La Hoguera

11 01 2008

Sentado frente a la estufa de piedra el abuelo se acomodó la camisa de felpa, esa azul gastado que sacó del fondo del cajón con olor a naftalina. Hizo coincidir ojales con botones y abrochó lento de arriba para abajo. Mucho no le gustaba, pero ahora que era viudo, como todos los viudos, comenzaba a ver con ternura las cosas que siempre le molestaron de la mujer,
“Vieja tonta que siempre hace lo que me desagrada como si no escuchara mis rezongos” pensaba cuando podía decírselo. Ahora, en voz alta y sonrisa enamorada,  lo decía para que lo escuche cualquiera, mientras recorría la casa.
Y la veía poniendo naftalina hasta en la sopa cuando llegaba el verano
“Qué costumbre, como si el olor matara las polillas, nunca mató una, ni con la mano” Volvió a sonreir.
Eso sí, la ropa de invierno estaba bien protegida, encerrada, doblada cada cosa en su bolsa, bien lejos del sol y de la mano del hombre que de pronto tuvo frio y no encontró qué ponerse,
“Pero si estamos en verano”, decía ella negándose a entregarle un abrigo,
“Y que me importa, tengo frío igual” repetía él enojado.
“Luego te quejás del olor a naftalina” insistía la mujer,
“Pero tengo frío igual” cerraba la respuesta en tono indignado y enojadímo al final de sus dos o tres reclamos.
Encontró hoy su camisa de felpa azul gastada oliendo a naftalina, no le pareció tan desagradable, casi le gustó.
Cosas que hace la muerte.

El sillón lo abrazaba, tenía roto el tapizado de gobelino pero en la casa no había otro más cómodo que este sofá viejo y chillón frente a la hoguera.
Porque más que hogar a leños, mucho más que estufa de piedra…ésa era su hoguera. La de los tiempos sostenidos en el tiempo, la de los recuerdos avivados como el fuego.
El abuelo lo llamaba, mi túnel del tiempo, porque cuando lo encendía, el primer día de otoño “Sólo para festejar el nacimiento del mejor mes del año”, decía, le daba como una cosa adentro en el pecho que lo estremecía por largo rato.
Y todo en su mente era un desfile de pensamientos, de imágenes coloridas como el mismo fuego que danzaba crepitando en el hueco de la estufa.
Afuera, el viento del sur traía el frío primero recién estrenado, agradable.
A pocos metros de su ventanal, el mar, dejaba oír el romper de olas que yendo y viniendo, marcaban un ritmo acompasado.
“Me iría hasta la orilla, si no fuera porque es tan tarde, casi las once. Es tarde”
Y apareció. La imagen volvió a su mente. Esa noche, especialmente, recordó a otra mujer.
También fue un 21, pero de enero.
Estaba fresco, menos que hoy claro. Sí fue un verano caluroso, sofocante. Y el único café que tomaron duró como dos horas, mientras ella le decía que no sabía por qué estaba allí y él respondía que tampoco sabía. Pero ahí estaban, de madrugada. Hablaron y rieron y no recordaron nunca de qué hablaron, mucho menos, de qué rieron. También caminaron, pocas cuadras casi desiertas y a los pocos que pasaron, daban más ganas de esquivarlos que de mirarles.
Cuando vió que su auto doblaba en esa esquina de Callao para Corrientes pensó,
“Y ahora, ¿Por cuanto tiempo más la volveré a perder?”
Ella siempre se perdía.
Pero esa vez, al menos esa, la encontró. O ella lo encontró a él.
Todo terminó rápido, pero fue fantástico y lo más maravilloso: Nunca supieron qué fue lo que les resultó tan especialmente bueno esa noche.
Estaba añorando hoy, después de tanto tiempo y pensaba si alguna vez también a ella le pasaría esto de…de parar un momento, de reconstruir escenas compartidas…
“Vaya uno a saber…Tal vez, también ella recuerde” escuchó decirse en voz alta, mientras parpadeaba como el fuego…Mientras el cuerpo relajado se dormía y su mente aún despierta, soñaba.

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5 responses

11 01 2008
NANCY

que lindo escribes VIVI, pasé por acá y aprovecho de dejar un saludo para ti, oye yo tambien escrbi algo en el blog del señor Guillermo puedes verlo acá

http://www.guillegg.wordpress.com

bueno MUCHOS BESOS PARA TI, AH LO MAS IMPORTANTE FELIZ AÑO Y QUE SEAS MUY FELIZ. BYE

NANCY SEA

11 01 2008
sentires

¡Gracias Nancy! un cariño grande para ambos…ya paso a dejarlo en tu casa ¿te parece?

12 01 2008
aguilagriega

¡Hola Vivi!

Si sigo leyéndote, voy a acabar copiando parte de tu estilo. Bueno, intentándolo cuando menos. Seguro.

(Concientemente siempre he buscado -al escribir- la sensación que me provocaron las lecturas de los cuentistas mexicanos y también de los famosos del cono sur)

Saludos.

12 01 2008
sentires

¿Todo bien Rafael? supongo que tan bien como tu creatividad…No me parece que le haga falta ninguna copia de otro. Por más y más que uno lea, no se copia si no se pone intencionalidad. Te salvaste entonces, tu estilo es muy bueno, no merece adulteración.
Te dejo beso y el saludo, sale con abrazo-

12 01 2008
Celia

¡Qué bonito, Vivi! Qué forma de quererla y de encontrarla entre todas las cosas.
Y sí, también ella recuerda. En él.

Gracias por este cuento delicioso, tan tuyo…

Y besos, desde mi invierno,

Celia,

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