Para un abrazo

17 11 2008

Bajé saltando de la cama como desaforada. Fue un brinco mortal.
Llegaba tarde al Registro Civil.
¿Me casaba? ¿Era Hoy el gran día?
No Era, Es.
No me casaba ¡me caso!
Es cierto el gran día ¡Y yo me duermo! ¿Qué hora es?
Las 11:15
¿am?
No nena, pm
¿Y ahora, qué hago? ¡Me perdí la ceremonia! ¡Lautaro se casó sin mí! -Será verdad o esto es una pesadilla. Es una pesadilla-
Despierta mi bien, despierta… que el día ya amaneció…
Ah bueno, es un sueño ¿Qué hora es?
Las 11:19 am Pero del día anterior.

Amanda estaba tan conmovida con el más grande evento de su vida que desde hacía más de dos meses, soñaba que se quedaba dormida la mañana del civil.
Luego de este episodio incontrolable, la esperaba una sesión de llanto sentada en la cama abrazada a sí misma. Los latidos acelerados y la boca seca como en desierto, la obligaban a tomar litros de agua y a permanecer quieta por un buen rato.
Tanto desorden mental sólo podía componerse con la ducha tibia y un desayuno abundante. Pocas noticia (no fuera a enterarse que cerraban los Registros Civiles) se reía de la ocurrente idea, también nefasta como los sueños, esta vez bajo control.
¿Bajo control?

-Le explico Licenciado, lo que yo observo desde hace tiempo, es que hablo sola.
-Es normal, todos hablamos con nosotros mismos.
-Pero es que yo me respondo, me insulto, me reprimo, me arrincono con argumentos. No sé si me entiende.
-Claro que sí, la entiendo. Es probable que el desgaste se deba a un severo agotamiento mental del que es difícil salir porque generamos hábitos que responden a las características que vamos conformando a nuestro sistema de pensamiento. Le recomiendo hacer deporte o caminatas, natación, tenis son actividades que agotan. Luego dormirse con el deseo de hacer un ordenamiento en los casilleros de la mente. Eso es lo más importante: La intención. Lo que Ud. decida hacer consigo misma.
-Comprendo.
-¿Le hago una pregunta en relación al sueño? Cuando se da cuenta que se durmió ¿qué siente?
-Bronca, me desespero, tengo miedo, me corre un frío por la espalda e inmediatamente lo busco.
-¿A él?
-No, a Usted.

V.C.

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Noticia

24 05 2008

Trataba de poner mi lámpara nueva y las manos me temblaban
-porque nada hice esta mañana sin pensar en lo mismo-
Hoy tengo algo para decirte, espero tu regreso.
Me prometo no llamarte, no lo haré.
Tampoco a otros.
Guardo mi boca cerrada porque temo gritarlo a nadie y que todos escuchen.
Pero casi no puedo estarme adentro del cuerpo de impaciente.
Miro por el ventanal la calle vacía y el reloj me dice que aún faltan cuatro horas.
Qué hago entonces, tanto tiempo. Mantenerme silente.
Aunque voy y vengo de un cuarto a otro,
Te imagino, sonrío. Me cubren la cara mis manos, las respiro profundo.
Quiero gritarlo. Que todos se enteren pero no, aún no debo.
Me siento como perro enjaulado, como lobo atrapado como pájaro herido como

Y escucho la llave que abre la puerta y corro.
Te miro, te abrazo. Llegaste, suspiro.





Misión Imposible

15 11 2007

Sepan Uds. disculpar la cabecera de imagen de hoy.
El negro no es mi color favorito mucho menos mi intención para ‘decorar’ Sentires.
Algo funciona mal desde ayer, no puedo recortar la imagen. Pero sí lo desean podrán ver el cuadro completo, clickeando en la página Qué Ves
luego, sobre la miniatura para ampliarla.
Este mensaje se autodestruirá en…el tiempo que logre solucionar el inconveniente.





Aplausos

14 10 2007

Alterados por la proximidad de la presentación, queríamos opinar no dejábamos hablar a los otros ni nos escuchábamos. El ruido incordioso, ocupó todo el espacio. Entre el griterío incomprensible, se escuchó con claridad “¡Silencio por favor!” y al instante, un “¡Shhhh!” se extendió hasta desalojar absolutamente el sonido del recinto.

Giramos hacia las puertas que se abrían sigilosas, ambas hojas dejaron ver el cuarto contiguo iluminado. Apareció su imagen fantástica, majestuosa e imponente bajo el marco. La melena dorada, enmarcaba rasgos perfectos. Su mirada intimidante salvaje,  nos desnudaba dando el primer paso.
Todos bajamos reverentes la cabeza en señal de sumisión y reconocimiento.
Avanzó con la elegancia y seguridad de los actores encumbrados y nosotros lo rodeamos casi rozándole. Permaneció inmutable y agradeció el aplauso unánime con un abrir y cerrar de ojos.
Los dientes blancos y el brillo en la mirada, hablaban de la corta edad de este magnífico león africano, famoso ya por las innumerables actuaciones entre el público de todas las edades… Sin barras de protección sin látigo, sin gritos autoritarios ni jaulas.

En un segundo plano fuera de todo protagonismo, el domador, atento a la escena.

En dos momentos pude ver que entre ellos había un cruce intencional a modo de apoyo, una pícara complicidad…Como a veces pasa con los amigos.

jun 21st, 2007 by sentires Edit |
Viviana Comerón





Corbata, cravate, necktie…krawatte

5 10 2007

Desperté saludable, estaba viva. Siempre agradezco este detalle al abrir los ojos, costumbres. Hice lo de todas las mañanas al levantarme. El desayuno es una de las comidas que más disfruto, le dedico hora y media, a veces dos, por eso amanezco tan temprano. Desde la pantalla leí todas las noticias del día, rutinas. Mi café con leche en el tazón exagerado seguía humeante. De las tostadas, ni una.
Dejé correr el agua de la ducha y entré al dormitorio. Elegí la ropa que vestiría y la encontré. Estaba caída entre los zapatos
-¿Una corbata? ¿De dónde? ¿Cómo llegó al placard?
Con la corbata en la mano, luego de olerla y revisar cada costura cada pliegue,  estaba segura de no haberla visto antes, ni en el cuello de un hombre, ni en una vidriera. Menos en mi placard.
Escuché el agua de la ducha y ya el vapor se metía en la habitación cuando reaccioné. La corbata seguía en mi mano. Tontamente detenida ante mis ojos sin hacer otra cosa más que estar allí y yo del otro lado, mirándola.
Mientras me enjabonaba muchos pensamientos locos cruzaron por mi mente. Entre tantos, uno coherente “Llegó hasta aquí con algún paquete desde la casa de mis padres”
Eso es. Era esa la opción más acertada. “Esta corbata es de papá”
Luego de terminar conmigo, salí del departamento con el bolso colgado.
Mientras esperaba el ascensor, miré para cerciorarme que la llevaba.
El día transcurrió sin mayores novedades. A las seis de la tarde entraba al departamento de mis padres.
-Hola ¿Quién hay? Llegó la nena. ¿Mamá? Hola ¿Alguien en casa?
– Aquí estoy hija en el escritorio – la voz inconfundible, invitaba al encuentro con muchos besos y abrazos, “A nuestro modo”, terminábamos alterando la canción de Sinatra, pero con igual tono teatralizado. Luego, estallábamos en risas.
Sin dejarlo hablar, antes del cantito de rutina, saqué la corbata.
Como serpentina salió del bolso desenrollándose al tiempo que yo decía,
-¿Es tuya pa?- pasó los ojos de la corbata a los míos y de ahí otra vez a la corbata, la tomó en las manos como palpando su textura.
-Es de seda y azul. Nunca tuve de seda y menos azul. Sabés que no me gusta este color. No es mía ¿De dónde salió?
-No sé, pensé que era tuya y en un descuido terminó en mi casa. No sé de dónde salió pero estaba entre mis zapatos.
-¡Qué misterio hija!
Papá rió con picardía. Siempre le contaba mis cosas. Él sabía que no había Un Señor aún en mi vida, menos uno que pasara por mi dormitorio tirando corbatas azules entre los tacones.
-Bueno, a esto vine. Me voy peor de lo que entré, todo el día pensando de quién sería esta corbata. La tiro por el incinerador. ¿Y mami?
-Salió, ya vuelve, no te vayas aún. No la tires, es bonita y parece nueva.
-No es nueva papi, ¿no ves que tiene arrugas a la altura del nudo?
-Casi nueva. No voy a usarla de igual modo. Pero ahora el preocupado soy yo, ¿Cómo se explica esto de la corbata? ¿Alguien pudo haber entrado a tu departamento sin que lo supieras? ¿O llamaste algún técnico o plomero o…?
-No papá, no llamé a nadie. Nadie entró a mi casa, la corbata es de nadie y ya la estoy tirando, no quiero hablar más del tema. Me voy papá, tengo inglés no quiero llegar tarde, besos a mami.
Papá me acompañó hasta el ascensor. De camino tiré la corbata misteriosa por el hueco del incinerador, cuando trabé la puerta de aluminio respiré diferente.
“Me tuvo el día entero tensionada la tonta corbata ¿Sería del dueño anterior? No. La hubiese visto antes, limpié todos los rincones antes de mudarme. No…nunca la vi. ¡Maldita sea, otra vez estos pensamientos!”
Antes de acostarme revisé el correo,
“Noticias de Eugenia, se arreglo con Juan –qué suerte- Mónica está mejor y viene a pasar unos días conmigo -buenísimo- Respuesta de empresa -por ahora nada- Propaganda de taller de idiomas -no especifica arancel- Taller literario -éste ya lo mandaron- La última moda en corbatas Tenga una en su….”
-¡Cómo! –Grité, mi corazón se aceleró, retomé el anuncio: “¿Corbatas de seda azul, en su placard?, ¡No la tire por el incinerador!”
Luego una muestra de varios modelos, todos azules pero de diferente diseño ocuparon la pantalla sin otro texto más que la palabra “Corbata” en varios idiomas. Un escalofrío recorrió mi espalda.
La imagen ridícula me llenó de miedos. Mi fantasía ya no tuvo límites.
Entré al baño presentí que él estaba detrás de la mampara de la bañera. Sentí miedo. Pero miré. Sólo la gota de agua de siempre, caía monótona.
-¿Quién es Él?- dije con cierto enojo en voz alta, bien alta, de paso me hacía a la idea que éramos más.
-¿Cómo Él? ¿Estoy dando lugar a un personaje en esta historia de la corbata? ¿Un hombre de verdad? ¡No ya debo ver a mi analista! ¡Esto se pone denso!
Y pasé al dormitorio. Abrí el placard,
-¿Estás? ¡Contéstame corbata estúpida!
Y la vi. Asomando la punta del lazo más angosto por detrás de mis sandalias marrones.
Tiré de ella con fuerza, era la misma. Hasta la misma arruga en idéntico lugar.

-Tengo testigos.
-No tiene valor, es su padre.
-Yo arrojé esta corbata por el incinerador de su edificio. No puede ahora estar entre mis zapatos a diez minutos de micro del placard…
-¿Cómo dijo? Repita esa parte…
-¿Cuál parte? ¿Cuál de todas?
-La de los diez minutos.
-Ah…¿Cómo puede estar ahora a diez minutos del incinerador de la casa de mi padre? ¿Entiende?
-No, para nada. O sea que Ud. quiere decirme que a los diez minutos de haberla arrojado por el incinerador apareció en su placard.
-No, yo no dije eso, ni fue mi intención. ¡Hablar con Ud. es peor que hablar con la corbata misma!
-Bueno, siendo así, la dejo con mi o su corbata. Que disfruten.
– ¡No me deje sola por favor!
-¿En qué quedamos?
-Yo estoy tratando de explicarle pero si Ud. no pone buena voluntad, nunca nos vamos a entender.
-Yo pongo señora, ¿Ud pone? Porque en realidad Ud. dice ser muy clara pero yo no entiendo, ¿Entiende lo que le digo? ¿Señora? ¡Eh Señora! ¿Se durmió?
-Hola, ¿se durmió? Parece que sí. ¡Ah…encantado! ¿Ud es el papá de la niña?
-¡Qué le hizo Ud. a mi hija!
…………………..
En medio de dos sábanas húmedas y enroscada en el cobertor… Los pies al aire congelados. Enganchada en los cables de la lámpara y los del celular que estaba en carga. Asustada, temblorosa, horrible. Desperté al fin.
Me di una ducha tibia.
Preparé café y miré la hora, ya las siete.

Me vestí con la misma ropa que llevaba el día anterior.

Tome mi bolso, las carpetas y cerré la puerta.
Por el placard no pasé.

V.C.





El Dragón enjaulado

25 08 2007

“Sra. Mamá:
Dirigimos a Ud. la presente a fin de convocarla a un encuentro con el Equipo Mínimo Escolar. La razón del mismo obedece a conductas de su hijo Lautaro que ameritan un diálogo con sus padres.
Esperamos contar con su grata presencia. Miércoles, 15:30 hs”

Dispuesta a escuchar, asistí media hora antes. Esperé en la puerta.
-Adelante Sra encantada de saludarla, tome asiento.
-Mire, la cosa con Lautaro pasa por sus manifestaciones. Es un niño de imaginación en extremo desarrollada. No sólo en sus dichos, lo traduce en las producciones. Si bien tiene ocho años y estas características son comunes para la edad, son sus comentarios reiterados lo que nos preocupa.
-¿Por ejemplo? , pregunté con tono entre irónico e intrigado.
-Por ejemplo, el asunto del Dragón señora. ¿Ud. sabe que vive hablando de “su Dragón”?
-¿El Dragón? ¡Ahhh, el dragón!, dije graciosamente dando golpecitos con el índice derecho que se movía solo sobre el escritorio. La Social me miraba fijo mientras jugaba con el lápiz.
-¿Sabe de lo que habla?, dijo la del lápiz más como afirmación que interrogando.
-Sí, que lo menciona, claro. También dibuja dragones. Mira series de dragones, las japonesas…tiene libros de dragones, pero yo considero señoras que no es para alarmarse, son cosas de chicos.
-No tanto. Debemos reparar en la salud psíquica de los pequeños, es tema recurrente y no sea que….
En ese momento, entró al gabinete la Sra. Directora. Mujer elegante y perfumada, cara severa y anteojos de collar que sin sacar las manos de los bolsillos se acercó a mi cara para poner un beso a modo de saludo. Se disculpó por la demora y una vez sentada dijo mirando a las del Equipo,
-¿Ya le contaron del último episodio?- Respondieron con un gesto, No. Entonces habló la Señora Directora.
-Mire Señora, Lautaro el día lunes dio de puños en el recreo a un niño buenísimo que no mata ni moscas. El pequeño parece que le dijo “Mentiroso” varias veces, unas diez digamos. Su hijo sostenía que era cierto, “Es cierto, es cierto” gritaba. Lo llevaron a dirección, debimos llamar a emergencias médicas, por el corte en el ojo que le hiciera al compañero. Él ni un rasguño.
Las tres mujeres la dejamos continuar con su exposición sin interrumpir. La directora continuó,
-Cuando me quedé sola con Lautaro, le pregunté la razón de su agresión. Me dijo que él nunca miente, que si dice tener un Dragón, lo tiene.“¿Dónde lo tienes hijo?” “En el fondo de mi casa” “¿Anda suelto?” “Nooooo, en jaula” “ Y ¿qué le das de comer?” “Huevos, algún gatito de nadie, poca cosa”. Como Ud. imaginará mi querida señora, no le creí.
No podía reirme,  porque era notorio que había dudado. Respiré profundo, me erguí en la silla y agregué,
-Son cosas de niños, sí me preocupa que haya lastimado a un compañero, y además…que sostenga su fantasía con tal firmeza. Nos haremos cargo.
-Bien- Continuó la directora- Esperamos muy atentas su intervención y la de su esposo. Consulten con un especialista, no deje de hacerlo, es por su bien. Ud. sabe que “El bienestar de nuestros alumnos es el único objetivo que persigue la escuela” “Queremos niños sanos, coherentes, criteriosos. Seres pensantes y constructores de un Mundo Mejor. Autónomos y Libres”
No agregué más a palabras tantas elocuentes. El doble discurso me apabulló. Firmé el acta administrativa labrada y salí de la escuela.
Subí al auto y sin ponerlo en marcha, encendí un cigarrillo.
Me sequé las lágrimas y en voz alta, discutí con el asiento vacío del acompañante…

“-¡Te dije, te lo dije mil veces! No debimos quedarnos con él. Te dije que nos traería problemas….¿Cuántas veces te mostré que el bicho crecía por día, que ya era un delirio tenerlo en casa? ¡Pero vos, nada! Seguiste alentándonos con la mascota. Cuando vi el huevo que traías del Sur abrigado en una manta, supe que nada bueno nacería de él. Encima para colmo de males, prende fuego a todas mis plantas ¡Mi jardín es un desastre! Los vecinos nos acosan a preguntas…”¿De dónde sale ese intenso olor a azufre Señora? ¿Tanto humo para un asado?” Y a vos, qué te importa ¿no? Si total siempre de viaje ¡Y la jaula! Ya debiste agrandarla tres veces ¡y apenas tiene cinco meses de nacido!…¿Qué hacemos ahora? ¡Me querés decir! ¿Viste que no alcanzaba con recomendarle a Lautaro, “No digas nada”?
¡Pobre hijo mío! Nunca me perdonaré haberlo hecho pasar por mentiroso.
Pero esto se acabó.

Mañana mismo llamo al zoológico.

Cuando regreses, el Dragón ya no estará en casa y con los medios, hablás vos.

Te harás cargo. Lo prometo.

V.C.





Mendigando

22 06 2007

Caminaba por Boedo cuando de pronto, la vi.
El sol impiadoso clavado en su espalda me hizo pensar a cuánta indignidad y esfuerzo vano nos lleva la pobreza. Esta mujer inmóvil vestida de gris y sentada sobre un podio, miraba la entrada imponente de un Banco de la Ciudad.
Su mano extendida imploraba limosna. Para diferenciarse aún más del resto de la humanidad, la protegía un cerco improvisado de tablones atados con alambres.
Busqué apurada en mi cartera unas monedas que pagaran la culpa que sentía y la vergüenza que siempre me genera la miseria.
Ella, hierática, fría y suspendida en un punto la mirada, no dijo nada. No pestañeó, ni un guiño agradecido. Nada.
Claro, pienso, así estamos, como lo merecemos. Soberbios, demandantes, exigentes y desconsiderados.
Así la vida.
Así el Mundo.
Aun sin entender semejante indiferencia, me planté firme frente a ella, la miré a los ojos y en un cruel impulso, pretendí quitar de su palma extendida la mísera moneda de cincuenta que acababa de entregar.
Entonces, me di cuenta.
La estatua no era viviente, el cemento aún estaba fresco.

Carla Dulfano -Viviana Comeron