El Hombre de negro

17 12 2007

Nunca supimos cómo lo logró, ni por qué eligió el final del invierno. Lo cierto es que dicen que remontando vuelo dejó la tierra y no volvimos a verlo.
El hombre era taciturno, no hablaba con nadie en el barrio, apenas un gesto con la cabeza insinuaba la respuesta al saludo que como era costumbre le dirigían los gentiles vecinos.
Lo mirábamos pasar con mis hermanos, los tres pegados a la ventana del living los días helados de invierno.

El señor era muy alto y delgado. Usaba un sobretodo negro largo hasta los tobillos, botas de cuero, pantalón gris y polera de lana blanca. Una bufanda escocesa verde, negra y amarilla que le envolvía el cuello y la boina ladeada, le daban cierto aire de extranjero.
Siempre iba con un libro diferente en la mano, lo balanceaba con el mismo ritmo que sus brazos marcaban la marcha. Parecía desfilar, nos daba risa porque a esa edad cualquier cosa nos causaba gracia.
Pero con este hombre, la cosa era diferente. Nos reíamos escondiendo la cara, no sea que fuera a vernos, un poco de respeto o temor generaba el Señor de quien nunca supimos el nombre porque no nos atrevimos a entablar conversación -tampoco él daba lugar, para qué negarlo-
Vivía en una casa sencilla frente a la nuestra. Tenía jardín y terraza. A toda hora se veía un perro negro….Del animal, solo sabíamos que era un labrador y de los más grandes. Nunca ladraba, parado en la verja del jardín o entre los hierros que hacían de balcón de la terraza, nos miraba atento como vigilándonos.
Un día vimos que el hombre entraba y salía de la casa con paquetes, haciendo varios viajes en término de pocas horas. Para enterarnos de las novedades, montamos guardia los tres. Imaginábamos tantos disparates con el pobre objetivo en la mira…pero nunca pudimos confirmar ni uno solo de los argumentos que inventamos.
Al día siguiente, telas de colores flameaban en su jardín. El perro echado seguía los movimientos de su amo sin acercarse al traperío,”Lo tiene muy bien adiestrado”, comentábamos “¿Se imaginan qué haría nuestro perro salchicha entre esas telas agitadas por el viento?”.
Por la tarde, un flete le llevó el canasto enorme. Era tan grande que debieron pasarlo por encima del cerco. Lamentamos que fuera muy tupido el ligustro, no permitía ver los detalles “¿Y si vamos?” -dijo mi hermano -Total, ¿qué nos puede decir?”
-Vuelvan a su casa niños, no sean entrometidos- Fue la respuesta que recibimos con marcado acento de otro lado.
Regresamos desilusionados. No vimos más, ni supimos qué tramaba. Eso sí, nos enteramos que el hombre no era mudo y posiblemente germano aunque mi hermano dijo que su acento era francés.
Aburridos de mirar al vecino y obligados por el reto de papá, abandonamos el ventanal. Al fin, que ya estábamos cansados del vidrio helado en donde apoyábamos las narices.
Nunca nos perdonaríamos luego,  el no haber resistido en esa posición.
Cuando llegó la primavera, nos dimos cuenta que el Señor de la esquina no pasaba por nuestra vereda,  ni por la suya. Las ventanas de la casa permanecían cerradas, el perro no estaba y los pastos del jardín habían crecido tan alto que se confundían con el cerco.

Se comentó que una noche serena, al final de ese invierno, tres hombres vieron elevarse un canasto enorme. Dijeron que telas livianas traslucían fuego que parpadeaba en el centro .

De la versión, los mayores detalles estaban puestos en el ladrido de un perro. Aseguraron que provenía del cielo.

Viviana Comerón

Junio 26 de 2007 -Sentires-

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12 responses

18 12 2007
pescau

¡Uy, qué lindo cuento!
Me encantó la estructura, corto, pero con un equilibrio, un misterio, una resolución… lo digo de nuevo: ¡me gustó mucho!

18 12 2007
sentires

Gracias por tu comentario Pescau, lo traje de por allá abajo…bien desempolvado, para que lo lean los que no lo conocían, como vos.
Me gusta que te guste.
Un besote, (cuanto hacía que no nos visitabamos ¿no?)

18 12 2007
villatierra

A mi también me encanto, pues encanta la manera en que construyes el relato, tan lucido y como siempre: cargado de oxigeno, misterio y ganas de mas. Sigue así: Dios te acompaña en el teclado.

Cuando vengo aquí pienso: hacen falta mas Vivianas en este mundo.

Gracias por el regalo y los regalos.

7 besos

Carlos

18 12 2007
sentires

Hola Carlos ! qué alegría verte en casa…te extrañaba.
Qué bueno que te haya gustado mi hombre de negro…a mi me gustó tu Cóndor. Con el águila son las aves que me conmueven por su majestuosidad y poderío…(aunque el texto alude a puntos más altos que las alturas que ellas alcanzan)

http://www.villatierra.wordpress.com

Hay mucho bueno para leer en tu blog, te comparto con mis amigos.
Un abrazo, nos vemos, como siempre.

18 12 2007
freedombanker

Excelente. Besos.

19 12 2007
sentires

Excelente… verte en ésta, mi casa.
Regresa más.
Otros besos

20 12 2007
aguilagriega

Muy bueno Viviana.
Este Hombre de Negro nos llevará a todos algún día, aunque no necesariamente hacia arriba. Unos emprenderán el viaje hacia lo mas profundo de sus miedos. Ni modo.
Besos y gracias por compartir.
Rafael

20 12 2007
Celia

Mi hombre de negro, ese que nos advierte sobre los peligros de las apariencias. Tan negro el hombre y tan libre… Me gusta imaginarlo así: negro y alto, allá arriba, con su libro siempre diferente, con una biblioteca mágica en las nubes y el perro ladrando a la luna.

Es un cuento preciosos, Vivi, de esos que a cada cual nos cuenta una historia diferente, o un sueño,

Desde mi orilla a tu orilla van mis besos,

Celia,

21 12 2007
sentires

Hola Refael, qué gusto verte, gracias por tu comentario…
Beso abrazo

21 12 2007
sentires

Así es como resulta Celia: A cada uno lo suyo, por eso cada cual le dará su interpretación. La Libertad hace estas cosas…es parte de lo creativo, del arte le leer y poner parte de uno mismo en cada frase, como hace el que escribe, cierto.
Me encanta verte en cada comentario que me dejas, es como escucharte el leerte.
Te abrazo,
Vivi

6 07 2008
zy yoou wer

me gustaria formar parte su grupo

6 07 2008
sentires

Bienvenido entonces. Eso sí…Aquí no hay anónimos. Unico requisito, darse a conocer.
Un beso,
Viviana

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