Qué será, será.

16 11 2008

Mientras la tarde se cierra,  las cartas se deslizan sobre la mesa de madera.

Ella lee el Tarot en penumbras, no necesita focos ni anteojos. Sus dedos ven mejor que los propios ojos.
María está cansada hoy. Trabajó tanto en lo suyo. Penas de otros sin resolver, enfermedad,  engaño, traición. Mucho de locura.
Y… La gente quiere saber, alguien que le cuente, que le diga quién, cómo, cuándo, dónde.

“Qué será, será. Será lo que deba ser. La vida te lo dirá, eso y nada más”

Recordó la canción de la película que la hizo llorar todo el tiempo hasta el The End.  Cada escena le resultó triste -a pesar de los sugus confitados y del abrazo de papá- lloró amargamente que raptaran al niño. Tanto, como si ella misma se hubiese perdido. Y tal vez, se perdió con él, por eso nunca olvidó la película ni la canción con la que esa mamá, dormía a su hijo o daba respuesta a miles de preguntas. La película terminó bien, pero la angustia quedó guardada como las palabras de la canción.

Sólo el verso inicial, era suficiente. Y lo evoca como un  mantra.
Hoy María no está bien. La última consultante la dejó ensimismada.

Tristes sus ojos llorosos, no quieren saber más de leer el próximo paso. Ni la próxima aventura, la sanación, el amante, ni la operación victoriosa. Tampoco el negocio opulento o la muerte de algún pariente querido que se avecina.

No quiere saber más y guarda las cartas, muy agradecida, guarda las cartas.
Tal vez, no quiera volver a leerlas “Todo tiene un tiempo” , se dice.
Un tiempo para reír.
Tiempo para llorar.
Hay un tiempo para nacer,
Otro para vivir, amar, gozar, sufrir y morir.

Cierra los ojos. María se duerme con ansias –espera que lo inesperado la sorprenda-

V.C.

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