A veces pasa

11 02 2009

Que la inspiración nos llega de madrugada en medio de una lluvia torrencial, nosotros adentro y ella afuera, claro.
Y comenzamos una historia ni tan cuento ni tan cierta.

Él dijo que podríamos hacerlo y bueno, al fin logramos la salida prometida.
Ni fue Grecia ni la Biblioteca estilo inglés de nuestra propiedad, con la que soñamos casi en disparate -seguiremos haciéndolo-
Nada de eso.
Un sencillo borde al mar argentino.
Del Hotel, fantástico, porque lo hallamos de casualidad –que no existe- nos separaba la playa y una mínima avenida también de arena. Desde la ventana del cuarto, pudimos disfrutar el nacimiento del sol, su esplendor y ocaso.

Una mañana le rendí culto como Shu Ka lo hiciera y Ra respondió permitiéndome mirarle a los ojos.
Sí, un fenómeno especial, cual eclipse, hizo que quedara encendido en el centro y opacado en los bordes, pude verlo si lastimarme.
Le agradecí. Luego volvió a su normal encandilamiento. Se hizo de oro y fuego.
Esta parte es el nocuento que hasta ahora no te conté:
En los buenos días que usamos para hacerlos nuestra historia, el Sol entró un rato al cuarto para jugar conmigo.
Las olas oficiaron de cortejo entre desordenados movimientos, el viento se hizo brisa dejando quieta la arena.
Y vos, mí querido, dormías placidamente. Sentí frio. Te abracé.

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Querer amar, poder odiar

24 04 2008

Mi boca se abrió enorme, como gruta tenebrosa de la que asomaban serpientes y monstruos horribles, tanto como los insultos que lanzaba, más que fuego y lava, más dolorosos que piedras a la cara.
Comprendí entonces cuánto odio había acumulado en esos días, qué clase de hiel fue envenenando mi alma. Un demonio se había apoderado del cuerpo que creía mío. En ese momento, no podía pronunciar ninguna palabra coherente. Salían de mi boca insultos atroces. Nunca me escuché semejantes improperios, fue deleznable, indigno, mediocre, ordinario y a pesar de ello, no resultaba suficiente.
Debía hacer algo más fuerte, algo que doliera más…Con qué pegarle.
Miraba con cara de loco desquiciado a mi alrededor, buscaba un palo, algo que lastimara con heridas mortales ese cuerpo. Me sentí un niño, el gesto era infantil y un sentimiento de autocompasión me invdió cuando con asombro vi que en mi mano, el deseo, había dejado una espada.
Quería y debía matar a mi Maestro. Al mismo hombre que endiosé al mismo que amé hasta ayer, hoy quería matarlo de segunda muerte, ver rodar su cabeza ante mí… No encontraba forma de perdonarlo ni la buscaba. Debía matarlo. Lo odie tanto como cuando lo amé, así profundamente, sin medida, así lo odié y necesitaba que lo supiera. Desee mirarlo a los ojos, adentro mismo de sus ojos celestes, tan sencillamente amorosos como ahora me resultaban fríos y crueles.

“Es por eso que te busqué. Crucé el valle de muertos sólo para encontrarte, hice todo el camino gritando tu nombre y traje conmigo esta espada que ves para clavarte en ella por traidor, ruin y miserable. Actuaste sin amor, te burlaste de mi, usaste el poder que te otorgué para endiosarte y desde allí violaste su inocencia, imbécil hombre común que te dejaste hacer dios por tantos como yo, crédulos…idiotas, incapaces”

Desperté de esta pesadilla, agitada, temblorosa. Encendí la luz que ayudó a ubicarme: Estaba en casa. Respiré más pausado, fui reconociendo los cuadros, la cortina, miré mis manos, las restregué una con otra, las pasé por mi cara…Era yo misma, el otro salvaje quedó en mi sueño.
El miedo fue mayor al levantarme. El pie descalzo y sucio de barro que asomó de entre las sábanas, logró despertarme del todo.
-¿Cómo llegó este barro hasta mi cama, cómo? ¿Por dónde he caminado? ¡Dios…mi sueño! En él yo corría descalza.
Era el hombre. Y llevaba una espada en la mano.

V.C





Ares

1 01 2008

Dios griego de la guerra, tiene en Marte su equivalente entre los romanos.
Dicen que Ares es belicoso, claro que Marte también lo es.
Los dos portan escudo en el que se refleja el otro y el mismo guerrero.
Luego el ataque, la agresión, la pelea hasta la muerte o uno ileso el otro maltrecho.
Marte sube a su carro y vuela en busca de un nuevo enfrentamiento.

Psicológicamente Marte sólo hace de espejo del otro con su escudo reluciente…El otro, se ataca a sí mismo. Ve en el espejo aquello que le desagrada de sí.
Esto nos pasa cuando alguien nos detona desagrado, bronca, ira…agresión, disputa, contienda competencia, celos. Ponemos afuera, en el otro, lo propio.
Hasta que un día, se hace la luz y nos damos cuenta. Y cada vez que algo semejante nos ocurre nos tomamos unos minutos (¡si pudiéramos!) recomponemos la situación y en medio de la tregua, reflexionamos.
Esto sería maravilloso. No siempre contamos con esa suerte de capacidad de reflexión o del cinco minutos de lucidez. Bueno, hay que ensayar.

A propósito, el Nuevo Año comienza justamente en día martes que regido por Marte (Ares) es especial para grandes emprendimientos, para las ideas brillantes y además, claro, para discutir y mostrarnos tal como somos. Aún las peores partes de nuestra personalidad esas que querríamos ocultar, quedan expuestas en el campo de batalla. Marte como regente de Aries, ejerce especial influencia en los ideólogos. La acción es su principal objetivo así como el mando, la conducción, la imposición. Amantes de la velocidad sufren generalmente accidentes en los que la cabeza se ve afectada.
Traslademos esto a nuestro nuevo año y tendremos una semblanza de aquello que nos depara – puede que no, puede que sí…Libre albedrío-
Como si todo esto fuera poco, Año Bisiesto.
También Año 1 ¿Cómo, por qué?
2008 = 2 0 0 8= 10 = 1
En Numerología, 1 es pionero (como Aries) manda organiza, piensa, indica…Construye imperios, es fundacional. Mal aspectado, déspota tirano, cruel, sanguinario.
Pero a no desesperar, está muy bien conformado en el mapa astral.
Será un buen Bisiesto. Seamos buenos con él. Cuidemos a nuestro año pequeño para que cuando crezca, nos trate con cariño.
La Magia está en la comprobación que la precisión es casi milimétrica. Sólo debemos estar atentos y observar.
Todo se relaciona, todo está intrincadamente conectado y como mapa conceptual podemos desplegarle y continuar enlazando uno y otro concepto casi…hasta el infinito.
¡Qué fantástico! ¿Cierto?

V.C.





Hércules

25 11 2007

 Trabajo I. La captura de las Yeguas Devoradoras de Hombres

-“Los Trabajos de Hércules”, Alice Bailey-

fiero.jpg
Diómedes, hijo de Marte, gobernaba en la tierra más allá del Portal. Allí criaba caballos y yeguas de la guerra, en los pantanos de su tierra. Salvajes los caballos y feroces las yeguas, asolaban la tierra produciendo gran daño matando a todos los hijos de los hombres y engendrando caballos cada vez más salvajes y malignos.
“Captura a estas yeguas y detén estos actos malvados. Ve, libera esta tierra lejana y a los que viven en ella”, fue la orden que llegó a los oídos de Hércules.
Buscó entonces Hércules a su amado amigo.
-Abderis, adelántate y ayúdame en esta tarea.
Los dos trazaron planes con cuidado y siguieron a los caballos mientras recorrían las praderas y pantanos de esa tierra. Al fin arrinconó a las yeguas salvajes dentro de un campo donde no había lugar para moverse. Allí las atrapó y maniató. Luego festejó el triunfo logrado.
Sumido en orgullo por la proeza, consideró indigno para él conducir los caballos y yeguas por el camino al Portal. Designó a su amigo Abderis para llevarlo a cabo y dándole la espalda, marchó hacia delante.
Abderis era débil y temía a la tarea. No pudo retener las yeguas, ponerles los arneses y conducirlas a través del Portal. Ellas se volvieron contra él, lo desgarraron y pisotearon luego huyeron a las salvajes tierras de Diómedes.
Hércules, descubre la razón de la tardanza de Abderis. Desconsolado, retomó su tarea dejando al amigo agonizando sobre la tierra.
Nuevamente atrapó a los caballos y los condujo él mismo a través del Portal. Pero Abderis yacía muerto.
La gente dio la bienvenida a Hércules considerándole su salvador. Pero Abderis yacía muerto.

El Maestro tomó las yeguas y caballos y los envió a su lugar de reposo para domarlos y dedicarlos a sus faenas. Y volviéndose a Hércules dijo:
“El primer trabajo está terminado, la tarea está hecha, pero mal hecha. Aprende la verdadera lección de esta tarea…”
…………………………
Hércules no estaba preparado para el fracaso, poco entendió la magnitud de su tarea. Resulta fantástica su impulsividad y que a pesar de los fracasos que debía soportar su orgullo, rehizo sus trabajos hasta que triunfal alcanzó el objetivo propuesto.
En éste Primero:
Dominar los pensamientos: “Las yeguas devoradoras de hombres”
Son miles, millones que desatados, fuera de control…mataron la parte noble, humilde e inocente pero débil, simbolizada en Abderis.
Hércules confió en su fuerza, en su poder y creyendo suficiente el control ejercido se descuidó. Los ‘pensamientos’ aprovecharon su debilidad, la soberbia.
El trabajo estuvo mal hecho. Debió aprender del error con sufrimiento…El costo fue la pérdida de su amado amigo.

V.C.





Procrustes, “El Estirador”

24 09 2007

Luego de vencer al rey Cerción, Teseo se encuentra con el gigante Procrustes, que vivía cerca del camino de Atenas.
Tan malvado como su hijo Sinis -El doblador de Pinos, de quien les contaré más tarde- Procrustes solía ofrecer a los viajeros cama para pasar la noche. Sólo tenía una cama, y para hacer que fuese del tamaño adecuado para todos, a los bajos los estiraba en un potro. A los altos les cortaba los pies.
Teseo le hizo tumbarse en su cama. Como era demasiado alto, le cortó la cabeza.
Quien desconoce la historia está condenado a repetirla. Es bueno que algunas las contemos muchas veces para no olvidarlas.

V.C.





Errar es divino, también.

16 09 2007

El Hombre no quiso pedir un deseo, la mujer sí.
Ella quedó un momento con los ojos cerrados, él mientras la miraba de reojo haciendo muecas de fastidio. A ella no le importaba hacer el ridículo con su marido, seguía pensando el deseo que le ofreció el hombre frente al teatro.
Parado tras una mesa pequeña, alta, de esas sistema tijera. Traje azul brillante, por gastado, camisa limpia alguna vez blanca, corbata azul con buen nudo. Zapatos mocasines descocidos en la punta, lustrados antes de salir de la pensión.

La noche era calma, templada. Mucha gente en la calle, pocos niños, la mayoría adultos. Mujeres grandes haciendo de adolescentes, señores entrados en años no reconocidos mirando piernas, oliendo el perfume de cualquiera menos el de su mujer. Lo de siempre, gente que quiere el plato que se está comiendo otro. Y otros que disfrutan complacidos lo que la vida les brinda, de esos también había.
La señora frente al hombre erguido detrás de su mostrador improvisado, continuaba con los ojos cerrados.
-Bueno…dale mujer, no me vas a tener toda la noche aquí haciendo este papelón en plena calle. Larga el deseo, date el gusto y nos vamos. O pensándolo bien, vos seguí buscando el deseo que yo voy a sacar el auto de la cochera y te rescato de aquí , si es que estás.
-Me parece bien- respondió a ojos cerrados.

El marido caminaba riendo de su propia broma, “Si es que estás” repetía y reía otra vez.
Hasta el hombre de traje se extrañó de la situación. Él sólo quiso venderle una estampa del Santo de los Imposibles, alguna vela, un sahumerio. Usó el asunto del deseo como enganche, para no andar ofreciendo mercadería no apta para sábado a la madrugada cuando todos salen de los cines y teatros, comentan, ríen inmortales buscando dónde cenar o tomarse el último café del paseo.
¡Quién le iba a decir que la Señora se lo iba a tomar tan en serio!…Seguía buscando en su mente el deseo más deseado, no era cosa sencilla.
De pronto, abrió los ojos. Celestes. No se dio cuenta que la mujer tenía ojos tan enormes, tan claros…tampoco había notado que no era vieja ni joven. Parecía de unos ¿cuarenta? No, seguro treinta y cinco. La intriga pudo más, le preguntó.
-Cincuenta y cinco…mil- dijo.
– ¿Encontró el deseo? No parece para nada de cincuenta y pico, le juro doña, ni se me hubiese ocurrido, yo le daría unos treinta y gracias.
Nada, silencio…la mujer no respondió. Estaba por decirle el deseo, el hombre la interrumpió.
-Los deseos no se dicen en voz alta, para que se cumplan ¿se había olvidado?
-Tiene razón, pero lo tengo. Ya está pedido. Llevo una estampa del Santo. Y Ud, ¿cómo se llama?
-Hermes ¡no sé en qué pensaba mi viejo cuando me eligió el nombre!
-Seguro pensaba en los Mensajes que tendría que darle al mundo.
-¿Le parece?
-Sí, me parece y le agradezco el deseo. Adios.
-Ah… su nombre Señora, no me dijo su nombre.
-Atenea.
La Señora Atenea caminó por la vereda confundiéndose entre la gente que iba y venía sin apuro riendo, conversando, desatentos.
El Señor esposo buscó el auto, pero no encontró a su esposa…tampoco estaba el hombre de las estampas. Lo vio caminando con la mesa plegada bajo el brazo y un bolsito en la otra mano rumbo a la parada de algún micro.
De la Mujer, ni señales…
-Bueno, ya aparecerá, muy lejos no va. Suele perderse la muy estúpida, siempre se queda en alguna nube haciendo nada…dos años así, no sé qué le vi…mujer idiota, ni para tener un hijo sirve. De nada puedo hablar con ella, qué castigo Dios mío, ¡qué castigo!
Pasaron meses, de la mujer, ninguna novedad. El esposo estaba…contento, aliviado. Tranquila la conciencia, él no la había matado, nadie lo hizo, seguro. Menos enviado por él. Ganas no le faltaron, pero nunca haría semejante cosa.

Cuando se acordaba la buscaba. Además debía salvar las apariencias.Preguntaban por ella los amigos y parientes de él, porque ella ni uno se le conocía. Eso sí le daba lástima, siempre le dio pena verla tan sola en el mundo, tal vez por eso se casó con ella.
Una mañana apareció una señal -si es que a eso puede uno llamarle señal-
Una estampa del Santo de los Imposibles sobre la mesa del comedor y una nota dejada bajo la frutera de cristal:

“Mi deseo fue regresar a casa. Me fue concedido. Zeus me perdonó el error de haber elegido tan mal entre los hombres. Mis cosas las dejo, no las necesito donde voy. La ropa también. Allá sólo usamos telas livianas, túnicas.
Cariños por estos dos años compartidos. Te libero.
Atenea”





Némesis, la venganza

22 06 2007

narciso.jpgEco, la famosa parlanchina del Olimpo, era una hermosa Ninfa considerada por los antiguos griegos como deidad menor.
La joven vivía alegremente en las selvas montañosas alejada de los demás dioses. Cuando uno de ellos se aburría, la llamaba para que contase las ingeniosas historias que inventaba.
También Júpiter, se complacía en escuchar sus relatos y cuando decidía bajar a la tierra solicitaba a Eco que entretuviese a su esposa, la celosa Juno, a quien mucho divertían las ocurrencias de la Ninfa.
Sucedió que una vez Júpiter se demoró en la tierra y la pobre Eco, agotado el repertorio de cuentos comenzó a decir cosas sin sentido a la malhumorada Juno quien encolerizada, le infligió un severo castigo.
Desde aquel día Eco no hablaría como antes, sólo respondería a quien la interrogase.
Pero luego, Juno decidió agravar la pena.
Eco habría de limitarse a repetir únicamente la última sílaba de la última palabra pronunciada por quien la interpelase.
El castigo fue en verdad muy duro y el sufrimiento aumentó cuando Eco se enamoró de Narciso, hijo del dios Cafiso y de la ninfa Liríope.

Narciso había nacido hermoso y vivaz y como era costumbre en aquel tiempo, los padres desearon conocer el futuro del pequeño.
Consultaron entonces al adivino Tiresias quien examinando en vuelo de los pájaros y el temblor de las hojas, contestó con una ambigua profecía:
“Este niño vivirá mientras se desconozca a sí mismo. La muerte escogerá su propia imagen”
Los padres debieron contentarse con el lacónico vaticinio que por su puesto, no interpretaron.
Narciso ignoraba su belleza, no había espejos en los que pudiera mirarse. Pasó su infancia y juventud entre bosques cazando, su pasatiempo favorito.
Al tiempo que crecía aumentaba su belleza y las ninfas lo acosaban, entre ellas Eco quien se deleitaba contemplándolo.
Asombrado por tan hermosa seducción, Narciso reparó en ella.
Pronto se cansó de la extraña forma que usaba la ninfa para comunicarse y viendo que no había cosa que él hiciera que le disgustase, comenzó a despreciarla con evidente rechazo para alejarla de su lado.
Eco comprendió al fin que no era grata su presencia y se retiró a una gruta a llorar su pena de amor.
Los dioses compadecidos la transformaron en roca. Y aún hoy todos los que pasan frente a una gruta y pronuncian algunas palabras, oyen a Eco repitiendo la última sílaba.

Némesis, diosa de la venganza, decidió a su vez castigar la arrogancia de Narciso.
Bajó del Olimpo y tomando el aspecto de una hermosa cazadora, se acercó al joven proponiéndole conducirlo a un lugar propicio para practicar su deporte favorito, la caza.

Narciso la siguió encantado. Iban de la mano belleza, astucia, inteligencia, seducción, encanto y diversión ¿podía pedir algo más?

Llegaron así a un sitio desconocido, hermoso claro circundado por altísimos árboles en cuyo centro se hallaba una fuente de aguas puras e inmóviles. Némesis lo acompañó hasta el borde y le invito a inclinarse. Narciso vio entonces reflejado su rostro, el más hermoso de cuantos conociera.
Permaneció largamente contemplando su imagen mientras Némesis le susurraba:

“Quedarás aquí para siempre Narciso, quedarás aquí por toda la eternidad mirando tu hermoso rostro, más bello que el de todas las ninfas y que el de todos los dioses, Ningún corazón de mujer habrá de sufrir ya por tu belleza”

Y Narciso, permaneció allí convertido en la flor que lleva su nombre, la que se inclina sobre el agua incapaz de abandonar la contemplación de su imagen.

Viviana Comerón