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Rescate

Posteado en Foro Cuentos, Volver a Ser sobre Abril 10, 2008 por sentires

Se cortó la luz. Esperé un momento quieta en el sillón. Nada.
Reparé en la serena respiración que acompañaba el leve e imperceptible movimiento de mi cuerpo, suave ir y venir del inspirar y espirar. Conté hasta cuatrocientos de estos.
Durante ese tiempo, del que perdí noción, reconocí que ningún pensamiento atravesó mi frente -porque allí se alojan, como pantalla de cine, en la frente-
Ninguno a la vista. Me asusté. Imposible no pensar.
Por la persiana entreabierta se filtraba un mínimo haz. Claro, de luz.
Igual no veía casi nada, un mareo intenso me hizo perder el equilibrio. A tientas, esquivando la mesa del centro, el sillón de un cuerpo, el piano, la planta, la lámpara de pie y el revistero, llegue hasta el pequeño cajón del aparador, donde te guardé.
Lo abrí sin esperanza de encontrarte vivo, no más que cenizas, pero miré igual con cierta ilusión. Tonta, me dije, no va a estar. Y no estabas ni de rastro.
Te pensé fuerte, fuertemente. Cerré los ojos, como cuando era niña y soplaba las velas de la torta, sacando con el aire el deseo del alma. Puse toda mi energía en recobrarte, te llamé desesperada aunque en silencio. Entonces ocurrió.
Del fondo del cajón asomaste la cabeza como diciendo -Ya voy, no grites.
Se cayeron varias de mis lágrimas sobre tus flamantes plumas y extendiendo las alas, me diste tan fuerte abrazo que volví.
Gracias mi querido Ave Fénix. Gracias por resucitar siempre a tiempo para que yo renazca.

…Y vuelo.

Posteado en Volver a Ser sobre Abril 3, 2008 por sentires

2dizziness-iman-maleki.jpgTengo la página en blanco mirándome. Es tan inmaculada. No hay en ella huella alguna que señale un pensamiento. Ni una mínima muestra de intento.

Creo sucumbir ante su pureza muda y me retiro vencido, inerte, llena de cobardía el alma.
Espero otra hora y otras más para regresar.  Que el sol trepe al cenit del día. Que luego caiga entre rosas y naranjas para la despedida. Que suba la luna y se alcen las sombras.

Contaré estrellas si las hay o nada. No cuento nada parece. Hoy no cuento ¿Quién lo hará por mí? ¿Alguien lo hará por mí, por él, por Nosotros?

Dice que sí.

Me hago liviano…

V.C.

Iman Maleki -Dizziness -

Oda a tu caricia

Posteado en Volver a Ser sobre Enero 9, 2008 por sentires

ex_amo_ed-tomasz-rut.jpgSi alguna vez confío, es cuando me abrazas. Te dije y sonreíste.
Si puedo cerrar los ojos sin miedo están tus manos cerca. Entibian, reconfortan.
Esto fue solo pensamiento, nunca te enteraste.
Como nunca antes te dije lo muy vacío que dejabas mi entorno en cada retirada.
Como tampoco supiste de alguna madrugada que desperté llorando y sola, imaginé que estabas. Como jamás podrás saber que te recuerdo cada vez y en la intensidad del pensamiento te traigo a mí. Repito la escena cien veces, mil. Hasta dormirme.
Durante el día reconozco que lo único que añoro es el deslizar de tus manos por mi cuerpo, el roce apenas allegado, el contacto mínimo, la espera por él, tu aliento en mi piel…sólo eso.
Apenas.
Entonces, puedo con todo.
Río canto me enfurezco, puedo negociar o no dar tregua. Entonces, erguida enfrento el mundo. En mis manos lo llevo, lo conquisto, lo pierdo…vuelvo a ganarlo o lo hago trizas. De todas maneras, regreso triunfal o vencida a mi refugio.
Dejo las armas, quito el escudo, reposa el yelmo. Aflojo los cintos del guerrero desnudando a la mujer.
Nuevamente… añoro el deslizar de tus manos por mi cuerpo, el roce apenas allegado, el contacto mínimo, la espera por él, tu aliento en mi piel…sólo eso.
Apenas eso.

Amarse en Viernes

Posteado en Volver a Ser sobre Diciembre 12, 2007 por sentires

Acordamos que es el mejor día de la semana,
-Nos gusta en viernes, dijimos y lo adoptamos inicialmente sin esfuerzo. Lleva tres años instalado. Sin esfuerzo crecemos.
Cuando voy llegando, mi corazón se agita insolente, no tiene remedio. La adrenalina aumenta mientras coincidimos en la hora -a veces temprana en exceso, otras de tarde y nunca en la noche-
El semáforo de siempre, con verde, nos da paso. Entonces, encendemos los rostros y las sonrisas estrenan otra bienvenida. Ingresas primero, yo te sigo. Te sigo y estacionamos con maniobras rápidas, precisas, no hay tiempo para errores.
Acercarnos alimenta nuestra fantasía. Avanzás hacia mí y te encuentro para un beso prolongado, el primero de los cien que nos daremos hasta el último en el ascensor, bajo el marco de la puerta, contra la pared, en la ducha, en la cama desnudándonos el alma para amarnos.
Hacemos un alto. Olvidamos el saludo,
-“Hola, cómo estás”- decimos en susurro y reímos de esta reiterada tontería contándonos todo entre caricias. Tomamos el café con cigarrillo y secreteamos debajo de las sábanas…Huele a jabón y lavanda, a vos que escondés la cara entre mi cuello y el hombro, sabes bien cuanto me agrada que entre besos disfrutes del perfume que te atrapa, envuelve y guarda para traerte a mí de nuevo, otra vez más.  Otra vez. Más.

Luego la rutina de las próximas eternidades, hasta el viernes. El mejor día aunque… demora en llegar.

Nada se pierde…

Posteado en Volver a Ser sobre Noviembre 16, 2007 por sentires

No tengo más cabecera de imágen. Bueno, qué remedio. Tengo página -por ahora-
Si desean ver qué veo, pueden entrar a la página Qué ves y ahí estará lo que seleccioné para el día, hasta si les parece pueden comentar o nada, mirar y seguir de largo.
No voy a claudicar así de sencillo. No señor.

Encuentro -de memorias-

Posteado en Volver a Ser sobre Noviembre 5, 2007 por sentires

Se perdieron todo un Tiempo.
La distancia era infinita y aún así, ambos sabían que un día.
Algún día.
Él, a poco perdió las esperanzas.
Ella, jamás imaginó que lo hallaría. Menos aún, en medio del polvo que el viento, que el camino, que la tarde agobiante de un verano, un desierto.

Llegó el día.

Él de regreso, a paso lento. Un perro lanudo y lastimado lo seguía.

Hombre, perro y mujer danzaron de alegría, rieron ellos y los ladridos ocuparon todo el espacio y hasta detuvieron por un momento el viento que a esa hora embravecía.

Luego, cuando la alegría hizo silencio: Mirarse hasta aprenderse de memoria.

Siguieron los besos reservados entre túnicas. Las manos apuraban añorantes, deseándose. Y en ardientes rincones del cuerpo se quedaron confundiendo placer con gozo de almas. Todo fue uno, placer gozo, goce ansias. Lágrimas risas, caricias.
Dolor. Sanar ausencias.

Cerca de allí, apenas a un día de camino, una ciudadela que aparenta un espejismo de tan bella, les espera.
Es probable que lleguen. También que alguien los reciba.
Que haya un hogar encendido, algún niño.
Risas.
Es seguro que demorarán en irse. Varias vidas.

V.C.

Más alto

Posteado en Volver a Ser sobre Octubre 2, 2007 por sentires

onthe_upswing.jpeg Los dos comenzaron a columpiarse al mismo tiempo, la diferencia de posición daba ventaja a Juan, como siempre. Pedro detrás, en silencio, se esforzaba por llevar la hamaca más alto, más.  Mientras escuchaba el arengar de Juan,
-A que te gano, siempre te gano, ¡Perdedor! Vamos…¡Arre hamaca, Arre! ¡No me alcanzas!- Reía Juan atrevido desalineado y maloliente. Su madre no se ocupaba de él, trabajaba en casa de familia, limpiaba la mugre de otros pero no la propia.

El chico estaba siempre en la calle, con amigos que se iba haciendo porque era simpático, al final de cuentas, se hacía querer. No pedía nada, si le convidaban bien. Si no, igual. Menos comida, aunque le diera un concierto de hambre la panza, a la hora de sentarse a la mesa, con cualquier excusa él se retiraba. Y pateando piedras latas corchos tapas, rompiendo ramas, cortando flores para dejar tiradas, tonterías, llegaba a su casa de barrio sin clase. El suyo, quedaba del otro lado del barrio de clase alta, en el que jugaba el día entero.
Siempre un poco rezagado en las contiendas, Pedro.
Era tímido, vergonzoso. Hijo del Juez y la Profesora, lleno de todo y de nada. Sonrojado ante cualquier gesto, no hacía sin pedir permiso o perdón -por las dudas-
Juan era el mejor amigo de Pedro.
Pedro lo quería más que a nadie en el mundo. Nunca jamás se lo dijo. Ese día, le dieron ganas, pero no le dijo. Se acordó que sus padres vivían retándole por ser amigo de Juan, para qué generar más lazos si alguna vez los cortarían. Juan también tuvo como un arranque amoroso cuando lo encontró en la vereda. Le volcó el corazón en el pecho, pero tampoco dijo nada.
-¿Otra vez sin zapatillas vos?
- Me molestan, ya sabés.
-Te vas a clavar un vidrio o algo.
- ¡Andá, mariquita! Te juego una carrera. El último es cara de perro.
Y los dos corrieron hacia la plazoleta del centro del barrio.

En medio de la columpiada, el golpe.
Un estruendo, ruido a metales, vidrios.
Todos salieron de sus casas alarmados por el sonido del choque.
Se escuchó a las mujeres, los hombres se les sumaron…algunos niños lloraban y sus padres los sacaban de un brazo, para que no miren, horrible accidente. Descontrolada una camioneta se subió a la plaza.
-¿Qué le pasó? Esto es terrible, ¡los padres del chico de viaje! ¡qué horror!
- ¿No es el hijo del Juez?
-Creo que sí, no sé. No quise mirar, me impresiona. El otro chico es el que anda siempre por las calles, el que a veces va solo,
-¿Al que lo siguen los perros?
-Sí, ese.
-Pobrecitos, Dios se apiade de sus almitas.

Y las hamacas comenzaron a subir, cada impulso, más.
Juan feliz reía como nunca, la boca abierta mirando el suelo que se alejaba,
-¡Mirá estamos tan alto!…Mirá cuánta gente en la plaza Pedro…¿Ves?
-Sí ya miré, sigamos columpiando dale que llegamos, ¡Vamos Juan!
-¿Son los vecinos? Regresemos y esa camioneta Pedro ¡Mirá!
-No quiero mirar nada, sigamos Juan…
-Se hizo un mar el jardín de mi casa, ¿lo viste?
-Sí, lo vi. Más alto se ven paisajes mejores, dale Juan ¡Empujá que llegamos!
-¿Y dónde vamos Pedro? ¿No deberíamos pedir permiso?
-¡Vamos Juan!, sin mirar abajo…¡Eso! ¡Arriba, arriba!
-¿Más alto?
-Más, mucho más.

V.C.

Comprobación

Posteado en Volver a Ser, reedición sobre Septiembre 30, 2007 por sentires

-¿Y por qué no?
-Porque es peligroso, ya te dije.
-¿Y qué me puede pasar?
-Te podés fracturar o algo peor.
-¿Como qué?
-Te matás.
-¿Y?
-¿Te parece poco?
-¿Qué? ¿Me muero?
-Claro. Si te matás, morís.
-¿Y eso, duele?
-No sé, cuando me muera te cuento.
-¡Papá! ¡Contestame ahora!
-Ya te respondí. No se puede, no hagas eso. Basta.

Se dio vuelta y siguió durmiendo la siesta bajo la media sombra que hacía la lona de la carpa. Mientras, yo pensaba la manera de tirarme desde la rambla, sin golpe, sin dolor. Caer aterrizando sobre la arena. Tenía pensado dar varias volteretas un rato antes de apoyar los pies en tierra.  Le dije a mis amigos, los de la carpa catorce,
-Yo puedo volar.
Gritaron en corito, “¡Mentirosa! Mentirosa!”. No me importó, era verdad.

Yo podía volar. Lo sabía desde la casa de mis abuelos en Paso del Rey. Ese domingo, me tiré del galpón y volé. De dos aleteadas llegué al suelo, así que…Podía, estaba segura.
La apuesta consistía en tres helados por semana, hasta finalizar las vacaciones. Helado con cucurucho y bañado en chocolate. Si perdía, nunca más jugarían conmigo en los veranos. Juraron con la mano en cruz en los labios, Ni el saludo de buen día.
Un poco de susto tuve, “Ni el saludo” dijeron. Y la barra era cumplidora.
Considerando lo grave y serio que resultaba volar, si lograba sostenerme en el aire durante cinco minutos darían por hecho que sabía…Eran más de diez metros en esa parte de la costanera.

La gente grande pasaba y miraba, seguía de largo. No había nada de especial en una nena parada en un punto de esa larga hilera de piedras rugosa, Nena en pie sobre la piedra. Otros tanto igual, o apenas más grandecitos, rodeándola en silencio. No daba para reírse ni de nervios.

Abajo varios con sombrillas, las carpas alejadas y un mínimo espacio de arena, esperando.
Respiré profundo, como antes de entrar al agua. Cerré los ojos. Extendí los brazos y sin pensar en nada incliné mi cuerpo para despegarlo de la piedra.
Salté al vacío.
El golpe tardó en llegar, durante la caída me olvidé de agitar los brazos. Recordé la primera vez. ¿Por qué en ese momento tuve y en éste no? Tuve alas, estaba segura.
-¡Tiene alas! - escuché la voz de Ana, mi amiga mejor.
La señora de malla verde corrió a levantarme, el hombre de sombrero de paja también.
Me sacudí la arena, ni una lágrima, ni un moretón.

Todos los grandes hicieron las cosas de gente grande, se llevaron las manos a la cabeza, unos corrieron otros miraron a un lado y otro buscando a los padres de la criatura.

Mis amigos bajaron corriendo las escaleras y en un momento estuvieron a mi lado.

Yo estaba bien, un poco mareada. Nada más. Cierto que me dolía todo el cuerpo. Y que no pude planear como aeroplano.
Mis amigos dijeron que sí.
Comí varios cucuruchos, hasta que les confesé,

-No pude chicos, ni una vez moví los brazos, caí en picada ¿No vieron?

Ellos hasta hoy, insisten . Dicen que volé porque vieron mis dos enormes alas blancas agitándose, por eso no me quitaron el saludo. Nunca aceptaron que había perdido la apuesta.

Suerte que desde ese momento, quedé bien segura. No sabía volar, ni tenía alas.

V.C.

Sentires -20 de septiembre de 2007-

El abuelo de Juan

Posteado en Volver a Ser sobre Agosto 20, 2007 por sentires

El pueblo en medio de la nada era como todos los de campo, rutinario y silencioso. Mucha naturaleza pero aburrido.
Dos escuelas, una fábrica de queso, las vías del ferrocarril cerca de la plaza de tres hamacas y un tobogán. Jardines floridos y gallinas orondas por la vereda. Los caminos de tierra y esos cercos pintados de todos colores para terminar los restos de pintura.
El almacén general en una esquina, Venga y vea, Ud. encuentra lo que quiera. En la otra, apenas una cuadra a la derecha, la Farmacia “El Amaneciente”.
Afuera, alguna vaca aburrida de pastorear, varios caballos sueltos y una veintena de perros de nadie. Dormidos, quietos o ladrando pájaros.
Los niños jugando con cualquier cosa que pareciera un revolver, un barco, trompo, bolitas, rayuela, sogas y a saltar.
Juan nunca dormía siesta. Vagabundeaba. Los otros a la cama y chito. Pero él, pescaba con una rama y el hilo sisal colgando, carne en el anzuelo, lombriz o nada. El arroyo quedaba a poco de la verdulería de su abuelo. Llevaba una bolsa de mandarinas y una lata vacía.
-Se divierte barato, déjenlo ¿a quién molesta?, decía el abuelo recostado en el sillón de mimbre.
-¿Me acompaña Nono? Dele, no hace calor, ni hay mosquitos le juro, no hay. Venga conmigo…dele Nono.
Nunca iba desde hacía rato, igual se dejaba rogar.
Un día el abuelo de Juan murió.
Lo encontraron en el mismo sillón de siempre como dormido, pero muerto.
El velorio duró tres días, correspondía entonces.

Todos fueron, el viejo era buen amigo y querido.

Con ramitos de geranios, algunas margaritas y pocas rosas se llenó de olor a flores el dormitorio.
Mal la cosa. No le gustó nada enterarse que la muerte también le llega a los seres que uno quiere.
Sin decir palabra, lloró quedo y sostenido. De vez en cuando, respiraba profundo para tragarse los mocos y seguir llorando al viejo que le contaba cuentos a la noche. Recordó la merienda, el viaje en carro al pueblo grande. El primer barrilete, la práctica de goles en el descampado. El abuelo hacía todo bien, por eso lo imitaba hasta en los eructos.
-No, no quiero- Contestó a la oferta de pastelitos que le ofreció la vecina con cara de circunstancia.
Y le llegó el tiempo de pañuelo a la manga del saco. Por fin, extenuado, sentado en el piso frío se durmió unas horas. Se despertaba de a ratos, podía verle asomar la nariz al Nono envuelto en puntillas. Para acercarse no le alcanzó el coraje, pero él lo veló los tres días sin aflojar.
Cuando llegó el momento de ir a la capilla, fue a peinarse.
Lavó su cara trigueña y vio al Nono en el espejo.
Se frotó los ojos. El rostro seguía puesto en medio del óvalo con marco de madera.
-¿Sos vos Abuelo?- dijo temblando a la imagen tan querida.
- Claro, soy yo. No llores, ni pienso irme. Serenidad amigo. El abuelo se queda con usté ¿sabe? Deje de llorarme. ¿No escucha que le hablo? Ya me llevan, pero le propongo algo…
-¿Qué cosa?, dijo entre sollozos.
-¿Qué le parece si nos encontramos en el arroyo? No vayamos al cementerio, lo invito a pescar.
Y salió Juan del baño bien peinado con los ojos chiquitos, rojos.
Con la ramacaña, tarro y  pantalón arremangado, pasó delante de todos.
-¿A dónde vas nene?, dijo su madre.
Salió de la casa sin responder. Lo llamaban, él ni se dio vuelta.
Sus patitas de palo sabían correr muy bien. Esa tarde parecían volar.
El abuelo iba a la par, flotando.

Viviana Comerón

Oda a la Noche

Posteado en Volver a Ser sobre Agosto 12, 2007 por sentires

Espera agazapada que transcurra el día como cazador atento a la presa.
Le permite explayarse, mientras la luz se consume de hora en hora
Que luzca su algarabía el día.
Que se vanaglorie del poder indudable de evidenciarlo todo. No hay misterio. Nada se adivina.
Ella goza, mira de lejos y como pirata calculando el próximo botín, espera.
Es paciente. No tiene prisa. Todo llega.
Nacerá en medio de rosados, violáceos y amarillos, la antesala.
Y cuando del horizonte ya no queda más que una línea de brillo, es su turno.
Envuelve aunque aflige a cuanto se esfuerza por permanecer.
Ahí está, desplegando el telón. Miríadas de soles. Todos se muestran. Salen a escena diamantes, cuarzos como pendientes del firmamento.
¿Quién es ahora poderoso?
¿Quién puede arrogarse el privilegio de millones de ojos contemplándolos?
Rostros al cielo, miradas de ojos abiertos escudriñan y señalan fascinados.
Dime..¿Quién?
¿El Día, con su Sol que hiere, el que no da lugar más que a fruncir el ceño?
O la Noche, con sus millones de soles frios, titilantes.
No abraza, acompaña. Contiene. No hay nada más allá que ella misma, para ser admirada.
La Noche susurra mientras que el Día, clama.
Serena el cuerpo, alerta la mente. Tiempo de crear, de amar, besar. Soñar.
La Luna se presta y refleja. Tenue luz.

La ciudad del gran corazón

Posteado en Volver a Ser sobre Junio 21, 2007 por sentires

Cruzamos en fila, de a dos.
Los guías controlaban que ninguno de nosotros cayera del puente al vacío. Era peligroso este paso, fue el momento más tenebroso la más dura de las pruebas. Abajo del puente corrían aguas negras, densas e inmóviles como las de un pantano.

No supe hasta más tarde qué extraño fenómeno las hacía tan atrayentes, invitaban a entrar. Algo en mí deseaba introducirse en ellas.
Uno de los Guías se acercó y dijo a mi oído,
“No mires abajo continúa caminando.  Mira hacia adelante.”
Luego una voz repetía “Avancen, no se detengan avancen”. Alertaba tal vez porque muchos de los nuestros ya habían caído, en realidad creo que se arrojaron intencionalmente y al hacerlo, las aguas -¿o era barro?- se agitaban en grandes olas provocando un horrible hedor.
A poco de andar pudimos ver qué había del otro lado del puente.

Una ciudad iluminada se distinguía desde donde yo estaba.

Decenas de torres semejantes la conformaban. Entre ellas, algunas construcciones más bajas separadas por calles angostas la recorrían uniéndola en bloque. Parecía flotar en el espacio…No pude distinguir en qué se apoyaba, no tenía base -¿O es que yo estaba tan cansado que apenas podía ver donde pisaba?-
Frente a la construcción fantástica, casi de cuento oriental,  quedamos detenidos. Dos portones se abrieron para darnos paso. Los Guías se ubicaron a los lados y entramos a la Ciudad.
-¿Dónde estamos? -pregunté a uno de ellos,
-En la Ciudad del Gran Corazón, aquí permanecerán un tiempo más- me dijo y sonrió amablemente. Estoy seguro que vi su sonrisa pero también estoy seguro que no tenía rostro. Entendí que Caronte era cada uno de los Guías.
No vi a Cerbero pero escuché su aullido.
Él quedó afuera vigilante cuidando que ninguno de nosotros intentara salir de allí.

Viviana Comerón

Paz Interior

Posteado en Volver a Ser sobre Junio 21, 2007 por sentires

Cuando todo está terrible, cuando parece que ni en tres días se irá esta noche que el problema me acarreó…me digo despacito, casi al oído “A pesar de todo, Soy feliz”.
Entonces Dios, hoy que en esta frase debí reparar, por la cantidad de veces que la repetí, quiero agradecerte esta sensación de sosiego que me acompaña y no puedo ni debo dejar de reconocer, como una ayuda especial de tu parte.
No me alcanza con pensar este agradecimiento y como tampoco puedo mirarte a los ojos y decírtelo de frente,  lo dejaré escrito aquí para cuando tengas tiempo…tal vez puedas darle una mirada.

Viviana Comeron