Hora de siesta

26 02 2008

Contaba baldosas mientras caminaba, dos rojas tres azules una blanca, dos rojas tres azules una blanca.
Árbol inclinado.
Como si muchos se hubiesen apoyado en el tronco, creció torcido. No tuvo tutor, diría el tío Luis. Es por eso. Creció como pudo, sin cuidados. El tronco lastimado arrastra las raíces que asoman de la tierra, se las ve como a garras apretando el suelo para no salirse del todo. Pobre árbol agotado. Siente angustia por él, lo consuela con una caricia.
Cerca de una reja, pasó con el palo que encontró y sin perderse en la cuenta recuento de baldosas que llevaba, hizo un concierto entre los barrotes y los firuletes.
Turno del perro ahora. Ladra desde el lugar donde está echado. Ladra ronco y espaciado. Perro viejo. Con cada ladrido queda temblando su moflete. Se ríe y lo señala con el índice. El perro entiende por viejo y nada tonto, se pone en pie y avanza ladrando como cuando hace años espantaba niños atrevidos como éste.
Dos rojas, tres azules, una blanca…dos rojas, tres azules una blanca…dos
Árbol erguido derecho como trazado.
Tronco sano liso, sin nudos. Pasa su manita, se siente suave. Sonríe y observa, mece el viento la copa frondosa que regala verdes, de todos los verdes.
Respira levantando el mentón y entornando los ojos, como hacen los perros.
Ahora cerca larga. Partes de ladrillo dejan un paredón bajito para caminarlo y otras de reja enjaulando una parcela de tierra descuidada. Un perro bravo mostrando los dientes, se encarga que no haya intrusos ni flores.
No hubo concierto. Cambió el palo de mano ¿Quién se atrevería a pegarle a las rejas que separan de la fiera? Nadie. Tampoco hay pasto en el jardín, sólo un perro que ladra enfurecido porque no se lo puede comer. Alguien chista detrás del ventanal. El perro gime ahora, gime y calla obediente mirando al amo invisible y al bocado que se pierde haciéndole equilibrio al borde gris acero de la vereda y cuenta otra vez: Dosrojastresazulesunablancadosrojas.
Las saltó a todas. Una por una, mirándolas fijo dando contra el farol de la esquina justo en medio de la frente. No lo vio, ahora sí.
Entonces golpea la columna de metal, esta vez con el palo que conserva.
Disfruta del sonido y el eco que recorre el interior del tubo hasta que un señor mayor le detiene la mano con, Eso no se hace niño.
Varias blancas ahora, blancablancablanca ¿Y van? Diez. ¿Las rojas? ¿Las azules? Cambiaron las veredas, ¿Cambié de barrio? Hola ¿alguien escucha?
Dejó el palo apoyado en la vidriera de una tienda de sábanas blancas, tan limpias y dobladas, planchadas y almidonadas, esperando por él ¡Qué buena arrugada les daría!
Dos rojas tres azules, una blanca tres rojas dos azules una blanca…Suerte que encontró el camino de regreso a la cama, Como dice papi “El cine de sábanas blancas”
Ya sin palo, sin perro que ladre ni viejo que rete, duerme el niño. Al fin, duerme.

V.C

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8 responses

29 02 2008
Laut

Hermoso cuento Vivi ¿Para cúando un libro de cuentos?
En la plata hay un taller de escritura al que asisto y cada tanto hacen concursos de distintos estilos de escritura, no sé si serás también de aquí.
Un beso te dejo y a seguir recorriendo la mente y el corazón.

1 03 2008
sentires

…No me diga que transitamos las mismas diagonales, que nos detenemos en las mismas plazas y nada, nunca nos reconocimos.
Muy mal lo nuestro eh!

Otro beso para vos

2 03 2008
a.m.garrido

En mi barrio cuento siete rojas y dos blancas. Hermoso relato. Un saludo

2 03 2008
sentires

Gracias, beso de bienvenida.
Otro saludo (para el regreso)

3 03 2008
Pescáu

De nuevo me llevaste a mis siestas de 7 u 8 años… jaja, si me habrán corrido los perros y las viejas que yo no dejaba dormir pateando latas o pasando un palo por las rejas.

Dato infantil muy importante: pisar baldozas rojas mataba demonios, en cambio las azules debían ser evitadas, para no matar ángeles. Otra cosa era llegar de esquina a esquina sólo pisando sombras.

Detrás de todo eso, el sonido del silbato del heladero…

¡besos de pescáu!

3 03 2008
sentires

Completaste las imágenes de mi relato, gracias Pescáu…deberíamos escribir uno a cuatro manos ¿te parece? (en serio lo digo)
Otro beso

3 03 2008
aguilagriega

Hola Vivi:

Mi reciente incursión a seleccionar las pisadas sobre los colores del suelo, son obra de mi niño de 5 años.

Cada que entramos a un centro comercial debemos evitar perder vidas al tocar colores indeseable.

Y así vamos los 2, seguidos por su mamá. ¿Qué pensarán los que nos observan?

Saludos y muy bello cuento.

Rafael

3 03 2008
sentires

…Así somos los niños Rafael.
Suerte para los padres que hacen ‘el ridículo’ siguiendo nuestro ritmo fantástico. Pobres los que no se atreven.
Un abrazo (me alegra verte)

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