El golpe

26 12 2007

Dejé la bici de mi amigo y como si nada fuera, entré por el corredor de la casa. Calladita la boca.
Era una mañana de primavera soleada y fresca. Mamá me dejó salir a la vereda porque todos los chicos estaban allí -él también-
La calle Cabezón se veía tranquila. Villa Pueyrredón en ese entonces, era una zona arbolada de casas bajas estilo inglés; barrio de ferroviarios de los que alguno queda.

A tres cuadras de la estación podía escucharse muy bien el silbato del tren advirtiendo su paso. Una de las cuadras cerradas daba a las vías y tenía por cerco unas chapas gruesas de ferrocarril con los bordes doblados para adentro, rectangulares y clavadas en la tierra. Nunca transgredimos las aberturas entre una y otra, porque estaba totalmente prohibido por los padres. El tren no perdona, decían.
A Juan le habían regalado una bicicleta. Juan era el más grande, alto y fuerte, su cabello negro lleno de rulos bien dibujados, caía apenas sobre la frente y los ojos marrones enormes eran enmarcados por pestañas que parecían más de jirafa que de persona, él me pestañeaba a propósito seguro ¡Cómo me gustaba!

Siempre se reía de todo –y de todos- pero no de mí porque un día me hizo llorar y de ahí nunca más se rió (menos porque era chiquita y usaba vestidos almidonados y dos trenzas con moño, yo odiaba ese peinado estúpido)

El tenía como once y yo cinco, pero eso qué importaba ¿no?
Todos los del barrio hicieron la fila. Yo miraba sentada en el umbral de la casa de departamentos. Juan dijo,

-Vos también -y me hizo seña con la mano para que me ponga. Me puse.
-Una vuelta manzana y listo eh -decía a cada uno de los que iban subiendo.

Así fue como me tocó el turno. Claro que yo nunca anduve en nada, menos en bici. Pero ya sabía, porque como estuve mirándolos y era la última de la fila…ya sabía. Más seguridad me dio el escuchar a esa Susana que decía,

-No la dejes Juan, es muy chiquita- y el pobre Juan para que yo no me enoje agregó

-Sí ella sabe ¿no Vivi?

-Claro que sé -respondí airosa y entonces él soltó la bici que tenía agarrada del puño negro para entregármela. Era pesada.
Puse el derecho en el pedal. Tuve que hacer fuerza para que avance y listo…”Falta el otro y ya sale la bici” pero patinó mi pie derecho y el caño del medio me pegó justito.
Me dolió tanto que se llenó mi boca de saliva porque no podía llorar ante el “Uuuy…se mató” que alguno dijo y todos corrieron, Juan el primero.
Me sostuvo la bici que intentaba dejar en el piso,

-¿Te duele? -lo dijo bajito con tono apenado.

No podía caminar pero negué con la cabeza y entré por el larguísimo pasillo de mi casa hasta que cuando estuve frente a mi mami, lloré con todas las lágrimas y la boca bien bien abierta abrazándola tan fuerte, violeta de ahogo.
Lloré el dolor, el bochorno y la bronca de ser tan chiquita y tan tonta.
Viviana Comerón
24 de junio de 2007- Sentires-

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9 responses

27 12 2007
aguilagriega

Hola Vivi.
¡Excelente cuento!
Mientras lo leía, recordé algunos pasajes de mi niñez. Identificándome con la protagonista de 5 años. ¡Claro!
Transmites mucho y lo sabes.
¡Un abrazo!
Rafael Frias

27 12 2007
pescau

Este relato también me gustó mucho, y ya me estoy acomodando en tus textos.
Dos pastillitas: las casas ferroviarias y británicas – de las que ya quedan muy pocas y que las municipalidades se emperran en derribar estúpidamente – son el mejor escenario para una historia de amores niños; no me imagino mejor marco.
Las trenzas con moño son el peinado más lindo que puede hacerse una niña y una mujer. Yo he sabido pedirle a alguna novia que tuve que se hiciera trenzas… no hay nada más lindo.
¡Besos de Pescáu!

27 12 2007
sentires

Rafael, me encanta que te guste y te llegue lo que escribo, sé que llega porque sé cómo sale de mí. Pero es muy bueno que alguien lo diga, así uno sabe para dónde rumbea (término muy gauchezco)
En cuanto al comentario que dejé en tu post, lo enganché al que te había dejado alguien que pasó antes que yo.
Beso, abrazo

27 12 2007
sentires

“Me estoy acomodando a tus textos”, Una ‘pastillita’ tuya. Me gustó.
Lo de las trenzas no, para nada… Excepto con cabello dorado hasta la cintura, trenza medio deshecha…cayendo de costado con tunica blanca la mujer esbelta y altísima…delgada como espiga y de tez rosada sin vestigios de sol…¿la ves? puede que le quede bien.
Ja)

27 12 2007
Luis E. Reyes

Viviana:

Valiente niña vestida de grandeza. Sabes donde puedes abrirte a tus lágrimas. Sabes quienes pueden verlas salir. Madre, celadora de sueños y dignidad.

Un beso desde aquí, hacia allá.

27 12 2007
sentires

Siempre un placer leerte en mi espacio, gracias por cada visita.
Un beso un abrazo para vos.

28 12 2007
Luis E. Reyes

Recuerdo un llanto liberado en las faldas de una madre. El niño envuelto en lágrimas. Un triciclo tirado a la distancia, convertido en traidor.

Un beso, Viviana.

30 12 2007
Celia

¡Ay, cómo apretaban las trenzas! Casi me lloran los ojos al leerte. ¿Ves? A los cinco ya eras como ahora: valiente.

Dos cuentos tuyos seguidos, dos recuerdos a tu madre, ¿será que es Navidad?

Besos desde aquí,

Celia,

30 12 2007
sentires

Gracias Celia…es un placer leerte. Quisiera que todos puedan comprobar de qué hablo, que todos conozcan tu magnífica letra. Así queeeee, luego hablamos ¿dale? (idea)
Abrazo para vos, sale con beso en golondrina de las 13:18 (adelantamos una hora, bueh)

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