Shu-Ka

8 01 2009

El hombre continúa con las piernas adentro del agua que corre por las manos durante su trabajo.
Arma con destreza la malla de juncos que alisa y limpia una y otra vez entre los labios, atrapando así los residuos que arrastra el río, no debe quedar rastro de ellos en el tejido. Entre sus piernas amarra el cesto que cobra forma.
Ya pronto termina este canasto. Vigila, sobre la orilla algún otro más alto, secándose al sol.
Shu-Kah no resiste el dolor de sus huesos. El frio que siente en los pies escala impiadoso las piernas, las rodillas arden, ambas sensaciones son tan intensas y cotidianas que ya forman parte de él, lo acompaña, como si lo persiguiera, se instala adentro, a su lado antecede el paso lento, insiste persistente, continuo.
La sordera del dolor no escucha la súplica.
Indiferente, sigue, el dolor también.
Shu Kah es el cestero fúnebre, el que construye tejiendo, la última cama del hombre. Tarea valorada aunque de lejos, el egipcio es sensible a las supersticiones. No es temido como el embalsamador, de él nadie huye, se lo saluda con reverencia cuando se acerca a la Metrópoli. Más aún, cuando lo hace vestido con el atavío sacerdotal.
En esas ocasiones, la expresión de Shu Kah es otra.
Imponente, como su altura, avanza en el carro de pie. Sostiene las riendas ásperas que tiran con fuerza dos caballos blancos. Parece de guerra, pero es de paz. De paz altiva,soberbia, avasallante. Trasunta orden y serenidad interior, en armonía con el alma y los dioses.
El cestero fúnebre y el sacerdote, se conjugan, fusionándose avanzan.
Los niños pequeños saltan al carruaje, acarician su brazos fuertes, lampiños, de bronce.
Shu Kah sonrie sin hablar, los mira de reojo y sigue la marcha.
Los más grandecitos, como sus padres lo hacen,también inclinan la cabeza hacia adelante.
Deben llegar después que él lo haga, no hay prisa.
El Sacerdote encabeza la comitiva de fieles.Un templo de piedra de grotescas dimensiones , la cima de una baja colina, también espera.
El Sol parece detener su descenso hasta el ingreso de la comitiva y como suspendido entre el cielo y la línea del horizonte, el Rey Sol, aguarda por él.

“Bendito sea tu reino, tu poderío y benevolencia,
Oh Señor que todo lo ves, que todo iluminas,
Oh glorioso Señor, gracias por éste día y por todos los que quieras darnos,
Gracias por el amanecer, por el calor ardiente y la tibiezade tu muerte.
Vuelve oh Señor de Señores a iluminarnos con tu fuego,
Resplandece en nuestro Espiritu,
Se en cada uno de los hombres que te adora y glorifica,
Se cada día para que seamos en Ti,
Oh Señor de Señores…”

Y vuelve a comenzar, hasta que el Señor Sol se oculta saludando a sus fieles con un mínimo rayo amarillo, casi ocre, algo violaceo para dar paso a la sombra.
Shu Kah canta el rezo de rodillas, frente al Dios Sol, de espaldas a los hombres que en igual posisión, extienden los brazos a un lado paralelo a la arena, las cabezas permanecen pendiendo, los ojos cerrados, la mente en luz, los cabellos desatados presa del viento que arrastra polvo y calor.
Los Adoradores del Dios Sol, se despiden del Amo y Señor de la Tierra.
Van a descansar el día hasta el otro día, hasta el amanecer. Vuelve la peregrina comitiva a sus aposentos, pequeñas y bajas chozas de piedra, juntas sus paredes laterales, buscando protección una con otra.
Alguna sombra comienza adibujarse en la callejuela de piedras blancas.
Shu Kah también regresa, el día concluyó, lo espera su nadie con quien convive desde siempre.
No conoció a sus padres ni preguntó por ellos. Nada lo inquietaba demasiado sobre sí mismo excepto su función.
Nació Sacerdote, el tiempo se detuvo en el día de su consagración. No conoció mujer alguna, ni la deseo jamás. Su función es su pasión y con ella terminará sus días. Fue uno de los elegidos, un privilegio entre los hombres de humilde casta. De entre ellos, el mejor, fue enseñado en las artes de leer y escribir en piedra y en papiro. Lee el Libro de los Muertos a los muertos, recita de memoria ciento ocho oraciones sin errores, habla en lenguas extranjeras y hasta pudo acercarse cien pasos de distancia al Faraón.
Desde niño, es diestro en el arte de la cestería, pinta con bermellón, verdes y azules los juncos secos. Usa los barnices con buen gusto. Algunos son ornamentados con pedrería de poco valor. Sus cestos siempre fueron diferentes, los mejores, los más costosos. Sonríe con bonanza cada vez que acaba con uno de ellos, locontempla, lo acaricia, lo almacena con reserva, cierra lapesada puerta de maderos que los guarda en el subterraneorecoveco debajo de su vivienda, lejos del calor del sol.Cada tanto, abre la compuerta barre el piso arenoso, sacude el polvo a los cestos, rocía con agua del río el suelo,deja que los salpique la humedad a fin que no se reseque elmaterial antes de ser usado.No hay tacha en él.Los sentimientos de shu Kah son amorosos sin amar a ninguno en especial, es un Ser de la Luz.
A él recurre el hombre enfermo a quien sana su mano derecha, la que hace. La izquierda, la que piensa y siente,la reserva para los males del alma, pàra el que sufre penas por amores que fugan y malqueridos cariños que no regresan,para el dolor que la muerte deja en el que queda vivo, para el llora y bebe, para el que bebe sin llorar.Shu Kah es médico. Sus remedios salen de plantas y flores del desierto, de algún gusano y del veneno de la cobra a la que domina con una fina fluta de caña seca y perforada.
Muchas veces un cesto fúnebre sirvió para transportarlas desde los papiros que bordean el río.
Sabe que pronto llega su hora, lo siente en el pecho, en lapiel, en los pensamientos.
Cada noche retoma el Libro, para recordar cada palabra, para no omitir ninguna cuando cruce el río y le pregunten, para cuando el alma se deposite en uno de los platillos, su cuerpo en el otro…y báscula dictamine el veredicto.
Tampoco le importa demasiado el juicio. Lo tiene ganado,él lo sabe.
Nada lo intimida, sólo El Sol.
Cómo podrá mirarlo tan de cerca cuando llegue el momento ¿Podrá hacerlo? ¿Se le permitirá hablar en ese momento? ¿Se dejará abrazar el Sol sellando el reencuentro?
No lo sabe, esto sí lo inquietó desde pequeño. Y cree que será el último pensamiento que cruzará su mente cuando llegue ese segundo mínimo de pasar a la otra orilla, sí ese será, está segurode ello.
Y entre los niños que cantan y hacen rondas batiendo palmas sin ritmo, ve pasar uno mujer de lánguida figura acompañando el paso con un leve movimiento de sus caderas estrechas.
Llevaba un cesto también, pero…Ese canasto le pareció reconocer sus manos en el tejido, las guardas rectas, los colores dispuestos.
Era uno de los suyos, ¿Por qué razón lo lleva esta mujer? , ¿A dónde se dirige? ¿Quien es ella? ¿Cómo no reparó antes en esta graciosa mujer, delgada como espiga, alta más que un junco, fuerte aunque débil…¿Quién es ella? ¿Y por qué se dirige a él con tanta seguridad?
Los niños siguen sus juegos y él sentado, la observa, no cambia el rumbo viene hacia él.
La mujer le sonríe con dulzura, sujeta el cesto bajo el brazo derecho, “El de hacer” se dice, mientras tiende la izquierda hacia el hombre, que con gesto de asombro, entorna los ojos y se deja ir encandilado por el último rayo del dios Sol, ese, que lo espera.
-Hermosa eres Mujer ¿Dónde has estado? ¿Por qué te ocultaste de mi tanto tiempo?
Dime tu nombre, háblame. déja que sienta el aroma de tu piel, abrázame por favor, deja que duerma en tus brazos, estoy tan cansado.

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10 responses

8 01 2009
Ferragus

Pareciera tan breve todo. Y lo es. Presos de una temporalidad inexorable. Dejemos de actuar como dioses, aunque de allí venimos. Contemplemos las mil figuras que describe una hoja en su caída; reparemos, humilde, en nuestra natural intrascendencia.
Un hombre alto, fornido, con piel de bronce, con su sombra el doble de su altura proyectada sobre la arena; avanza de espaldas al río, repitiendo unos versos. Lo miro: No me ve.

Provoca alegría leerte.

9 01 2009
sentires

Gracias Amigo, ¡me alegra alegrarte!

Creo que lo inexorable del Tiempo, está conformado por la sencillez de una línea en la que Pasado y Futuro tal vez se conjugan con el Presente.
Desde esa Unidad, no sé si no te ve.
Un Abrazo

13 01 2009
Ferragus

Sí, inclusive en su relectura alegra.
Me gustaría que de eso se tratara: “Ya, tranquilo. Está todo bien ahora ¿Ves?”
Un beso, Viviana.

13 01 2009
sentires

Tengo entendendido que de eso se trata. Veremos, no hay apuro amigo Ferragus.
Un abrazo

13 01 2009
adri

Hola amiga, leyendote no necesito cerrar los ojos para sentir el calor de ese sol y el abrazo del viento. Y la fascinación por los cestos tejidos. un abrazo

13 01 2009
sentires

Te creo, treinta años de amistad no son de adorno, un poco nos conocemos ¡casi una hermandad!
Besos con abrazo de ¡ya podrías ir regresando! digo ¿no?

23 01 2009
Haz de luz

Solo vine a dejarte luz, sé que en realidad das luz a tu alrededor…pero igual te la dejo. Que estés bien querida!

Un beso.

23 01 2009
sentires

Sumemos (y compremos anteojos negros, ja)
Un abrazo amigo -te dejé un mensaje antes de encontrrar el tuyo, sincronía.

4 02 2009
Adri

Como siempre, bellisimo. Es una fiesta leerte, y no lo digo como hermana.
Un fuerte abrazo… cargado de orgullo

4 02 2009
sentires

Gracias abu Adri, me encantan tus mimos.
Beso, beso

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