El Anticuario de Bamberg

7 09 2007

-No Señor. De ninguna manera puedo hacer una rebaja sobre el precio estipulado ¿Ud es conciente del valor que tiene la capa? ¿Reconoce su antigüedad?
– No niego su valor. Pero excede mi presupuesto, disculpe que resulte tan insistente.
-Descuide, todos lo hacen. Por otro lado yo creo que si tiene que ser suya, de alguna manera el dinero aparecerá.
-Lo dudo. Creo en la magia pero esto ya sería un milagro…¿Puedo probarla?
-¡No! Eso no está permitido. Quien la lleve, ése la probará. No es capricho ni norma de la casa. Las Instrucciones que acompañan la prenda son precisas.
-¿Cómo? ¿Tiene instrucciones de uso? ¡No puedo creerle! Muéstreme, si no lo veo no creo.
-¿No cree Ud. que los milagros y la magia van de la mano? ¿Cómo piensa dedicarse a la Magia? Hace un momento afirmó una parte y negó otra. Esta función requiere firmeza. No se puede creer a medias.
-Y…sí. Me gustaría creer. Realmente quisiera sentir la verdad de este concepto aquí, dentro del pecho. No tener ninguna duda. Pero la Fe no se compra, no se consigue con dinero ni con estudio, no se otorga con diplomas en ninguna Universidad. No la regalan en la puerta de las Iglesias. Nada de eso.
-¿Alguna circunstancia lo ha defraudado últimamente?
-¡Alguna! Sí, hubo alguna.
-Tal vez la contrariedad le sirva de ayuda. No se sienta apenado. ¿Quién le dice? y termina siendo su mejor comprobación. Vamos, anímese hombre! Tengo un libro para venderle, ¿quiere verlo?
-No gracias, yo sé lo que vine a buscar. Por favor, piense hasta mañana lo del descuento…¡3000 € es mucho dinero! Considérelo.
-Ni un céntimo menos amigo. Es lo que vale.

La puerta se cerró tras la decepción. Levantó la solapa del abrigo y afirmando a la cabeza su sombrero gris de felpa, salió al encuentro del frío.
Recorrió más de treinta anticuarios situados entre el Domberg y el Antiguo Ayuntamiento. Ninguna capa, ni parecida.
Una brisa helada lo dejó todo en bruma. Nevisca.

El anticuario colgó nuevamente la prenda en su percha de ébano.
Sacudió algún polvillo atrevido de la pechera y se olvidó del regateo.
Se veía impecable entre una hilera de camisolas de seda blanca semejantes al interior de la capa. Seda gruesa sin labrado que como único detalle casi imperceptible le había sido bordado un pequeño escudo en la parte interna que apoyaba en la espalda.
Los ojos de Grand se detuvieron en la imagen de Santa María de Veit Stoss. El escultor la dejó en la Catedral de Bamberg en su altar Mayor. Alguien, la bordó con esmero dentro de la capa, sin olvidar al Arcángel Gabriel que también fuera esculpido en el altar . Ciertos datos, en apariencia fuera de toda lógica, rescató su memoria,

“En 1633 fallecía el príncipe Obispo de Bamberg, Johann Greorg II Fuchs van Dornheim bajo cuyo gobierno se produjo la mayor caza de brujas en Bamberg y su entorno alcanzó el punto álgido”. Hizo un gesto con el hombro…comprobó las 12 en el reloj de bolsillo y salió rumbo a su almuerzo cerrando la puerta con doble llave.
Ya las 15.
Nuevamente el campanilleo, anunciaba el ingreso de algún curioso, nadie compraba desde hacía tiempo.
Mujer alta, rubia, anteojos negros, abrigo de piel, guantes, cartera…botas de caña alta, buen perfume.

Grant, nunca pereguntaba ¿Qué le muestro? ¿Qué le ofrezco? ¿Qué quiere llevar? ¿Algo en especial? Nada. Permanecía parado frente al escritorio de roble, ordenado como todo el espacio, miraba a los ojos del ‘cliente’, dibujaba una mínima sonrisa para dar inicio a algo. En este caso, a nada. La señora más seria que él, puso directamente los ojos en la capa negra.
-Quiero esa capa.
-¿Piensa regalarla?
-No, es para mí.
-¿Ah sí? Mire Señora, le explico….
-No me explique nada, la quiero y voy a llevarla.
-Le diré que su costo…
-Yo no le pregunté el precio.
-Tampoco iba a mencionarlo. Si Ud me permite hablar, le comentaré…
-Bien hable, pero la capa me la llevo igual.
-Señora, ésta es una capa de Mago.
– Lo sé. Lo soy.
– ¿Mago? No, puede hacer buenos trucos…algo semejante. Pero Magia, No.
– ¿Machista? No me haga reir Señor…¿su nombre?
-Grant Haunm. No es mi intención provocarle risa, pero sí mi obligación aclararle algunos puntos. Esta Capa es capa de Mago. El rango de Mago lo ostenta un Hombre, y no cualquiera por cierto…
-¡Mire Usted!…¡Las cosas que me informa! Todo tiene un precio en la vida, ¿Cuánto quiere?
-No Puedo vendérsela. ¿Es que no entiende?
-Debí mandar a mi secretario para esta operación. No pienso discutir con Ud. no hay que tener trato con empleados, ¿El dueño de la casa?
-Soy el único dueño y empleado de mí mismo, Señora. Si Ud quisiera una túnica de Hechicera….tengo para mostrarle de todo tipo y antigüedad… ¿Quisiera ver?
-No, gracias. Regreso por la capa. A todas estas, no me dijo el precio.
-15900 € Señora.
-¡Ahora sí logró hacerme reír!…Es Ud un arrogante, mercachifle. Sabrá de mí.
La Puerta golpeó hasta hacer caer las campanillas. Grant volvió a colgarlas.
De regreso,  otra miradita a la capa de pana negra. Cada día más brillante, suave, colgada como si de pie estuviese lista para la función.
Al cabo de media hora se abrió la puerta con suavidad. Grant miraba por la vidriera a la calle. Estacionado, un auto fantástico. El escudo cual mascarón de proa, mostraba una joven en plena figura de ballet, una gacela.
– Tardes heladas…
– Ya lo creo, nevará esta noche. Puede dejar el paraguas cerca de la puerta si gusta.
-Ah sí, perdón, para qué mojar la alfombra.
-Mucho gusto, Ram Fordy’s.

-Encantado, Grant Haunm.
-Voy a lo mío, para no perder tiempo, a ver- con el índice aún enguantado dijo  -Eso-  y señaló la capa.
– Ah, la capa. Sí.
-¿El precio?
-20.000€
– Bien, la llevo.
-Disculpe. No puedo vendérsela.
-¿Por qué razón? ¿No es esto un negocio de antigüedades? ¿O acaso es un Museo? ¡Explíquese!
-No tengo nada que explicarle mi buen señor, solo que no puedo vendérsela a Ud.
-Eso es lo que quiero que me explique…¿Porqué no a mi? ¡Porqué no a mí!
-¿Para qué la quiere?
-Soy mago. ¿Alcanza con eso? Además, ¡no tengo por qué darle explicaciones! La puedo querer para disfrazarme, para lo que se me antoje! ¿Qué le importa? ¡Entrometido!
-Ud. lo ha dicho, no me importa. Pero no se la vendo.
– Pero….habráse visto arrogancia! ¿Quién cree que es Ud.?
-Yo soy el custidio de la capa ¿Entiende Señor?
-¿Custodio? No, no entiendo.
-Bueno, es una manera de decir, soy el dueño ¿más claro?
-No. Pero esto así no queda, yo vengo de Francia para llevarla y me la llevaré. Regreso.
-Cuando guste Caballero.
-Antes de salir….quiero probarla.
-No. Eso es imposible, la probará quien se la lleve. Nadie antes. Está indicado-
-Indicado ¿Dónde? Yo a Ud lo denuncio, ni le quepa duda. Este atropello sale en los medios- se fue dando otro portazo.
-Señor! ¡Se olvida el paraguas!- Se lo arrebató de la mano mientras empujaba al chofer que sostenía la puerta del auto. No agradeció.

Casa Haunm –Anticuario- 1805-2007
Hacía tiempo que estaba en quiebra. Desde sus tatarabuelos seguramente. Los bancos del Ayuntamiento toleraban la postergación de pagos. Grant estaba cansado, Úrsula su esposa, más que él. Pero sabía que el hombre no tenía remedio, siempre hizo lo que quiso o como él decía, “Hago lo que debo, no me molestes mujer”
Ese viernes amaneció helado pero un tibio sol dejaba las calles iluminadas. Levantó la ruidosa persiana de hierro y quitó las dos llaves para abrir la puerta. Lindo se veía el lugar, entraba el sol a todos lados.
Bajó al sótano.  Frente a la caja fuerte se concentró hasta hallar el número de la combinación en su memoria, “Un día me la olvido” –pensó en voz alta y sonrió-
Ahí estaba, de pie, la capa.
Descolgó, cerró y subió.

Otra vez en el perchero.

Le dieron ganas de abrazarla esta mañana, no supo bien porqué se emocionó al verla, sintió ternura, devoción, respeto. “Bueno, es una capa…ya estoy demasiado viejo creo, desbordo fácil”
La puerta se abrió, el frio helado que se introdujo le hizo girar. Estaba de pie bajo el dintel un hombre alto.
-Permiso- dijo con voz suave.
-Pase caballero, cierre rápido, ¡qué frio!- apoyó los nudillos en el escritorio y como asomando el cuerpo por un balcón, dijo con su mejor sonrisa.
-¿Qué busca Ud?
-Nada especial y todo, porque Todo lo que aquí veo es especial. ¿Me permite mirar?
-¡Claro mire a su gusto! –mientras, el que miraba, era el vendedor.
Hombre adulto. Buen abrigo, sin guantes, una pipa apagada en la derecha, boina negra y bufanda de colores. Se movía con lentitud, sereno, observaba deteniéndose ante los objetos más caros en exhibición.
Quedaron de frente, escritorio mediante. Capa al fondo en perchero.
Grant sonrió sin esfuerzo, Charles sostuvo la misma sonrisa con la entró al lugar.
-Hermosa ¿Puedo verla?
-Claro.
-Pesada.
-¿Quiere probarla?
-Por supuesto. ¿Huele a lavanda?
-Sí,  a veces le pasa.

Viviana Comerón

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5 responses

8 09 2007
villatierra

Me encanto, esta interesantisimo, como no desearte el mejor de los éxitos en el libro. Buen titulo. Increible lo poderoso que es ese Mantón que ya esta creando literatura, no dejo de sorprenderme. Nacido en tierras de Chachemira en 1850, en la India, en los Himalayas…hilado y bordado de un tejido supremo, por manos de hombres artesanos que despertaban las envidias de los principados de occidente. El escrito es supremo como las lanas de Cachemira. Parabienes para ti…

Saludos y bienaventuranza para ti, amiga

Carlos

8 09 2007
ADRI

Me daban ganas de apurar la lectura para conocer el final, me atrapó. Los diálogos, la redacción. Buenísimo el cuento y buenísima vos como escritora.
Felicitaciones!!! (tu abuelita)

8 09 2007
sentires

Gracias Abu (ni idea te das lo bien que me viene ahora una abuelita amorosa)
Para el final falta…así que, no se apure Nona.

9 09 2007
Luis E. Reyes

Me gustó el relato, cada palabra va a la otra sin tropiezo. Tiene elementos que me cautivaron, quizá haya sido la atmósfera que se creó. Aun siento la campanilla golpear contra la puerta y el aroma de aquella mujer.
Me hubiese gustado otro elemento entre los Srs.Grant y Charles previo al final.

Un saludo, Viviana

9 09 2007
sentires

Gracias Luis, me resultó positivo tu comentario, tanto por lo grato que evidencias como por lo ausente que destacas.
Cuando lo tenga listo -entre aquello que falta, está pensado lo que observas- me gustaría fueses uno de los primeros en comentarlo…en la contratapa (ilusión que se haga Libro)
Dos saludos,
Viviana

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