Mi caracol Azul

10 07 2007

“Quedó inmóvil, nunca tuvo sensación de final como en este instante. Quería respirar pero era imposible…abrió la boca para que ingresara el aire en un feroz instinto por sobrevivir, sólo el agua salada entró violenta y sin pausa.
Un estado de angustia inenarrable se apoderó de él sumiéndole en pánico. Toda su vida se desplazó en imágenes cuyos colores y formas le  llegaban cargadas de sensaciones…Todos los conocidos, familiares, afectos entrañables parecían estar a su lado. Los momentos felices se dieron cita ante lo inevitable e inesperado para la despedida”

Yo permanecía en la orilla con un baldecito naranja y una palita celeste cerca del montículo de arena húmeda. Unos caracoles esperaban su turno para adornar las paredes del castillo. Me sujetaba el gorro floreado y con la mano enarenada froté mis ojos para ver mejor.
Me puse de pie…ya estaba aburrida de esperarlo. Haciendo visera con la mano miraba hasta el horizonte, nada a la vista. Bueno, nada que se pareciera a mi papá. Mucha gente jugando, él no estaba.
De pronto lo vi. Ese brazo que salía del agua y se agitaba para un lado y otro, ese le pertenecía. Y yo también lo saludé dando de saltitos en el mismo sitio, porque “De aquí no podés moverte”, dijo antes de meterse en el mar.
Mi papá nadaba muy bien, muchas horas sin cansarse. Dijo que cuando fuera más grande o cuando mi mamá dejara de molestarlo con eso de “Cuidado, cuidado, cuidado…” mi papá, seguro me va a enseñar.
Pero, no volvió rápido como otras veces. Al fin me cansé de saludarlo y que me salude y me senté de un golpe junto al castillo casi terminado.

Cuando todos se fueron del agua,  papá quedó tendido en la arena boca abajo. Una mano abierta y el puño de la otra cerrado.
Luego de algún tiempo, mami me regaló un caracol blanco por fuera y por dentro todo azul tornasol. Muchas noches me durmieron las olas que le van y vienen de no sé dónde.

Pasaron algunos años, el caracol ocupa un lugar especial en mi escritorio y cuando viajo lo llevo conmigo.  Aún no sé nadar. Creo que no aprenderé nunca, lástima.

Viviana Comerón

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7 responses

3 08 2007
Arturo Montes Larraín

¿Por qué las cosas hermosas serán a veces tan tristes?, tan tristes y hermosas.

Es oración al padre.

Otra vez buena escritura. Me sorprendes. No soy de halagos. Seguiré.

4 08 2007
sentires

¿Por qué será que a la tristeza se la imagina gris? Cierto que puede ser rosa y melacólica…celeste y dolorosa, como tristemente blanca y hermosa. Depende del estado con el que se mire el color, debe ser eso. Los momentos igual.
Me alegra sorprenderte.

18 09 2007
freedombanker

Vivi, Vivi, Vivi…

Que escritora !!!

Vivi !!!

Un beso de un gran admirador…

Que las musas te visiten hasta los finales del Tiempo…

18 09 2007
Su Caracol Azul « El Banquero de la Libertad

[…] Se llama “Mi Caracol Azul”. […]

19 09 2007
Ricardo

Excelente, por su forma, estilo, tamaño.

Increíble la manera en que muestra como el ego paterno nos lleva a entristecernos, por definición vamos a separarnos de nuestros hijos, así es la vida.

Hasta el próximo cuento, te leo.

Saludos,

Ricardo

19 09 2007
sentires

Gracias Gus! -también espero que las Musas me habiten hasta el final de los tiempos y después, también-
(tus gestos solidarios me asombran)
Besos,
Viviana

19 09 2007
sentires

Ricardo, qué buenos conceptos, gracias. Por ellos y por leerme.
Saludo con beso (a veces, claro)
Vivi

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