La Mandrágora

25 10 2008

Apareció entre la maleza, lo asustó pero al ver que era cordial se acercó a ella.
Era una mujer serena, dulce su rostro y hermosas las facciones. Con una túnica blanca se cubría y su sola presencia perfumaba el ambiente con aroma de jazmines.
Ella sabía que lo había enamorado. No necesitó de mucho esfuerzo, siempre pasaba.
El joven no dejó de pensarla ni un instante con sus dieciocho. Logró embelesarlo, su primera experiencia, y encontró una diosa.

Todos le dijeron que era más anciana que su propia abuela. Pero cómo creerles semejante disparate. Nadie mejor que él sabía del cuerpo esbelto y de la piel blanca y tersa de esa mujer. Se amaban cada tarde. A nadie lo contó, guardó el secreto a pesar de la insistencia de su amigo más querido.
Desde el otoño y durante un año Juan fue diariamente al mismo lugar del bosque junto al arroyo para encontrarla. Comía muy poco y apenas si dormía y cuando podía hacerlo, era para soñarla entre sus brazos.

Un día se despidió de sus amigos, dijeron haber hecho lo posible, fue en vano. No pudieron retenerlo. Y jurando que alguna vez regresaría, se internó en el bosque.
Aseguran que cada tanto recorre de noche el pueblo. Camina despacio como arrastrando el paso. su cabello blanco le llega a la cintura, la barba termina en dos puntas hasta la mitad del pecho. Los amigos saben que es él. Ellos lo espían desde una ventana redonda en el altillo de su propia casa, donde varias noches al mes se juntaban para hablar de cosas de miedo y reirse luego del que más se asustaba: Juan.
Acompañan a los padres cada semana, cuentan sus aventuras riendo por nada, hasta que con un gesto suben al cuarto “reservado para hombres” Lo acomodan, limpian de polvo la mesa de estudio, encienden la salamandra si hace frío y vuelven a quemar entre las brazas esas cartas, que escritas con letra ilegible, aparecen sobre la misma mesa cuando termina la visita. Andrés dice que no puede ser, que seguro las escribe el padre.
Esteban asegura que no. Es su letra, él la reconoce.
Daniel, desconfiado, no quiere saber nada de volver.
Hugo, el que más lo siente, se recrimina que él lo abandonó que debió hacer algo más concreto, encerrarlo, no dejar que salga cada tarde. La culpa no lo deja dormir.
Los otros lo consuelan, le dicen que espere, que con el tiempo todo se va a saber que no siga lastimándose con culpas que ninguno tiene, hicieron lo posible. La decisión fue suya.

Cuando creen verlo por la ventana, apagan la luz de la lámpara, dejan todo en penumbras y se acercan a mirar. Lo ven pasar más envejecido, sus pasos más lentos y desganados.
Una noche, Daniel dijo tomando la campera del perchero, “Yo voy y lo encaro” Salió sin permitir que nadie fuera con él. Enfrentaría al anciano.

Cuando estuvieron en medio de la calle despoblada, Daniel reconoció los ojos de Juan. Tan vivaces como antes, una mirada pícara lo escudriñó bajo las cejas de plata, tupidas como su cabello enmarañado.
-Juan, soy Daniel ¿me reconoces?
-Claro, cómo no habría de reconocerte.
-Regresa amigo, tememos por tu cordura si continúas con esto. Regresa con nosotros. Nunca más te desafiaremos para que demuestres nada, esto no es cuestión de valientes, cuerdos, de locos ni cobardes. Esto pasó a ser cuestión de vida o muerte. Regresa por favor. Y lo abrazó sin temor a ser rechazado, con amor y emoción.
-No puedo Daniel, ella me tiene atrapado. Bebo de su raíz cada mañana, no puedo distinguir lo bueno de lo malo, recuerdo con nostalgia a mis padres pero sin el más mínimo deseo de verlos, tampoco me interesa si están sanos o si mueren. Soy insensible, no me duele el cuerpo, ni tengo recuerdos. Pienso que todo se ha borrado de mi mente.
-Pero pudiste recordarme Juan, ¿Cómo fue que pasó?
Con lentitud., Juan metió la mano en el abrigo harapiento y sacó una fotografía arrugada, los colores sepia se perdían entre la nube que se formaba hacia el fondo del paisaje.
Daniel tomo la foto y miró: Cuatro jovencitos de no más de diez, frente a una cámara automática apoyada en un tronco. Recordó el instante, Juan le hacia cuernos sobre la cabeza con la derecha y con la izquierda sostenía una planta que acababa de arrancar de raíz de un oscuro sector del bosque, los otros dibujaban muecas de asco frunciendo la nariz, la planta olía muy mal.

-Dicen que la Mandrágora, no perdona, de algún modo se cobra el haber sido molestada.
Daniel se despidió de su amigo llorando como un niño. No sintió vergüenza, sabía que nunca más volverían a verse.

(En cuanto al misterio de las cartas…pertenece a otro capítulo)

V.C

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25 10 2008
sentires

Origen de la palabra
Mandrágora viene del griego. Según un diccionario italiano, se ligaría con la raíz
“mandra”, gremio y “agayros, nocivo (nocivo al gremio). Pero algunos defienden el origen
sánscrito “mad”, embrujar y “gar”, consumar, quizás para indicar que acaba con la vida por
la embriaguez. Finalmente parece ser que “dañino para el ganado” es el significado
correcto, porque “mandra” también se aplica al rebaño (italiano gregge, latín grex)
Entonces debemos descartar que el origen del nombre se deba a la forma que adoptan sus raíces.
Historia
En leyendas y poesías la figura de la mandrágora aparece con fuerza. Por ejemplo Mac Beth hablaba de la “raíz insana” y se menciona su nombre igualmente en Antonio y Cleopatra y también en Romeo y Julieta y en ninguna como en la colosal obra de teatro que lleva el nombre “Mandrágora”, de Nicolás Maquiavello (1469-1527), donde se la relaciona con la fertilidad, con el amor, el sexo y el engaño.
Las distintas especies son: mandrágora officinarum, atropa mandrágora,
mandrágora autumnales, mandrágora turcománica y mandrágora caulescens.
En los países de habla hispana se la conoce también por sus nombres vulgares: berenjenilla, uva de Moro, manzana de Satán, manzana del amor o planta de Circe.
La mandrágora officinarum que se usa para la preparación del remedio
homeopático crece en España, en los bosques sombríos, a orillas de las corrientes donde no entra el sol. También ha sido hallada en lugares rocosos y abandonados generalmente inundados durante el otoño. Hay publicaciones que indican que crece en el Himalaya, sobre todo en el Tibet, donde es cultivada por sacerdotes.
La planta tiene una altura de 30 cm. su raíz es gruesa, larga y blanquecina, se
extiende un metro en la profundidad de la tierra y a veces está dividida en dos partes, adoptando la figura de las piernas humanas. Tiene un tallo corto, verde oscuro, rematado por hojas ovales anchas y rugosas del mismo color del tallo. Las flores son blancas a veces teñidas ligeramente de púrpura y sus frutos unas bayas pequeñas similares a una manzana que coloreadas de naranja, desprenden un olor desagradable al igual que toda la planta.
Pertenece a la familia de las solanáceas y desde la antigüedad fue considerada una planta mágica no sólo por la forma humana de sus raíces sino por que se le atribuyeron poderes narcóticos, afrodisíacos y estimulantes de la fertilidad.
Composición química
Contiene los alcaloides atropina, escopolamina, hiosciamina y mandragorina.
Farmacología
Ingerida en forma oral, la mandrágora que contiene principalmente atropina, se comporta de una manera similar a la belladona. En dosis baja bloquea los receptores de la acetilcolina deprimiendo los impulsos de las terminales nerviosas mientras que en dosis elevadas provoca una estimulación antes que la depresión.
Usos terapéuticos
En la medicina antigua las hojas de mandrágora hervidas en leche se aplicaban a úlceras.
La raíz fresca se usaba como purgante y macerada y mezclada con alcohol se administraba oralmente para producir sueño o analgesia en dolores reumáticos, ataques convulsivos e incluso melancolía. En los tiempos de Plinio se la empleaba como anestésico haciéndole comer un trozo de su raíz al paciente antes de realizar una intervención quirúrgica.
No existen registros de dosis recomendadas. Sólo se menciona que su uso en pequeñas cantidades era seguro, mientras que en dosis mayores provocaba delirio y locura o muerte por intoxicación
No hay registros que su ingestión produzca adicción física o psicológica.
Información:
1 Cataldi G., Candegabe M. Árnica Montana, Grados crecientes de complejidad en el estudio de la Materia
Médica homeopática. Año 2002.

Goodman, Alfred et all: Goodman y Gilman. Las bases farmacológicas de la terapéutica, 8va. Edición,
Panamericana, Argentina, 1991.
http://www.mind-surf.net/drogas/mandrágora.htm.

Muchas son las leyendas que han llegado hasta nosotros en torno a esta peculiar raíz de forma humana surgida – según la leyenda – en la tierra donde se había derramado el semen de un ahorcado . Otras de ellas, hablan del temible grito mortal que produce la planta al arrancarla , y que mata a quien lo intenta.

Se contaba que el procedimiento para arrancarla y salvar la vida era el siguiente. Se cava hondo alrededor de la raíz hasta ponerla al descubierto. Se ata una cuerda a la raíz y el otro extremo se ata al cuello de un perro. Se llama al perro desde cierta distancia. El perro quiere acudir, tira de la planta y la arranca, grita, y el perro muere. No quedaba más remedio que sacrificar al perro. Pero esto, obviamente, “ compensaba”

Sin duda, la fama mágica y prodigiosa de la Mandrak , era atribuida en otros tiempos a sus virtudes afrodisíacas garantizadas ( de las que no se tiene constancia documentada)

Desde muy antiguo se han atribuido poderes mágicos y supersticiosos a estas raíces en forma de cuerpos humanos . La leyenda asegura que todas las raíces de mandrágora se transforman en hombrecitos de verdad, como pequeños duendes, y que se dedican a favorecer al dueño de la planta.
Actualmente no existe mandrágora ni raíz alguna cuya forma corresponda con la de ningún hombrecillo; la más parecida conocida –tanto de forma , como de posibles virtudes estimulantes – es el Gingseng coreano.
…….
Si llegaron al saludo, les resultó Interesante ¿cierto?
Dos besos,
Viviana

25 10 2008
Ernesto Suárez

¡Protesto! La mandrágora no puede ser perversa como la leyenda presume y el relato la describe. En inglés su nombre es Mandrake, el mismo del mago nacido en la gran depresión yanqui (la primera, claro), que junto a su fiel compañero y amigo Lothar mantenían a raya a los gansters del mundo brindándonos la oportunidad de vivir una niñez feliz a mediados de los años cincuenta del siglo pasado…..¿o no habrá sido por Mandrake? Cariños.

26 10 2008
sentires

Mandrake tomó su nombre de Mandrágora, así es.

No se enoje Don Ernesto, es un cuentito nada más. No me creo lo de los tipitos y esas cosas de los gritos, bue.

(Dios me va a castigar por mentirosa :(

26 10 2008
Ferragus

El día de ayer, estaba redactando unas líneas para este texto, que encuentro entretenido y asaz narcótico. Quedé largos minutos pensando en aquellas formas de la barba de Juan: Inquietantes pseudo raíces brotando de su cara. En fin, aún es un misterio por qué no lo envié. Sin embargo, me acosté con la imagen del hombre mandrágora. Sólo recuerdo la frase inicial de un fallido comentario:” Inquietante relato, Viviana”

Besos, recorren cajones y rutas de hielo.

PS
Esto se supone que debiera estar en otro texto, pero en fin. No sé la razón de mi desorden, hoy. Discúlpame, cariño.

-¿Hacia dónde te diriges?
-Iré a pescar río arriba.
-Pero en ese río no hay peces…
-Eso parece ser cierto, así y todo ¿Vamos?
– …
-Espera, iré a buscar mi caña.

26 10 2008
sentires

Ese texto del río sin peces es más que un comentario.
Leo entrelíneas.
Me agrada tu desorden de hoy.
Te abrazo

28 10 2008
caro

hace falta la leyenda universal de la mandragora, mas especifica, porque el texto anterior no da informacion acerca de la misma.

29 10 2008
sentires

Hola Caro, Bienvenida
Escribí un cuento, basándome en el mito, aunque nada tiene que ver con la leyenda.
Podés encontrarla en internet o en cualquier libro que la mencione. En cuanto a la información que dejé me pareció importante ya que no todos sabemos los usos que puede dársele para curación de ciertas dolencias -además de matar, porque en exceso es venenosa, parece que también cura-
Saludos.

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