Elecciones

19 10 2007

El abuelo sacó la pipa de su boca lentamente mientras decía mirando el humo,
-No lo puedo creer,  llegar a mis años para ver esto- movía su cabeza para un lado y otro en un meneo suave y lastimero. Me daba pena, pero ya estaba hecho. Se lo dije como pude, tal vez debí hacerlo con mayor cautela, tener en cuenta sus ochenta y pico “¿Cuántos eran….ochenta y seis? No creo que haya comprendido, lo único que hice fue causarle dolor. ¡Qué estúpido! ¿y con esto qué gané? ¿cambia algo?” Me preguntaba casi en voz alta mientras me afeitaba esa mañana. “A ver si con el disgusto se me muere el viejo, ¿Qué carajo hago si se muere el abu? Para colmo, creo que nunca le dije cuánto lo quiero…Me muero si se muere.
Y no se despierta, ¿Se habrá tomado las pastillas? ¿Para qué se lo conté? seguro que nunca se hubiese dado cuenta. Basta de rodeos, yo lo llamo”
-Hola Don Carlos, buen día. ¿Le corro las cortinas viejo?
-Te dije mil veces que no me digas viejo, patán.
-Perdón abu ¿cómo durmió?
– Bien de no ser por un mal sueño.
-¿Sí, qué soñó?
-Una buena pesadilla mire…
Dijo remarcando bien, mientras se sentaba en la cama y acomodaba al pasar tres almohadas una sobre otra para recostarse. Se peinó con los dedos y ya estaba listo para el sermón.
-Con Usté soñé.
-Ah mire, conmigo.
-Y lo que más bronca me dio fue que ni se defendió. Yo lo acusaba de maricón y Ud como si nada mocito e’mierda.
-Bueno, mire abu,
-¡Y no me diga abu quiere! ¡carajo!
A esa altura de la conversación ya el viejo se había puesto colorado, en un santiamén cambió el blanco nacarado por un tinte rojizo subido que le ocupaba buena parte del cuello.
-Pero digo yo, ¿Usté se cree que yo no lo escuché anoche? ¿Usté creyó por ventura que yo no me había dado cuenta de nada en todos estos años? Dígame mocito…cuéntele a su Abu, ¡mocoso e’mierda!
-Mire abuelo, yo fui sincero quise que supiera por mi y no por el chusmerío de la gente.

-Encima me lo recuerda, ¡lo tengo que matar! ¡Señor Jesús átame las manos, átame las manos! – imploraba al techo dejando los ojos en blanco.
La escena era como para el teatro del pueblo. Imaginé a los espectadores saltando al escenario para ayudar al abu a propinarme una paliza. De reojo mientras tanto, me miré en el espejo de la puerta en ropero de la abuela. De cuerpo entero, con los jeans gastados, la camisa escocesa afuera del pantalón las zapatillas blancas y recién afeitado “Quedo más joven sin barba, se me está terminando el importado, la lavanda nacional no es tan persistente”
-Y lo que más me espanta es qué dirá de todo esto su padre cuando regrese, ¿Cómo le explico yo que en todo este tiempo en vez de criarle un macho, me salió una mocita?
-Bueno mire abuelo, le digo algo y terminamos con la discusión…
– ¡Y quién le dijo que Uste termina la conversación pedazo de sinvergüenza! ¿Eh, quién le dijo?
El abuelo se levantó de la cama de un brinco y tomó el bastón de bambú.
-¿No me querrá pegar abuelo?
-No si no…¡Le voy a quebrar el espinazo! eso haré…¡Fuera ya mismo de este dormitorio!
Me fui dejando la puerta entreabierta, me daba miedo tantos gritos el disgusto resultó enorme “¿Cómo arreglo ahora esto?”
Y no había pasado un mes de reproches y desaires, que se anunció mi viejo de regreso.

Dijo que por unos meses, pero siempre se acortaba su estadía creo que algo tenía que ver el carácter del abu que a diario se avinagraba un poco más. Y si bien luego del episodio de esa mañana, no volvimos a tocar el tema, me miraba con el rabo del ojo cada vez que le daba un beso a la mañana o a la noche antes de dormir. Ya no me dejó llevar la camioneta al pueblo, menos que menos hacer tratos con el tipo del camión de hacienda.
“Deje, deje….las vacas me las atiendo yo”, y me apartaba.
“Usté vaya y arregle el asunto de la cebada, fíjese que las cuentas cierren, que Usté será mucho contador pero si yo no miro, se le equivocan los números y eso que los hace a pura máquina ¿no? Que ni a contar bien enseñan ahora en la Facultá”
La Rosinda el ama de llaves, como decía mi abuela, desde que tuvimos ese altercado en el dormitorio preparó las más deliciosas comidas. Cuando yo me acercaba a la cocina ella se dejaba desatar el delantal sin enojarse y me decía por lo bajo,
-Ya se le va a pasar niño, no se apure. El abuelo es mal arriado ya sabe. La única que podía con él está en su santa gloria, que le vua’uste hacer…Ah y la otra que le podía, era su preciosa y más santa madre, esa era la otra….del resto de la humanida ¡nadie puede con el viejo!….uuuuh si me escucha me mata- y se tapaba la boca con la mano regordeta y húmeda como si fuera una niña.

Esa tarde, desde el sillón de la galería con vista al campo arado, el abuelo dijo arrojándome las llaves,
-Mañana llega su padre a la tardecita, llévese la camioneta y salga con la fresca no sea que no llegue a tiempo al Aeroparque. Y mire, yo le recomiendo…que a mi hijo ni le cuente de esas cosas. Total, para qué…si luego se vuelve a dir y el que se quedá acá con Usté soy yo. Basta con mi amargura, ni le diga- siguió con la pipa en mano, mirando el horizonte.
O sea, no se había olvidado y era de suponer.
Y llegó papá. Se lo veía radiante. A su lado, llevándolo del codo, lo acompañaba un tipo más alto, joven apuesto. Empujaba sin esfuerzo el carro con tres valijas mientras mi padre reía de algo que le dijo al oído…”Qué bien está papá, no le pasan los años”
Nos abrazamos en un prolongado apretón, me llenó la cara de besos perfumados y en medio me decía cuánto y cuánto me había extrañado, Qué grande estás hijo…Esas cosas.
De regreso, sólo escuché a mi padre. Su amigo no hablaba media palabra en español, dijo sólo un gangoso y mal acentuado “Holá, qué tal” y de ahí, nada más que sonrisas cuando lo miraba.

Al atardecer, paramos en una estación de servicio, café con media lunas, tostadas y dulce de leche que el otro se comió a cucharadas. Papá le compró un tarro de kilo y de agradecido no más, le dio un beso exagerado en la mejilla mientras con la mano le acariciaba la nuca.
“Ahora sí que estamos listos” Pensé mirando el tránsito que se estaba poniendo denso. Se ocultaba el sol, fin del día.

Viviana Comerón
jun 24th, 2007 by sentires Edit |

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8 responses

19 10 2007
pescau

– Pero… ¿a nadie le gustan las minas en esa familia?
– Si, a mi hermana…

Luegto de pedir perdón por el chiste malo e impertinente, paso a decir que me gustó mucho el texto en egenral y particularmente la inclusión de una gran amiga: la pipa.

La única queja (pero de hincha guindas, eh) es que, de nuevo, se asocia la pipa a los viejitos…

Besos de pescáu.

19 10 2007
sentires

Te cuento, mi hijo tiene dieciocho, fuma en pipa.
Los demás no sé, yo la asocio a lo bien que me sabe el aroma. Si fuera hombre, y vieja, fumaría en pipa (risas)

Al Abu le gustaban las minas che ¿te explico? (risasmás)

19 10 2007
freedombanker

Excelente !!! Excelente !!!

Y me gustó mucho el título…

Excelente, Amiga !!!

19 10 2007
Elecciones… (u Opciones…) « El Banquero de la Libertad

[…] Elecciones… (u Opciones…) Un nuevo y genial cuento de Viviana Comerón: Elecciones. […]

19 10 2007
sentires

¡Qué gusto que te guste, Gustavo!

(no podía perder la oportunidad de usar tres gus en una misma oración, sin sentirme mal…¡Ahhh un placer!)
Beso abrazo,
Vivi

20 10 2007
pescau

Que tu poyo fume pipa alos 18 está muy bien… ¿está en algún club de fumadores? Si no, decile que me escriba así lo conecto con el Pipa Club de Buenos Aires, donde va a aprender muchísimo.
Y que seas mujer no te impide fumar pipa, eh… para empezar yo conozco personalmente a 4 bellisimas damas que fuman pipa y les queda muy bonito, eso sin contar con grandiosas mujeres, como Angela Davis, que fumaban pipa.

En fin… anillos de humo de pescáu.

20 10 2007
ADRI

¡¡BUENISIMO!!… son esos cuentos que te hacen apurar la lectura para ver como termina. El viejito esta, para comérselo.
Besos y abrazo sostenido. ADRI

28 10 2007
dianaventurini

está muy bien narrado, muy atrapante
claro que al menos a mí me deja un gusto amargo en la boca, como el humor negro…
el abuelito salva todas las papas, claro, opino como Adri
besos

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