Némesis, la venganza

22 06 2007

narciso.jpgEco, la famosa parlanchina del Olimpo, era una hermosa Ninfa considerada por los antiguos griegos como deidad menor.
La joven vivía alegremente en las selvas montañosas alejada de los demás dioses. Cuando uno de ellos se aburría, la llamaba para que contase las ingeniosas historias que inventaba.
También Júpiter, se complacía en escuchar sus relatos y cuando decidía bajar a la tierra solicitaba a Eco que entretuviese a su esposa, la celosa Juno, a quien mucho divertían las ocurrencias de la Ninfa.
Sucedió que una vez Júpiter se demoró en la tierra y la pobre Eco, agotado el repertorio de cuentos comenzó a decir cosas sin sentido a la malhumorada Juno quien encolerizada, le infligió un severo castigo.
Desde aquel día Eco no hablaría como antes, sólo respondería a quien la interrogase.
Pero luego, Juno decidió agravar la pena.
Eco habría de limitarse a repetir únicamente la última sílaba de la última palabra pronunciada por quien la interpelase.
El castigo fue en verdad muy duro y el sufrimiento aumentó cuando Eco se enamoró de Narciso, hijo del dios Cafiso y de la ninfa Liríope.

Narciso había nacido hermoso y vivaz y como era costumbre en aquel tiempo, los padres desearon conocer el futuro del pequeño.
Consultaron entonces al adivino Tiresias quien examinando en vuelo de los pájaros y el temblor de las hojas, contestó con una ambigua profecía:
“Este niño vivirá mientras se desconozca a sí mismo. La muerte escogerá su propia imagen”
Los padres debieron contentarse con el lacónico vaticinio que por su puesto, no interpretaron.
Narciso ignoraba su belleza, no había espejos en los que pudiera mirarse. Pasó su infancia y juventud entre bosques cazando, su pasatiempo favorito.
Al tiempo que crecía aumentaba su belleza y las ninfas lo acosaban, entre ellas Eco quien se deleitaba contemplándolo.
Asombrado por tan hermosa seducción, Narciso reparó en ella.
Pronto se cansó de la extraña forma que usaba la ninfa para comunicarse y viendo que no había cosa que él hiciera que le disgustase, comenzó a despreciarla con evidente rechazo para alejarla de su lado.
Eco comprendió al fin que no era grata su presencia y se retiró a una gruta a llorar su pena de amor.
Los dioses compadecidos la transformaron en roca. Y aún hoy todos los que pasan frente a una gruta y pronuncian algunas palabras, oyen a Eco repitiendo la última sílaba.

Némesis, diosa de la venganza, decidió a su vez castigar la arrogancia de Narciso.
Bajó del Olimpo y tomando el aspecto de una hermosa cazadora, se acercó al joven proponiéndole conducirlo a un lugar propicio para practicar su deporte favorito, la caza.

Narciso la siguió encantado. Iban de la mano belleza, astucia, inteligencia, seducción, encanto y diversión ¿podía pedir algo más?

Llegaron así a un sitio desconocido, hermoso claro circundado por altísimos árboles en cuyo centro se hallaba una fuente de aguas puras e inmóviles. Némesis lo acompañó hasta el borde y le invito a inclinarse. Narciso vio entonces reflejado su rostro, el más hermoso de cuantos conociera.
Permaneció largamente contemplando su imagen mientras Némesis le susurraba:

“Quedarás aquí para siempre Narciso, quedarás aquí por toda la eternidad mirando tu hermoso rostro, más bello que el de todas las ninfas y que el de todos los dioses, Ningún corazón de mujer habrá de sufrir ya por tu belleza”

Y Narciso, permaneció allí convertido en la flor que lleva su nombre, la que se inclina sobre el agua incapaz de abandonar la contemplación de su imagen.

Viviana Comerón

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4 responses

5 09 2007
Juje

estos cuentos son impresionantes!!!!!

bravo!!!!!!

6 09 2007
sentires

Gracias por tu comentario Juje y Sí, creo que lo ‘impresionante’ de la Mitología griega es que nos dejaron todo el símbolo encerrado en historias que intrincadas, dejan convivir a dioses, semidioses, Ninfas, Elfos. hombres superhombres…todos, mostrando actitudes entre vicios y grandezas, se abren al juego del libre albedrío. Buen recurso para el “Aprendizaje”.

5 09 2008
Anónimo

pura mierda

12 09 2008
sentires

Así que pura mierda! ¡Mire Usted!
¡Valiente el Anónimo eh!

Taxativa sentencia, como corresponde: sin fundamento.
Vaya con Dios, a ver si se le cura la mediocridad, vaya.

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