De Franc

Posteado en De mis amigos sobre Mayo 11, 2008 por sentires

Otra Creación

Estaban solos en un territorio a estrenar. Nombrarían la luz y recién entonces ese orbe virgen saldría de las sombras y se encenderían sus colores. Los animales se animarían al ser llamados por su nombre, las plantas florecerían hechizadas por la Palabra y otros hombres y mujeres, tan inexpertos como ellos, se fundirían en una danza amorosa que daría sus frutos nueve lunas después.
Y el mundo se llenó de imágenes, de olores y de sonidos con el canto de las aves, el zumbido de las abejas, los relinchos y mugidos de animales jóvenes y sanos, el rumor de las hojas agitadas por el viento, los susurros de incontables orígenes, los ayes de placer y otros de dolor y las mismas palabras, extrañas, incomprensibles para los Fundadores, repetidas incesantemente: te amo, nunca te olvidaré, daría mi vida por vos.
Confundidos se miraron en silencio, habían creado un universo que no entendían, rebosante de sentimientos ajenos. ¿Cómo ocurrió algo así cuando hasta el barro primordial había sido amasado por sus manos? ¿Qué había fallado tanto como para que sus criaturas les resultaran extrañas?
Revisaron febrilmente los planos, los modelos en escala, las notas que tomaron de sus Maestros. Espiaron mundos vecinos y hablaron con muchos fundadores sin encontrar la clave de lo que entendían como su fracaso.
Sus rostros se ensombrecieron, se les agrió el carácter y los largos silencios tensos fueron seguidos por estallidos de ira en los que se culpaban el uno al otro. Se dijeron cosas que nunca imaginaron que se dirían aunque por suerte se callaron las peores.
Un día aciago decidieron que destruirían su creación, que no quedaría piedra sobre piedra de ese mundo tan ancho como ajeno y prepararon la tormenta letal.
Entonces recordaron que Madre muchas veces les había advertido, “antes de intentarlo aprendan a amar”.

Francisco Álvarez
04/05/08

De Martha

Posteado en De mis amigos sobre Mayo 11, 2008 por sentires

PRIMAVERA DE 1305
Esa primavera acompañaba el paisaje. Los corrillos y las intrigas en ese marzo de 1305, saltaban desde las ventanas de la alta sociedad a los empedrados enmohecidos.
Los secretos se convertían en grandes misterios; el populacho se despojaba de sus
atavismos ancestrales a costa de los rigores de la época. Italia se encontraba dividida
y eso traía aparejado una multitud de guerras intestinas.
Esa tarde, en la Plaza San Marcos, hace su aparición “el viejo”, un anciano de estructura débil que siempre vestía un largo y desgastado sobretodo negro, casi rozando sus pies.
En esta oportunidad, lo acompañaba un niño de mediana edad, tomado de su mano izquierda; en la otra, la derecha, sostenía un pequeño equipaje de cuero rústico. El chico lucía una remera de algodón con dibujos multicoles y grandes letras abstrusas. Un pantalón “blue jeans” y unas zapatillas blancas con decorado azul. Cordones entrelazados terminaban en un fuerte nudo que luego descansaba en un moño. El cabello era suave, ondulado y corto; la tez blanca apenas tocada por el sol.
El hombre se sentó con parsimonia en un asiento de piedra también gastado por el tiempo. Con la misma lentitud abrió su bagaje y sacó sus escritos, los que saltaban del latin “culto” a la lengua romance italiana. Inesperadamente, por unos instantes se ausentó la primavera. El cielo se puso gris y una borrasca modificó el paisaje. En ese momento “el viejo” se desvaneció para cabalgar la muerte. Un niño que nadie vió, corría enloquecido detrás de los poemas que se llevaba el viento.
Martha Cassará
(Publicado en LNOL en enero de 2007)

El Abuelo de Juan

Posteado en reedición sobre Mayo 8, 2008 por sentires

-Posteado en Volver a Ser sobre Agosto 20, 2007 por sentires-

El pueblo en medio de la nada era como todos los de campo, rutinario y silencioso. Mucha naturaleza pero aburrido.
Dos escuelas, una fábrica de queso, las vías del ferrocarril cerca de la plaza de tres hamacas y un tobogán. Jardines floridos y gallinas orondas por la vereda. Los caminos de tierra y esos cercos pintados de todos colores para terminar los restos de pintura.
El almacén general en una esquina, Venga y vea, Ud. encuentra lo que quiera. En la otra, apenas una cuadra a la derecha, la Farmacia “El Amaneciente”.
Afuera, alguna vaca aburrida de pastorear, varios caballos sueltos y una veintena de perros de nadie. Dormidos, quietos o ladrando pájaros.
Los niños jugando con cualquier cosa que pareciera un revolver, un barco, trompo, bolitas, rayuela, sogas y a saltar.
Juan nunca dormía siesta. Vagabundeaba. Los otros a la cama y chito. Pero él, pescaba con una rama y el hilo sisal colgando, carne en el anzuelo, lombriz o nada. El arroyo quedaba a poco de la verdulería de su abuelo. Llevaba una bolsa de mandarinas y una lata vacía.
-Se divierte barato, déjenlo ¿a quién molesta?, decía el abuelo recostado en el sillón de mimbre.
-¿Me acompaña Nono? Dele, no hace calor, ni hay mosquitos le juro, no hay. Venga conmigo…dele Nono.
Nunca iba desde hacía rato, igual se dejaba rogar.
Un día el abuelo de Juan murió.
Lo encontraron en el mismo sillón de siempre como dormido, pero muerto.
El velorio duró tres días, correspondía entonces.

Todos fueron, el viejo era buen amigo y querido.

Con ramitos de geranios, algunas margaritas y pocas rosas se llenó de olor a flores el dormitorio.
Mal la cosa. No le gustó nada enterarse que la muerte también le llega a los seres que uno quiere.
Sin decir palabra, lloró quedo y sostenido. De vez en cuando, respiraba profundo para tragarse los mocos y seguir llorando al viejo que le contaba cuentos a la noche. Recordó la merienda, el viaje en carro al pueblo grande. El primer barrilete, la práctica de goles en el descampado. El abuelo hacía todo bien, por eso lo imitaba hasta en los eructos.
-No, no quiero- Contestó a la fuente de pastelitos que le ofreció una vecina con cara de circunstancia.
Y le llegó el tiempo de pañuelo a la manga del saco. Por fin, extenuado, sentado en el piso frío se durmió unas horas. Se despertaba de a ratos, podía verle asomar la nariz al Nono envuelto en puntillas. Para acercarse no le alcanzó el coraje, pero él lo veló los tres días sin aflojar.
Cuando llegó el momento de ir a la capilla, fue a peinarse.
Lavó su cara trigueña y vio al Nono en el espejo.
Se frotó los ojos. El rostro seguía puesto en medio del óvalo con marco de madera.
-¿Sos vos Abuelo?- dijo temblando a la imagen tan querida.
- Claro, soy yo. No llores, ni pienso irme. Serenidad amigo. El abuelo se queda con usté ¿sabe? Deje de llorarme. ¿No escucha que le hablo? Ya me llevan, pero le propongo algo…
-¿Qué cosa?, dijo entre sollozos.
-¿Qué le parece si nos encontramos en el arroyo? No vayamos al cementerio, lo invito a pescar.
Y salió Juan del baño bien peinado con los ojos chiquitos, rojos.
Con la ramacaña, tarro y pantalón arremangado, pasó delante de todos.
-¿A dónde vas nene?, dijo su madre.
Salió de la casa sin responder. Lo llamaban, él ni se dio vuelta.
Sus patitas de palo sabían correr muy bien. Esa tarde parecían volar.
El abuelo iba a la par, flotando.

V.C

57. Sun/Lo suave (Lo Penetrante , El Viento)

Posteado en Del I Ching -El Libro de las Mutaciones- sobre Mayo 4, 2008 por sentires

“…Lo oscuro, de por sí rígido e inmóvil, se ve disuelto por la penetración del principio luminoso, al que se subordina con suavidad y dulzura. En la naturaleza lo que dispersa las nubes acumuladas y da lugar a una serena claridad del cielo, es el viento. En la vida humana,  se trata de la penetrante claridad del juicio que aniquila todas las sombrías segundas intenciones. En la vida de la comunidad es el poderoso influjo de una eminente personalidad que pone al descubierto y dispersa todas las maquinaciones que huyen de la luz.”

Oda a la Noche

Posteado en reedición sobre Mayo 1, 2008 por sentires

Espera agazapada que transcurra el día como cazador atento a la presa.
Le permite explayarse, mientras la luz se consume de hora en hora
Que luzca su algarabía el día.
Que se vanaglorie del poder indudable de evidenciarlo todo. No hay misterio. Nada se adivina.
Ella goza, mira de lejos y como pirata calculando el próximo botín, espera.
Es paciente. No tiene prisa. Todo llega.
Nacerá en medio de rosados, violáceos y amarillos, la antesala.
Y cuando del horizonte ya no queda más que una línea de brillo, es su turno.
Envuelve aunque aflige a cuanto se esfuerza por permanecer.
Ahí está, desplegando el telón. Miríadas de soles. Todos se muestran. Salen a escena diamantes, cuarzos como pendientes del firmamento.
¿Quién es ahora poderoso?
¿Quién puede arrogarse el privilegio de millones de ojos contemplándolos?
Rostros al cielo, miradas de ojos abiertos escudriñan y señalan fascinados.
Dime..¿Quién?
¿El Día, con su Sol que hiere, el que no da lugar más que a fruncir el ceño?
O la Noche, con sus millones de soles frios, titilantes.
No abraza, acompaña. Contiene. No hay nada más allá que ella misma, para ser admirada.
La Noche susurra mientras que el Día, clama.
Serena el cuerpo, alerta la mente. Tiempo de crear, de amar, besar. Soñar.
La Luna se presta y refleja. Tenue luz.

Oda a la Noche
Posteado en Volver a Ser sobre Agosto 12, 2007 por sentires

In Decisiones

Posteado en Amores perdidos sobre Abril 29, 2008 por sentires

De alguna manera se lo diría. De esa noche no podía pasar porque ella ya estaba sospechando, lo notaba en su mirada penetrante. Ese brillo particular con el que se culpa al otro como con el índice. No quería más guerra silenciosa. Se lo diría.
Julia era una mujer aguerrida, fuerte, inquebrantable como el acero. A veces pensaba que no era una mujer en realidad, se le ocurría una suerte de especie robotizada, alienígena.
Odiaba estos pensamientos pero no los podía evitar.  A continuación esbozaba involuntariamente, una media sonrisa. Se imaginaba a la suya como una mujer gris. Gris metalizado con ojos de vidrio. No la quería. Nunca la quiso. Tenía buen culo, buenas tetas. Nada más. Y era inteligente, eso sí. Hablaba tres idiomas, muy culta, abordaba cualquier tema y lo seguía con acierto. Buena madre. Limpiaba bien y cocinaba riquísimo. De lo demás nada.
Durante las vacaciones hacían bien el amor, no. En realidad no hacían el amor. Cogían, fornicaban como perros. Pero solo en vacaciones. Luego siempre tenía un ataque de prolijidad. Que en el baño no, que nos escuchan los chicos, que cuidado las sábanas que son de cien hilos, que por ahí no. Que eso ni sueñes.
Ma’sí ¡no hagamos nada che!
Por momentos creyó que estaba gozando de las circunstancias, disfrutaba en cierto modo del peligro de ser visto por la calle con la otra, en un cine, entrando al hotel, caminando por la costanera, recorriendo el puerto, deteniéndose en un semáforo con un beso que duraba hasta el próximo rojo y todos atrás tocando bocina y ellos, como si nada.
Alguien podría estar mirándolos, Y a él, ¿le importaba?
No. Ah bueno, entonces seguimos, no importa nada.
Y entonces ¿Por qué debía decirle? ¿Qué apuro tenía? ¿No podía esperar unos días más?
Sí, eso haría, esperar.
Pero mientras tanto le hablaba por décima vez en la tarde.
-Hola ¿todo bien?
-Si ¿a qué hora regresas?
-En un rato.
-¿Te pasa algo?
-No. ¿por?
-Pregunto.
-¿Qué cenamos hoy?
-Pastas.
-¿Los chicos?
-Deben estar por llegar ¿estás manejando?
-Si ¿por?
-Porque no deberías hacerlo, por eso.
-Bueno, corto. ¿Un beso?
-Un beso pero ¿qué te pasa?
-Nada mujer. Hasta luego.
Plancha bien sus camisas, por otro lado es buena en la economía. Sus amigos la quieren mucho pero eso qué importa, si al momento de quedarse solos estaba sólo con ella. Y con esa mujer no quería pasar el resto de sus días.  ¿Qué resto tenía? ¿Alguien lo sabe? No era importante cuántos días, sino cómo pasaría esos días, con qué ganas de vivirlos. Y así desde hacían ya veintitrés años y cinco meses, doce días y ocho horas…Sí se lo diría, esa misma noche. No iba a esperar ni medio segundo más.
-Mirá Julia, me enamoré de otra mujer y pienso irme a vivir con ella en cuanto salga de esta casa y te pido por favor no me hagas escenas, no me llores ni me preguntes nada porque estoy decidido y no daré marcha atrás.
Y ella ¿qué dirá?
Nada. Tal vez llore. No! ¡Qué va a llorar! Sí, puede ser que llore.
-Así es la vida, le diré, mientras unos ríen a otros les toca llorar. ¡No! Cómo le voy a decir semejante barbaridad. Eso no, pero sí le diré que podría ser peor. A otras mujeres les va muy mal en estas cosas, sufren porque se dan cuenta de todo durante mucho tiempo y no pueden decir nada porque nada es tan evidente, claro, eso mismo. Así.
-¿Te parece que es la mejor manera? Responderá con tono suspicaz –si la conoceré-
-¡No la hagas más difícil! No sé de otra forma.
-Pobre. Bueno, juntá todo lo tuyo y te podés ir, mañana veo a mi abogado para iniciar los trámites de divorcio. Tranquilo, todo está bien.
-¡Cómo a tú abogado! ¿Desde cuándo tenés abogado vos y yo ni enterado?
-Querido (silencio, suspira, respira profundo mira para otro lado)
-¡Te hice una pregunta! (Ya me estoy enfureciendo)
-Desde que pienso decirte lo mismo que hoy dijiste vos, me ganaste de mano amor.
-¿Qué? ¿Tenés un amante? (ahora grito con tono entre suplicante y amenazador)
-Sí, lo tengo.
-¡Cómo podés decirme semejante barbaridad con esa cara! ¡Infeliz!
-No creas, soy muy feliz con él. Pero por favor querido, no perdamos más tiempo en detalles intrascendentes. Prepará tus cosas, yo te ayudo.
-¡No necesito tu ayuda! Te aviso que los chicos se quedan conmigo.
-Pensaba pedírtelo, nos vamos el mes próximo a España con mi pareja. Es un alivio que ya lo tuvieras decidido esto de quedarte con los niños. Bueno amor, salgo. Llegaré para el desayuno de mañana. Besitos (dice tirándome uno de lejos)

Yo me muero si pasa esto, me muero, la mato, me mato yo. La extrangulo, la corto en pedazos y los meto en una bolsa la tiro al río. La mato la mato. La odio.
De ninguna manera permitiré esto. Yo no le digo nada.
¿Le voy a dar yo a la oportunidad? De ninguna manera ¿Creerá que soy estúpido?
Nada, ni una palabra diré.

-Hola, llegué. ¡Julia Amor ¿dónde estás?
-Hola, aquí estoy ¿Qué te pasa que estás tan demandante querido?
-Nada, te extrañé, sólo eso (Y la abrazo hasta dejarla asfixiada de amor)

Sí, eso haré.
¡Qué alivio! Resuelto el conflicto, me tenía mal.
Mañana termino con Laura.  La relación se está gastando. No va más.

V.M.C.

En hexagrama 43 “El Desbordamiento” (La Resolución)

Posteado en Del I Ching -El Libro de las Mutaciones- sobre Abril 27, 2008 por sentires

“La mejor manera de combatir el mal es un enérgico progreso en el sentido del bien.”

Para una versión del “I King”

Posteado en De otros sobre Abril 27, 2008 por sentires

El porvenir es tan irrevocable

Como el rígido ayer. No hay una cosa

Que no sea una letra silenciosa

De la eterba esxcritura indescifrable

Cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja

De su casa ya ha vuelto. Nuestra vida

Es la senda futura y recorrida.

El rigor ha tejido la madeja.

No te arredres. La ergástula es oscura,

La firme trama es de incesante hierro,

Pero en algún recodo de tu encierro

Puede haber una luz, una hendidura.

El camino es fatal como la flecha.

Pero en las grietas está Dios, que acecha.

Jorge Luis Borges

Querer amar, poder odiar

Posteado en De los Dioses sobre Abril 24, 2008 por sentires

Mi boca se abrió enorme, como gruta tenebrosa de la que asomaban serpientes y monstruos horribles, tanto como los insultos que lanzaba, más que fuego y lava, más dolorosos que piedras a la cara.
Comprendí entonces cuánto odio había acumulado en esos días, qué clase de hiel fue envenenando mi alma. Un demonio se había apoderado del cuerpo que creía mío. En ese momento, no podía pronunciar ninguna palabra coherente. Salían de mi boca insultos atroces. Nunca me escuché semejantes improperios, fue deleznable, indigno, mediocre, ordinario y a pesar de ello, no resultaba suficiente.
Debía hacer algo más fuerte, algo que doliera más…Con qué pegarle.
Miraba con cara de loco desquiciado a mi alrededor, buscaba un palo, algo que lastimara con heridas mortales ese cuerpo. Me sentí un niño, el gesto era infantil y un sentimiento de autocompasión me invdió cuando con asombro vi que en mi mano, el deseo, había dejado una espada.
Quería y debía matar a mi Maestro. Al mismo hombre que endiosé al mismo que amé hasta ayer, hoy quería matarlo de segunda muerte, ver rodar su cabeza ante mí… No encontraba forma de perdonarlo ni la buscaba. Debía matarlo. Lo odie tanto como cuando lo amé, así profundamente, sin medida, así lo odié y necesitaba que lo supiera. Desee mirarlo a los ojos, adentro mismo de sus ojos celestes, tan sencillamente amorosos como ahora me resultaban fríos y crueles.

“Es por eso que te busqué. Crucé el valle de muertos sólo para encontrarte, hice todo el camino gritando tu nombre y traje conmigo esta espada que ves para clavarte en ella por traidor, ruin y miserable. Actuaste sin amor, te burlaste de mi, usaste el poder que te otorgué para endiosarte y desde allí violaste su inocencia, imbécil hombre común que te dejaste hacer dios por tantos como yo, crédulos…idiotas, incapaces”

Desperté de esta pesadilla, agitada, temblorosa. Encendí la luz que ayudó a ubicarme: Estaba en casa. Respiré más pausado, fui reconociendo los cuadros, la cortina, miré mis manos, las restregué una con otra, las pasé por mi cara…Era yo misma, el otro salvaje quedó en mi sueño.
El miedo fue mayor al levantarme. El pie descalzo y sucio de barro que asomó de entre las sábanas, logró despertarme del todo.
-¿Cómo llegó este barro hasta mi cama, cómo? ¿Por dónde he caminado? ¡Dios…mi sueño! En él yo corría descalza.
Era el hombre. Y llevaba una espada en la mano.

V.C

Piedra sobre Piedra

Posteado en Imágenes. sobre Abril 15, 2008 por sentires

Caminamos por pasillos angostos, tanto que apenas pudimos cruzarlos de frente sin ladearnos, por milímetros entraban nuestros hombros en su anchura. Escarpados muros milenarios nos miraban con cierta indiferencia y cual microbios, nosotros extasiados ante la imponencia indescriptible, avanzamos.
De reojo controlábamos que el otro siguiera allí. Cada tanto, uno abría la cantimplora de aluminio y el agua fresca nos corría por la garganta disfrutándola como si nunca hubiesemos bebido algo tan especial. Acomodamos los anteojos, secamos la frente y espantamos algunas moscas verdes, tal como nos sugirió el conserje de la hostería. Ya tenía hambre sueño, cansancio, sed…insolación. Mojaste el pañuelo y lo acomodaste alrededor de mi cabeza poniéndome luego el sombrero de lona. Algo mejor estaba pero, tenías razón. Cuando lo compré dijiste que esto aquí no serviría para nada. Y ya estaba por comentar esta tontería que pensaba cuando, de pronto, apareció como contorneado por la fantasía.
Ahí estaba, se erguía como nada antes lo hizo.

Hablar de majestuosidad es poca palabra. Dudo que con alguna podamos describir la intensidad de latidos que iniciaron nuestros corazones y la emoción hasta las lágrimas que la imagen nos provocó. Nunca pudimos describir estas sensaciones.
De regreso comprobamos que cuando queremos contar lo que vimos juntos, en lugar de pronunciar palabra nos miramos a los ojos. Con ese gesto y la sonrisa que a continuación se nos dibuja, es suficiente.
Más no podemos hacer. Sólo recordar Petra al unísono y en silencio.
V.M.C