven esbelta y dulce mujer que jamás viera, sonreía.

Imposible describir tanta perfección con simples palabras.
Avanzaba lentamente hacia él. Una fragancia suave y sensual emanaba de ese cuerpo. Inmóvil la miraba embelezado. Ella dijo entonces,
-Me has tratado con tanto respeto, fuiste tan gentil conmigo, tan fiel a tus principios…tan valiente y osado querido Señor, que te daré a elegir ahora:
¿Cuándo quieres verme así? ¿de día?, para que todos puedan también verme y borrar con mi imagen la deshonra que ganaste con tu atrevimiento? ¿O de noche? para que seas el único en disfrutarme y gozar de los placeres que tengo para darte.
Demoró en responder el tiempo que le llevó recomponerse e imaginar cada una de las dos propuestas, al fin, dijo mirando los ojos celestes de la mujer
-Se ésta, cuando lo desees.
-Entonces, ya  que me permitiste ser yo misma siempre, y porque tus bondades generaron en mí puros y bellos sentimientos, seré como ahora me ves, día y noche por el tiempo que el Tiempo nos permita…Señor.

Fueron felices muchas veces.
Rieron más de lo que lloraron.

Dicen, que siguen juntos en la geografía mágica de los cuentos. Que algunos hombres pueden verlos. Esos, afirman que Ella continúa sosteniendo una belleza inusual. Cuentan que Él no pierde el vigor ni el valor ni la hombría a la que ahora suma alegre sabiduría.
Otros…perciben su cercanía por un aroma inconfundible a jazmines.
…………………………………..

V.C.

Las Damas del lago

Posteado en Magia, reedición sobre Septiembre 21, 2007 por sentires

“La primera lleva lámpara de aceite, las otras no. Siguen la estela de luz que va dejando. Unas miran el agua, las piedras, tierra y arena sobre las que pisan. Otras, atentas a los talones de aquella que le muestra la espalda. Para andar seguro sobre seguro, de noche hay que poner el pie donde ya lo puso otro y salió airoso.

La que toma la delantera, es quien guía porque ella conoce dónde está lo que busca. Las de atrás, jóvenes, saben que un día serán portadoras de la luz y así, por los siglos de los siglos harán posta de la lámpara”Teo y Juan, pegados sus cuerpos al suelo, cubiertas las cabezas con pasto seco detrás de altos juncos, miraban atónitos el fantasmagórico espectáculo.
-¿Cuánto hace que estas damas salen del Lago?, preguntó Juan sin quitar la vista del objetivo.
-Desde que tengo memoria mis abuelos contaron que, desde que tuvieron memoria sus abuelos y los abuelos de los otros abuelos, dijeron unos a otros que son Las Damas del Lago. Como verás, etéreas, casi idénticas…Las hay en todos los lagos. En éste se dejan ver un poco más o será que estamos atentos, o que nuestros ancestros fueron precavidos y supieron guardar el misterio a buen recaudo.
-¿Qué misterio? ¡Las estamos viendo! ¿Qué hacen? ¿Salen y entran o sólo salen?
- Salen, en luna llena. Cuando es tiempo de grillos y luciérnagas. Cuando de los pinos caen piñas cuando saltan liebres en el bosque…Ellas llevan luz.
- ¿Luz? ¿A quién le llevan?
-Estás pidiendo que te cuente el secreto amigo…y no lo haré. En cuanto a si salen y entran, se las ve saliendo. Nunca pudimos verlas regresar al lago.
-¡Dime qué hacen por favor! ¡Prometo, no divulgar el secreto!

Entusiasmado Juan levantaba la voz, de queda casi muda pasó a gritar la súplica, pudiendo delatar con ello el lugar desde donde escondidos, observaban.
-No voy a decírtelo, sólo te hago una pregunta ¿Cuántos pájaros crees que habrá en el Mundo?, Teo miraba a su amigo severamente mientras hablaba. Juan tropezando con las palabras agregó,
-¿Pájaros?
-Sí, pájaros. Y baja el tono o no hablemos más.
-No tengo idea exacta por supuesto, pero debe haber ¿millones? ¿trillones? ¿Qué tiene esto que ver con mi pregunta?
-Todo. Dime, ¿Te parece que mueren alguna vez los pájaros?
-Por supuesto! Como todo ser vivo…
-Entonces sería lógico andar pisando, pateando cadáveres de pájaros ¿no crees?
-Y…sí, seguro. Deberíamos.
-Yo en toda mi vida, con mucha suerte debo haber visto dos.
-Yo, ninguno…
Y apenas respirando para no hacer ruido, agitados de ese hablar en secreto…
Miraban como una interminable hilera de Damas de Blanco, ingresaban ahora al bosque.

Viviana Comeron

(Texto inspirado en pintura de Rob Gonsalves)

Esta entrada fue publicada en Septiembre 21, 2007 a las 8:38 pm y archivada bajo Magia, reedición .

El Anticuario de Bamberg

Posteado en Magia sobre Septiembre 7, 2007 por sentires

-No Señor. De ninguna manera puedo hacer una rebaja sobre el precio estipulado ¿Ud es conciente del valor que tiene la capa? ¿Reconoce su antigüedad?
- No niego su valor. Pero excede mi presupuesto, disculpe que resulte tan insistente.
-Descuide, todos lo hacen. Por otro lado yo creo que si tiene que ser suya, de alguna manera el dinero aparecerá.
-Lo dudo. Creo en la magia pero esto ya sería un milagro…¿Puedo probarla?
-¡No! Eso no está permitido. Quien la lleve, ése la probará. No es capricho ni norma de la casa. Las Instrucciones que acompañan la prenda son precisas.
-¿Cómo? ¿Tiene instrucciones de uso? ¡No puedo creerle! Muéstreme, si no lo veo no creo.
-¿No cree Ud. que los milagros y la magia van de la mano? ¿Cómo piensa dedicarse a la Magia? Hace un momento afirmó una parte y negó otra. Esta función requiere firmeza. No se puede creer a medias.
-Y…sí. Me gustaría creer. Realmente quisiera sentir la verdad de este concepto aquí, dentro del pecho. No tener ninguna duda. Pero la Fe no se compra, no se consigue con dinero ni con estudio, no se otorga con diplomas en ninguna Universidad. No la regalan en la puerta de las Iglesias. Nada de eso.
-¿Alguna circunstancia lo ha defraudado últimamente?
-¡Alguna! Sí, hubo alguna.
-Tal vez la contrariedad le sirva de ayuda. No se sienta apenado. ¿Quién le dice? y termina siendo su mejor comprobación. Vamos, anímese hombre! Tengo un libro para venderle, ¿quiere verlo?
-No gracias, yo sé lo que vine a buscar. Por favor, piense hasta mañana lo del descuento…¡3000 € es mucho dinero! Considérelo.
-Ni un céntimo menos amigo. Es lo que vale.

La puerta se cerró tras la decepción. Levantó la solapa del abrigo y afirmando a la cabeza su sombrero gris de felpa, salió al encuentro del frío.
Recorrió más de treinta anticuarios situados entre el Domberg y el Antiguo Ayuntamiento. Ninguna capa, ni parecida.
Una brisa helada lo dejó todo en bruma. Nevisca.

El anticuario colgó nuevamente la prenda en su percha de ébano.
Sacudió algún polvillo atrevido de la pechera y se olvidó del regateo.
Se veía impecable entre una hilera de camisolas de seda blanca semejantes al interior de la capa. Seda gruesa sin labrado que como único detalle casi imperceptible le había sido bordado un pequeño escudo en la parte interna que apoyaba en la espalda.
Los ojos de Grand se detuvieron en la imagen de Santa María de Veit Stoss. El escultor la dejó en la Catedral de Bamberg en su altar Mayor. Alguien, la bordó con esmero dentro de la capa, sin olvidar al Arcángel Gabriel que también fuera esculpido en el altar . Ciertos datos, en apariencia fuera de toda lógica, rescató su memoria,

“En 1633 fallecía el príncipe Obispo de Bamberg, Johann Greorg II Fuchs van Dornheim bajo cuyo gobierno se produjo la mayor caza de brujas en Bamberg y su entorno alcanzó el punto álgido”. Hizo un gesto con el hombro…comprobó las 12 en el reloj de bolsillo y salió rumbo a su almuerzo cerrando la puerta con doble llave.
Ya las 15.
Nuevamente el campanilleo, anunciaba el ingreso de algún curioso, nadie compraba desde hacía tiempo.
Mujer alta, rubia, anteojos negros, abrigo de piel, guantes, cartera…botas de caña alta, buen perfume.

Grant, nunca pereguntaba ¿Qué le muestro? ¿Qué le ofrezco? ¿Qué quiere llevar? ¿Algo en especial? Nada. Permanecía parado frente al escritorio de roble, ordenado como todo el espacio, miraba a los ojos del ‘cliente’, dibujaba una mínima sonrisa para dar inicio a algo. En este caso, a nada. La señora más seria que él, puso directamente los ojos en la capa negra.
-Quiero esa capa.
-¿Piensa regalarla?
-No, es para mí.
-¿Ah sí? Mire Señora, le explico….
-No me explique nada, la quiero y voy a llevarla.
-Le diré que su costo…
-Yo no le pregunté el precio.
-Tampoco iba a mencionarlo. Si Ud me permite hablar, le comentaré…
-Bien hable, pero la capa me la llevo igual.
-Señora, ésta es una capa de Mago.
- Lo sé. Lo soy.
- ¿Mago? No, puede hacer buenos trucos…algo semejante. Pero Magia, No.
- ¿Machista? No me haga reir Señor…¿su nombre?
-Grant Haunm. No es mi intención provocarle risa, pero sí mi obligación aclararle algunos puntos. Esta Capa es capa de Mago. El rango de Mago lo ostenta un Hombre, y no cualquiera por cierto…
-¡Mire Usted!…¡Las cosas que me informa! Todo tiene un precio en la vida, ¿Cuánto quiere?
-No Puedo vendérsela. ¿Es que no entiende?
-Debí mandar a mi secretario para esta operación. No pienso discutir con Ud. no hay que tener trato con empleados, ¿El dueño de la casa?
-Soy el único dueño y empleado de mí mismo, Señora. Si Ud quisiera una túnica de Hechicera….tengo para mostrarle de todo tipo y antigüedad… ¿Quisiera ver?
-No, gracias. Regreso por la capa. A todas estas, no me dijo el precio.
-15900 € Señora.
-¡Ahora sí logró hacerme reír!…Es Ud un arrogante, mercachifle. Sabrá de mí.
La Puerta golpeó hasta hacer caer las campanillas. Grant volvió a colgarlas.
De regreso,  otra miradita a la capa de pana negra. Cada día más brillante, suave, colgada como si de pie estuviese lista para la función.
Al cabo de media hora se abrió la puerta con suavidad. Grant miraba por la vidriera a la calle. Estacionado, un auto fantástico. El escudo cual mascarón de proa, mostraba una joven en plena figura de ballet, una gacela.
- Tardes heladas…
- Ya lo creo, nevará esta noche. Puede dejar el paraguas cerca de la puerta si gusta.
-Ah sí, perdón, para qué mojar la alfombra.
-Mucho gusto, Ram Fordy’s.

-Encantado, Grant Haunm.
-Voy a lo mío, para no perder tiempo, a ver- con el índice aún enguantado dijo  -Eso-  y señaló la capa.
- Ah, la capa. Sí.
-¿El precio?
-20.000€
- Bien, la llevo.
-Disculpe. No puedo vendérsela.
-¿Por qué razón? ¿No es esto un negocio de antigüedades? ¿O acaso es un Museo? ¡Explíquese!
-No tengo nada que explicarle mi buen señor, solo que no puedo vendérsela a Ud.
-Eso es lo que quiero que me explique…¿Porqué no a mi? ¡Porqué no a mí!
-¿Para qué la quiere?
-Soy mago. ¿Alcanza con eso? Además, ¡no tengo por qué darle explicaciones! La puedo querer para disfrazarme, para lo que se me antoje! ¿Qué le importa? ¡Entrometido!
-Ud. lo ha dicho, no me importa. Pero no se la vendo.
- Pero….habráse visto arrogancia! ¿Quién cree que es Ud.?
-Yo soy el custidio de la capa ¿Entiende Señor?
-¿Custodio? No, no entiendo.
-Bueno, es una manera de decir, soy el dueño ¿más claro?
-No. Pero esto así no queda, yo vengo de Francia para llevarla y me la llevaré. Regreso.
-Cuando guste Caballero.
-Antes de salir….quiero probarla.
-No. Eso es imposible, la probará quien se la lleve. Nadie antes. Está indicado-
-Indicado ¿Dónde? Yo a Ud lo denuncio, ni le quepa duda. Este atropello sale en los medios- se fue dando otro portazo.
-Señor! ¡Se olvida el paraguas!- Se lo arrebató de la mano mientras empujaba al chofer que sostenía la puerta del auto. No agradeció.

Casa Haunm –Anticuario- 1805-2007
Hacía tiempo que estaba en quiebra. Desde sus tatarabuelos seguramente. Los bancos del Ayuntamiento toleraban la postergación de pagos. Grant estaba cansado, Úrsula su esposa, más que él. Pero sabía que el hombre no tenía remedio, siempre hizo lo que quiso o como él decía, “Hago lo que debo, no me molestes mujer”
Ese viernes amaneció helado pero un tibio sol dejaba las calles iluminadas. Levantó la ruidosa persiana de hierro y quitó las dos llaves para abrir la puerta. Lindo se veía el lugar, entraba el sol a todos lados.
Bajó al sótano.  Frente a la caja fuerte se concentró hasta hallar el número de la combinación en su memoria, “Un día me la olvido” –pensó en voz alta y sonrió-
Ahí estaba, de pie, la capa.
Descolgó, cerró y subió.

Otra vez en el perchero.

Le dieron ganas de abrazarla esta mañana, no supo bien porqué se emocionó al verla, sintió ternura, devoción, respeto. “Bueno, es una capa…ya estoy demasiado viejo creo, desbordo fácil”
La puerta se abrió, el frio helado que se introdujo le hizo girar. Estaba de pie bajo el dintel un hombre alto.
-Permiso- dijo con voz suave.
-Pase caballero, cierre rápido, ¡qué frio!- apoyó los nudillos en el escritorio y como asomando el cuerpo por un balcón, dijo con su mejor sonrisa.
-¿Qué busca Ud?
-Nada especial y todo, porque Todo lo que aquí veo es especial. ¿Me permite mirar?
-¡Claro mire a su gusto! –mientras, el que miraba, era el vendedor.
Hombre adulto. Buen abrigo, sin guantes, una pipa apagada en la derecha, boina negra y bufanda de colores. Se movía con lentitud, sereno, observaba deteniéndose ante los objetos más caros en exhibición.
Quedaron de frente, escritorio mediante. Capa al fondo en perchero.
Grant sonrió sin esfuerzo, Charles sostuvo la misma sonrisa con la entró al lugar.
-Hermosa ¿Puedo verla?
-Claro.
-Pesada.
-¿Quiere probarla?
-Por supuesto. ¿Huele a lavanda?
-Sí,  a veces le pasa.

Viviana Comerón

Yo creo

Posteado en Magia sobre Agosto 30, 2007 por sentires

Que algunos se pierden de vista en el hasta luego o sin saludo, hasta nunca.

De la memoria, no se van. Excepto que no haya dejado nada. Los hay de quienes ni el roce percibimos, ni el vientito que provoca el cuerpo cuando pasan cerca, nada.

Otros, impregnan. Sellan, firman, marcan, imprimen y apenas en un segundo ocurre un encuentro y el milagro se hace eterno.

Algunos pasan una vida juntos. Como nada, ni llegan ni se van porque nunca se entendieron. Como babeles, hablaron en diferente idioma.

El Alma se guarda los mejores momentos. Su ‘memoria’ es infalible.
Instantes en los que amó y le amaron. En los que la risa se hizo música.
Gente querida con rostro. Unos queridos fantasmas, a los que ponemos facciones que adivinamos jugando. Se puede acertar o no ¡Qué importa!
Queremos su letra, sus expresiones, el decir bien o mal. Nos inquietan sus silencios, nos alegra reconocerles en la caligrafía. Los conforma y cada palabra arma el retrato.
Y al fin, que como Somos Uno…En algún lugar, en un momento, no sabemos cuál…Nos hemos visto y nos vemos, nos besamos y abrazamos nos llenamos de uno en otro, nos fundimos. Seguimos dándonos.

V.C.

El Mago Blanco

Posteado en Magia sobre Agosto 26, 2007 por sentires

Lo mío se transformó en obsesiva investigación.
Durante la empresa, hallé a más que lo conocieron y también desean encontrarlo.
Algunos dicen que es leyenda, que nunca existió. Otros mencionan con detalle las horas y días que pasaron juntos. Muchos, ni quieren decir. Juran que es cuento.
Recorriendo las calles de su tierra, esa que entre mar y montañas se yergue airosa,
angosta y fértil, pude conocer más de esta leyenda cuento historia de vida, relato
mentira o verdad verdadera.
Lo cierto es cierto, aunque crean pocos o nadie.
Lo que es, Es.

Hombre común, alto delgado, gesto austero.
Serio, apenas mínima sonrisa. Las manos quietas al hablar. Sin grandilocuencia.
Sereno. De andar lento. Por momentos, Niño. Otras como un Hombre, joven, adulto, anciano. Muta. Voz profunda, ahuecada al oído como proveniente de un tubo de madera.
Para todos tiene un nombre diferente, cuestión que aún no damos con el suyo.
Pero para distinguirlo en el cuento -si es que es cuento- lo llamaré “Rafael”

Vive en un barrio alejado. O dos o tres, porque nunca va para el mismo lado al irse.
Sale temprano con ropa sencilla, limpia y humilde. Huele a lavanda.
Algunas veces lampiña la cara, otras, barbado de semanas. En su mano derecha, una carpeta. En la izquierda, nada. Balanceando ambos brazos, camina sin exagerar la marcha. Parece que ése es su trabajo, caminar.

Aunque seguro sabe siempre adonde va.

Esa mañana, las calles concurridas por todos los que realmente llevan apuro.
Por dormidos, preocupados, por rutina por ansiosos, por nerviosos, interesados o apáticos. Mendigos sentados en las veredas. Mujeres fregando otras veredas.
Agentes para ordenar tránsito que en todas partes desordenan. Semáforos, autos, transportes, bocinas, bicicletas, plazas. Niños a la escuela, madres amorosas. Madres golpeadoras por nada, pero en público. De todo había. Como en cualquier ciudad.
Los negocios recién abrían sus puertas, y los comerciantes con idéntica maniobra, acomodaban la mercancía.
Y por allí pasaba yo.
Buscaba un café. Iba por mi desayuno.
Lindo lugar encontré. Tomé un periódico del revistero, ubiqué una mesa cerca del ventanal. No leí el diario, había mucho para ver afuera.
El hombre se detuvo, cambió la carpeta de mano y miró. Me miró.
Yo respondí. Grandes ojos almendra, luces.
Levantó la derecha, palma extendida. Saludo tribal.
No sabía de quien se trataba. Al gesto gracioso, respondí con mi diestra.
Entró, se sentó sin que lo invitara. Osado.
En ningún momento dijo su nombre –Rafael-
Preguntó por el mío, -“Completo”- dijo. Pregunté por el suyo, algo me distrajo, no escuché o no lo mencionó –Rafael-
-Por qué me habrá elegido- me dije, pero no hice la pregunta.
-Estoy trabajando. Por eso te elegí- Respondió.
-Ah…¿Así trabajas? ¿Cómo? ¿Anotas? Veo muchos nombres en la lista en la que me agregaste.
-Mis pacientes. Son pacientes porque esperan ser curados.
-¡Yo no estoy enferma!, respondí en tono más alto, bien derecho el torso.
-Eso crees. Pero sanarás. Luego vendrá el pago.
-¿Qué te pagaré? ¡No creerás que soy adinerada! Estás poniéndome nerviosa, aclara esto.
-Te elegí porque tienes Fe y algo más. Sólo por eso. ¡Los incrédulos son tan difíciles! Todo lo cuestionan, no dejan hacer. Debes ser dócil Mujer.
-No soy dócil, dije.
-Lo serás- firme fue su respuesta.
Desde esa última frase, no hablé más. Él lo hacía mientras tomaba agua mineral. Mi café con leche se enfrió.  Bien sé que estuve atenta. No perdí una palabra de Rafael, aunque no puedo recordarlas.
-¿Te volveré a ver? Dije con tono aniñado, casi un “Quédate”.
-Puede ser, Gracias.
-Gracias ¿por qué?
- Por permitirme entrar- Se puso de pié, se acercó a mí y dejó tres besos. Uno en cada mejilla. El tercero en la frente.
Se perdió entre la multitud, pero no pudo hacerlo de mi vista.
Frente a un joven disfrazado de malo se detuvo. Negro el atuendo, aros tatuajes y pulseras con pinches de acero, morral y manos libres que con un gesto negó,  le palmeó el brazo y siguió caminando.
Rafael también, para el lado contrario.

Enfermé como él anunció. Me curé como predijo.
Estoy buscándolo desde el día que me dieron de alta.
No me gusta quedar endeudada, deseo saber en qué consiste el pago y el Algo más, que al pasar mencionara.
Si alguno sabe de él, recompensaré cualquier dato que pudiera brindar.
Para contactarse conmigo, por favor deje su comentario al pie.
Eternamente agradecida.
VC

Convidados de Piedra

Posteado en Magia sobre Junio 21, 2007 por sentires

Esperaba verla entrar con emoción de madre en casamiento de su única hija mujer, la Nena.
Desde el altar olía a jazmines, no pudo ser otro el perfume es mi preferido y el casamiento en diciembre…y diciembre, siempre huele a jazmines.
Un coro de sopranos hacía honor al Ave María y todos los presentes, engalanados…ataviados con exquisito gusto, fragantes y conmovidos miraban hacia las puertas enormes de madera que permanecían cerradas.
Dos pequeños tomaron sendos picaportes y frente a nosotros, estaba Ella inmóvil…apenas respiraba, la frente alta y la sonrisa temblando en los labios.
Tan hermosa, radiante, nívea como hada de cuento. Su piel fresca y el rostro feliz, fueron el centro de todas las miradas. Nadie miró el vestido, ni el tocado, ni el ramo magnífico. Nadie vio que el padre la llevaba como quien muestra su mejor obra terminada…Las figuras eclipsaron los ojos humedecidos de los que,  envueltos en la misma nube de gracia, apenas llevábamos la mano hacia la cara para secar esa lágrima que rodaba.
Todos coincidieron luego de la ceremonia, que esta niña mía caminó hacia el altar con cientos más de compañía. Se dieron cita elevados Arcángeles del cielo, sin que fueran intencionalmente invitados por los novios (fue la mayor descortesía de la que tengo memoria) Dicen que sólo ellos son capaces de generar ínfimas luciérnagas destellantes, las usan en contadas ocasiones…Lo pude comprobar. Esta que les cuento, fue una de ellas.

Viviana Comerón

El Genio

Posteado en Magia sobre Junio 21, 2007 por sentires

Asomó de la botella como una densa bruma y de ella, estilizado, enjuto, despeinado y con gesto adormilado, se dejó ver el Genio, que por cierto tenía mal genio.
Tantos siglos en paz y ahora éste estúpido frotándome.

-Qué quieren de mí.
Gritó a los tres jóvenes que lo miraban sin abrir los ojos, con el cabello erizado, pegados contra la pared de ladrillos, quitándose de encima las telarañas engomadas que insistían en atraparlos como a insectos.
-Digan pronto, qué desean, no tengo mucho tiempo. A la cuenta de tres, ya debe estar listo el deseo.

-Pero cómo… ¿no eran tres?, tartamudeó uno de los jovencitos,
-Nada de tres, con esto no se juega, uno sólo es suficiente. Rápido, se termina, pierden la
oportunidad- extendía el sonido de las aes para poner en evidencia el gran enojo y sus pocas pulgas.
Los pobrecitos se miraban atónitos, interrogantes, al borde de un ataque de pánico. De reojo veían agitarse en el espacio húmedo y sucio, la imagen imponente del Genio cuyo genio, empeoraba al paso del tiempo que se demoraban en la elección del único deseo que les concedería.
Al fin, uno de ellos, avanzando un paso al frente, como quien está a punto de saltar al abismo, sacando pecho, levantando la barbilla y clavando sus pupilas en las del Genio, dijo de una vez y sin respirar,

“Quiero que este lugar se trasforme en un palacio que será nuestro hogar bajo tu cuidado y atención permanente a fin que nada nos falte ni nadie nos dañe jamás”

Tuvo que reconocerlo,
“Este joven es un genio”, se dijo.
Y quitando la pose de dueño de los mundos, extendió los brazos cruzándolos sobre sus hombros al tiempo que decía,
-Así será Amo, por siempre.

Viviana Comerón